La Facultad de Ingeniería y el Uruguay productivo

Entrevista a Ismael Piedracueva. Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Montevideo.

"Si desde el Estado se define que Uruguay pretende ser un país productivo, la ingeniería tiene mucho para decir y hacer”. Con esa idea Ismael Piedra-Cueva asumió el decanato de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República en Montevideo, Uruguay. Propone incorporar la formación empresarial para que los ingenieros encaren sus propios emprendimientos y avanzar en el trabajo de la institución junto a las empresas.
Ingeniero Piedra-Cueva, usted está casado y tiene dos hijos, de 15 y 10 años; está viviendo en Montevideo desde 1996 cuando volvió de Francia tras completar sus estudios de doctorado. Justamente, a propósito de estudios y de presentarlo rápidamente, usted se graduó de Ingeniero en Recursos Hídricos en la Universidad Nacional del Litoral, Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas, de la Provincia de Santa Fe, y luego revalidó su título en la Universidad de la República. ¿Por qué estudió en Santa Fe?

ISMAEL PIEDRACUEVA:
Yo provengo de una familia de exiliados, en la época de la intervención militar mi familia se exilió en Argentina, más particularmente en Rosario, y de allí que haya realizado mis estudios secundarios y universitarios en Argentina.

EC – Después, entre 1993 y 1996, realizó un doctorado en la Universidad Joseph Fourier, en Grenoble, Francia; obtuvo un título doctoral en “Mecánica de los medios geofísicos y su medio ambiente”. ¿De qué estamos hablando exactamente?

IP – Se refiere a la mecánica de los fluidos por oposición no industrial sino referida a los fluidos del medio ambiente, agua, aire en definitiva, pero no desde la óptica industrial sino desde la óptica ambiental.

EC – Si no me fallan los cálculos, usted ya había terminado su doctorado con 35 años.

IP – Sí, aproximadamente.

EC – No es algo muy frecuente.

IP – No es muy frecuente a la escala uruguaya, a nivel internacional es una edad bastante madura ya. Cuando yo comencé mis estudios era claramente el mayor de la generación.

EC – ¿Cómo fue la adaptación al regreso, cómo fue pasar de la vida de estudiante en el exterior a instalarse en Uruguay, un país donde ser académico no es necesariamente un buen negocio? ¿Por qué resolvió volver?

IP – Esas preguntas no son sencillas. Pero en definitiva mi familia y yo ya habíamos pasado una experiencia similar, en el año 1990 habíamos estado viviendo en Inglaterra, en Oxford, prácticamente un año también realizando actividades académicas. En esas instancias también se generaron distintas oportunidades de quedarse en Inglaterra, pero decidimos volver porque era el compromiso que habíamos tomado. El Instituto de Mecánica de los Fluidos en ese entonces tenía una actividad muy importante, muy pujante, y los recursos humanos, como en todos lados, son el motor de la actividad. Entonces en ese momento fui a prepararme en una determinada temática, que en definitiva después dio origen a mi tesis doctoral, y regresamos al país, pero ya definimos planes de terminar el doctorado algunos años después, y por eso en 1993 nos fuimos a Francia y 1993-1996 fue el período durante el cual realicé el doctorado.

De la misma manera tenía pautado retornar. Mi aspiración no era quedarme a vivir en Europa sino volver al país, consciente de las dificultades que eso genera. Sin embargo, por un tema de políticas realizada en ese instituto, el hecho de haber desarrollado varios años antes actividades fuertes de investigación y de relacionamiento en la Facultad de Ingeniería, me permitía tener un vínculo muy sólido, de modo que a mi regreso ya había condiciones para insertarme en proyectos o actividades que el instituto estaba desarrollando en ese momento. Eso de alguna manera facilita, porque cuando uno regresa quizás los primeros dos o tres años está buscando acomodarse porque es muy difícil acceder a fuentes de financiamiento y más difícil aún acceder a cargos, entonces el drama de la gente que hoy retorna y no tiene un cargo es justamente ese: encontrar algo para tener un sueldo estable por algunos meses.

