Estrés, enemigo oculto


Sin duda cualquiera que lea este artículo ha sentido estrés recientemente, pero no por ser un fenómeno conocido y ampliamente difundido, deja de tener consecuencias e impacto en nuestra calidad de vida, no debemos dejar que se instale como un elemento propio de nuestra cultura de trabajo.
Esa sensación de cansancio y agotamiento que muchas veces no comprendemos principalmente los que trabajamos en oficina, se debe a que sin importar la intensidad del estímulo el estrés origina un proceso fisiológico repetitivo, que desgasta nuestra energía corporal, no es necesario un gran acontecimiento para producirlo, basta que el ambiente laboral tenga una cierta carga de tensión para que este círculo se reproduzca, por ejemplo, una discusión con un jefe o compañero, preocupación por un ascenso que no llega, salarios que no se ajustan a nuestro nivel de endeudamiento, etc, etc.
Lo que no debemos olvidar es que esto produce un daño real en nuestro físico y nuestro cuerpo puede terminar enfermo.
Es importante distinguir que la misma situación estresante no afecta a todas las personas de la misma manera, y esto principalmente se debe a que hay una correlación entre los efectos perjudiciales del estrés y el grado de satisfacción que procura la realización de un trabajo. En este punto debemos recordar las diferencias entre el estrés positivo y el negativo.
Es por este motivo que los profesionales de recursos humanos debemos influir para lograr condiciones de trabajo mejores a fin de no crear un terreno fértil a nuestro silencioso enemigo. 

Entre varios factores estresores y siguiendo a D.P. Schultz, podemos distinguir:

La sobrecarga cuantitativa es aquella que hay mucho trabajo y se dispone de poco tiempo para hacerlo.

La sobrecarga cualitativa no consiste en demasiado trabajo, sino en la dificultad excesiva del mismo.

El cambio al que nos someten las actuales reglas del mercado.

Para muchos empleados la evaluación del rendimiento representa una gran fuente de estrés.

El conflicto de papeles, que se presenta cuando existe disparidad entre las exigencias del puesto y los valores personales.

El contacto con personas estresadas suele ser contagioso, por lo que mejorar situaciones individuales, redunda en un beneficio colectivo.

Las soluciones tienen una doble vertiente por un lado hay soluciones que pueden realizarse desde la empresa y otras que le corresponden al individuo.

Entre las primeras podemos destacar:

– Creación de un clima de aprecio y reconocimiento a la dignidad personal, permitiendo participar en la toma de decisiones que afectan a su puesto, lo que favorece la adaptación al cambio.

– Aumentar el apoyo social favoreciendo la cohesión de los grupos de trabajo, y la función de los supervisores como personal de apoyo y servicio.

– Redefinir los papeles de los empleados, para que cada uno sepa lo que se espera de él y las tareas o responsabilidades que deben cumplir.

– Eliminación del exceso y la insuficiencia de trabajo, mediante una buena selección, adiestramiento y ascensos.

– Tratamiento para los empleados que lo padecen, desde la terapia individual, hasta sesiones de yoga o masajes.

Como hemos visto, hay que empezar a ser conscientes que nos encontramos ante un viejo enemigo, que va mutando rápidamente su apariencia, por lo que puede circular en nuestras empresas con muchas caras y quizás no lo reconozcamos a la primera, entonces la medida más efectiva es mantener cerrada la puerta, generando entornos de trabajo saludables.


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