EC – Desde 1999 es profesor titular grado 5, en régimen de dedicación total, y desde mayo de 2004 es director del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental de la Facultad de Ingeniería.

Para muchos de nuestros oyentes esto de "Instituto de Mecánica de los Fluidos" es un gigantesco misterio. En todo caso alguno puede haberse acercado a qué es eso si alguna vez anduvo por el edificio de la facultad del lado de la playa Ramírez y se encontró con algunas instalaciones de hormigón que quedaron a la vista durante varios años y que habían sido usadas para proyectos de investigación. ¿Por qué no les cuenta a los oyentes de qué se ocupa ese instituto, y sobre todo algunos ejemplos concretos de investigaciones en los que ha trabajado en estos años, que tienen mucho que ver con la realidad uruguaya?

IP – El Instituto de Mecánica de los Fluidos se funda en el año 1986 y tiene como su antecedente directo el antiguo Instituto de Máquinas, cuyo director fue el ex rector Óscar Maggiolo, que era un hombre que se dedicaba a la hidráulica, a la mecánica de los fluidos, tanto desde el punto de vista civil como desde el punto de vista mecánico. En ese momento un nombre amplio, que no limitara la hidráulica más tradicional, era justamente la mecánica de los fluidos, en una visión si se quiere muy grande de los fluidos e incorporando la noción de ingeniería ambiental.
El antecedente fuerte del gran proyecto fue el estudio que hizo el ingeniero Maggiolo… Hay dos grandes estudios, uno sobre la propagación de las ondas de crecida sobre el río Uruguay, con base en el cual se hizo un modelo físico gigantesco en el exterior de la facultad, que se vio durante muchos años desde el Parque Rodó y luego fue demolido; y otros estudios, como los producidos por las erosiones en Rincón del Bonete en 1959, porque durante la gran crecida hubo grandes problemas erosivos y la facultad hizo algunos modelos y algunos estudios vinculados a ese proyecto en particular.

EC – ¿Y ahora más recientemente y con usted al frente, por ejemplo?

IP – De ahí en adelante debemos tener al menos 200 proyectos en los cuales el instituto ha participado en la temática vinculada con el sector social. Proyectos que estamos ejecutando actualmente, por ejemplo el instituto está trabajando en un proyecto muy interesante con la Intendencia Municipal de Montevideo destinado a diseñar y optimizar el punto de descarga del emisario oeste, que es un emisario que iría en paralelo al emisario de Punta Carretas. La Intendencia está estudiando desde hace algunos años su punto de ubicación. Ya tenemos dos o tres años en esa actividad que es muy interesante.

Pero hay un sinnúmero de temas. Por ejemplo hay un grupo que se dedica a la parte ambiental del viento, la facultad tiene un túnel de viento muy importante a escala de América Latina donde se hace todo tipo de ensayos de edificios, de formaciones, de estructura, pero también hay temas vinculados con la variabilidad climática, estudios hidrológicos para predecir cultivos, por ejemplo para el sector arrocero, cuáles son las previsiones de precipitación de aquí a seis meses, si va a haber que regar mucho, si va a haber déficit de agua. Es enorme la cantidad de actividades que hay.

EC – ¿Le sorprendió el nombramiento como decano, sobre todo un nombramiento con unanimidad?

IP – Sí, realmente me sorprendió. Todo el proceso se desarrolló en forma relativamente rápida y tuvo su impacto, no estaba tan preparado para asumirlo, sobre todo con un apoyo tan grande. No sé si hubo unanimidad, porque creo que un miembro del Claustro de la facultad no fue, pero fue casi por unanimidad. Eso genera una responsabilidad muy alta. Ya de por sí la Facultad de Ingeniería es una institución de mucho peso socialmente y dentro del mundo universitario, ya de por sí hay una gran responsabilidad, pero tanto apoyo obliga a mayores responsabilidades aún.

***

EC – A partir de la responsabilidad que una designación con estas características implica, ¿qué es lo que usted se propone? ¿Cuáles son sus planes a grandes rasgos, para después entrar en temas concretos?

IP – Hay problemáticas de muy diverso calibre. A gran nivel el país está iniciando un proceso significativamente distinto del de los años anteriores, por lo cual hay una expectativa de desarrollo, desarrollo social, desarrollo productivo. En la medida que desde el Estado se define que Uruguay pretende ser un país productivo, la ingeniería tiene mucho para decir y fundamentalmente tiene mucho para hacer. La Facultad de Ingeniería ya viene haciendo desde hace unos 15 años, cuando el decano Luis Abete tomó el decanato después de la intervención, ya se marcaron líneas de vinculación con la sociedad, pero aun así hay una gran actividad para hacer.

Desde un punto de vista conceptual mi preocupación es que la Facultad de Ingeniería en la actualidad forma ingenieros, forma profesionales, pero claramente no ha acompasado el objeto de esa formación con una política de Estado a nivel nacional de para qué se requieren esos profesionales.

EC – ¿Puede desarrollar un poco mejor esta idea?

IP – Durante muchos años el principal lugar de inserción de los profesionales era el Estado, el ingeniero salía, egresaba y esperaba a ser incorporado a una empresa estatal o privada, o a lo sumo a trabajar para terceros en forma dependiente.

EC – Es más, durante la propia carrera ya había buenas posibilidades de empleo como ayudante de ingeniero en los entes autónomos; por mencionar un caso, y no sólo en los entes autónomos, también en la administración central, etcétera.

IP – Eso fue lógico durante todos esos años, en ese período durante el cual el Estado desarrolló una política de obra pública tremendamente fuerte, con una gran presencia, entonces tenía su lógica que los profesionales se incorporaran a esa gran estructura. Pero hace muchos años que dejó de ser así, el Estado cambió drásticamente su política, sin embargo la formación no acompasó ese cambio de política general que ha habido respecto de la inserción de los profesionales. El Estado ha sufrido una reducción muy significativa y por ahora no hay indicios claros de que eso se vaya a revertir. Entonces se llega a la paradoja de que después de cinco, seis, siete años de estudios, tras los cuales uno se imagina que los profesionales tienen un bagaje de conocimiento y una cantidad de herramientas muy importantes con relación a las que tenían cuando iniciaron su actividad, pero tienen un estado de orfandad total, si no viene una empresa, alguien que les diga: “Señor, venga a trabajar con nosotros”, esa persona está desvalida, de alguna manera se refleja que ha cambiado la política general de mano de obra.

Entonces la facultad se debe una discusión sobre cómo redireccionar la formación de los ingenieros incorporando el concepto de cuál es la estrategia país que se quiere en este nuevo período. Y la Universidad debe adecuar la formación de sus profesionales en alguna medida a esas grandes líneas.

EC – En términos prácticos, ¿qué podría implicar eso?

IP – Podría implicar, por ejemplo, que a la formación de los ingenieros se le incorporase formación empresarial, formación en manejo de negocios.

EC – ¿Hoy no la tiene?

IP – Se ha iniciado. Durante el decanato de la ingeniera Simón se creó un Departamento de Inserción Social del ingeniero que podemos potenciar más aún y en ese ámbito incentivar la formación, para las personas que lo deseen, de aspectos más empresariales, de manera que los ingenieros cuando egresen tengan elementos que les permitan desarrollar actividad independiente a nivel empresarial. El caso más típico es el de la gente del área informática, que claramente, sin que nadie le haya enseñado nada, de alguna manera se ha adecuado a la nueva situación y tiene una industria independiente muy significativa, a tal punto que los niveles de exportación de la informática representan un rubro de mucha importancia para el país.

EC – Como usted mismo acaba de poner de manifiesto con este ejemplo, este problema no es sólo de formación, no sólo de conocimiento; también es un tema de actitud del profesional que egresa de la Facultad de Ingeniería. ¿Eso se puede educar? ¿La actitud se puede educar? ¿Se puede educar para que ese ingeniero que egresa o que está por egresar tenga iniciativa como para constituirse él mismo en generador de sus propias oportunidades de trabajo, las suyas y las de otra gente, es decir generador de puestos de trabajo?

IP – Como alguien dice: si hay un ejemplo de que es posible quiere decir que es posible. En este caso la gente de informática ha demostrado que es posible, que no es genético.

EC – ¿Pero la facultad misma puede hacer algo en esa dirección?

IP – Puede contribuir, porque incluso en la formación en el área informática, que es el área de referencia, en la cual los egresados tienen actividad individual, generan ellos mismos sus pequeñas empresas, los egresados son muy huérfanos, no tienen elementos, son muy pocos los elementos empresariales que tienen para acompañar su formación técnica. Se podría incorporar alguna formación complementaria para aquellos que lo deseen, de manera que cuando vaya transcurriendo la carrera ya se vaya habilitando una nueva visión. No puede ser que me formo y recién a partir de ahí tomo una nueva formación, debe ser incorporada durante todo ese proceso, porque como mucho depende de las características de cada persona, la facultad de alguna manera ahoga algunas iniciativas o algunas inquietudes que pueden tener algunos estudiantes desde esa óptica. Entonces la idea es desarrollarlo y potenciarlo.

EC – Ya hay un antecedente cercano en la Facultad de Química. De esto mismo hemos conversado con el decano Alberto Nieto, que tiene esta preocupación y ya ha puesto en marcha planes en esa dirección hace algunos años.

IP – Ellos tienen una relación bastante estrecha con la gente de Fundasol que dicta algunos cursos a la medida de las necesidades, y en paralelo está todo el tema del polo tecnológico, el polo de Pando, que ha generado un ámbito en el cual tienen una apuesta muy fuerte para la inserción de egresados y sobre todo de la gente que finaliza su posgrado.

EC – Casualmente al mismo tiempo se ha hecho público un panorama según el cual a partir del incremento de la inversión extranjera en sectores que demandan mano de obra calificada en el área de ingeniería, concretamente en ingeniería de sistemas, apareció que el mercado estaba saturado, que en ese rubro concreto la demanda estaba superando a la oferta. ¿Cómo están viendo esta parte del problema del mercado de los ingenieros desde la dirección de la facultad?

IP – Está claro que una facultad que no tenga alumnos no existe, porque no hay forma de incidir sobre el desarrollo social, sobre la transformación, si no hay una masa muy significativa. La Facultad de Ingeniería tiene una enorme fortaleza, tiene un número de interesados y de estudiantes enorme, ingresan entre 800 y 1.000 estudiantes por año, quiere decir que tenemos un potencial extraordinario; pero por una cantidad de temas, incluyendo los presupuestales y otros, tenemos algunas dificultades por las cuales el nivel de egreso no acompaña el nivel de ingreso, o sea tenemos un egreso un tanto débil.

Uno de los aspectos sobre los cuales tenemos que trabajar es la mejora de todo el proceso de formación a lo largo del cual muchos estudiantes quedan en el camino, muchos de ellos realmente con condiciones y capacidad, pero que el sistema, como es un tanto brusco porque hay una cantidad de limitaciones, expulsa.

EC – ¿Qué quiere decir? ¿Flexibilizar las exigencias, entonces?

IP – No, mantener las exigencias. Quizás sea necesario realizar alguna adecuación de algunos aspectos, pero sobre todo implementar estrategias para mejorar la formación en los primeros años, en el primero y el segundo año, que son el gran cuello de botella. Si se lograse descomprimir generando más grupos, generando mejores condiciones para que el proceso de aprendizaje sea mejor, más eficiente en esos primeros dos años, probablemente podríamos mejorar fácilmente el nivel de egreso. De las personas que pasan segundo, tercer año, prácticamente egresa el 100 por ciento, la dificultad está en los primeros dos años.

EC – Por último, en un pantallazo que necesariamente tiene que ser breve y casi en titulares a propósito de lo que la facultad en sí misma puede hacer con relación a la sociedad y el futuro del país y su desarrollo productivo, en lo que es la investigación en la facultad, en eso que usted decía que ya se ha puesto en práctica, que no es algo a estrenar, que ya existe, que es la relación con el sector privado, ¿qué novedades puede haber, cuáles tiene usted planteadas?

IP – A partir de este mes que prácticamente llevo a cargo del decanato la visión es muy auspiciosa porque hay enormes contactos con diferentes actores sociales, tanto con algunas empresas estatales y municipales, en los cuales se está abriendo una cantidad tan enorme de canales, se están volcando tantas inquietudes a la Universidad, en particular a la Facultad de Ingeniería, sobre una cantidad de temas tan impresionante, que hay un abanico enorme de posibilidades de actividad. Lo cual nos genera un desafío muy grande porque es muy difícil retener los recursos humanos que están en condiciones de realizar ese tipo de actividad y de apoyo a las demandas sociales.

EC – ¿Cómo es esto?

IP – El caso de la ingeniera Simón, por ejemplo, que se la llevan del sistema universitario. Claro, tiene un rol muy importante para realizar.

EC – Es la nueva presidenta de Antel.

IP – Es la nueva presidenta de Antel. Y hay otras personas que son extraídas del sistema universitario para ocupar puestos importantes en el sistema de gestión nacional, que claro, son recursos humanos especializados con que la facultad cuenta para realizar actividades. También las universidades privadas tientan facialmente a profesores de la Universidad de la República porque el nivel salarial es mejor. Es muy difícil retener a esas personas. Con esa dificultad se merma un poco la capacidad de ejecución que la facultad tiene. Ese es el cuello de botella más importante que tenemos en la actualidad.

EC – ¿Y cómo lo sortean?

IP – El sistema universitario tiene instalado un sistema que permite pagar algunas compensaciones salariales a los docentes que participan en proyectos, y eso es un paliativo. Pero es una dificultad, porque las personas con formación que se van de la Universidad no son sustituibles en forma inmediata, sino que hay un proceso de unos cuantos años. Estamos sobrellevando la situación de la mejor manera posible, pero no hay una solución clara si no hay un incremento de los salarios en forma clara.

EC – El desarrollo de los convenios con instituciones públicas y con empresas privadas, ¿no permitiría una inyección de recursos para sortear ese obstáculo?

IP – Así es, eso es lo que hasta ahora de alguna manera ha permitido consolidar grupos muy importantes dentro de la facultad, esos ingresos extrapresupuestales. En la actualidad la facultad por todo orden de cosas prácticamente percibe un 20, un 25 por ciento de su presupuesto total de recursos extrapresupuestales obtenidos a través de convenios, proyectos, cursos.

EC – Pero no alcanza.

IP – No, no alcanza. Imagínese la infraestructura informática de una institución que tiene 7.000 estudiantes, 700 docentes, el costo de mantener una red de computadoras funcionando para la gestión es enorme y desde el punto de vista presupuestal no es suficiente.

***

EC – Eduardo, que llama desde Minas, dice que le manda un saludo y que faltó decir que usted es de allí, de la capital de Lavalleja, y que además juega muy bien al básquetbol. ¿Está bien?

IP – Jugaba.

EC – Hay otros saludos, hay uno de Lucía, también de Minas. Por lo visto en aquella zona lo recuerdan con especial cariño.

Referencias, créditos & citaciones APA: www.losrecursoshumanos.com. Portal especializado en temas de RRHH con más de 8000 artículos a la fecha. Título del artículo: "La Facultad de Ingeniería y el Uruguay productivo". Fecha de publicación: 05/03/2008. Autoría del contenido: LosRecursosHumanos.com. Obtenido el 28/11/2021, desde la url: https://www.losrecursoshumanos.com/la-facultad-de-ingenieria-y-el-uruguay-productivo/

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