Calidad de vida es calidad de trabajo y viceversa


Introducción
Si bien el consumo de alcohol y otras drogas es una práctica que ha estado presente en la vida de las personas durante la mayor parte de nuestra historia, es real que en los últimos años su uso ha ido adquiriendo dimensiones preocupantes, con características de pandemia y considerable baja en las edades de inicio exploratorio.
Es imposible que esta dinámica social no se traslade a los escenarios laborales, por cuanto estos ámbitos están conformados por personas que proyectan en ellos sus alegrías, sus preocupaciones y sus hábitos, contaminando la realidad laboral.
El consumo de alcohol y/o drogas por parte de los trabajadores afecta absolutamente todas las instancias de la organización, del individuo, de la familia y de la sociedad.

La promoción del consumo
El alcohol en particular es una de las drogas más antiguas conocidas por el hombre y, para muchos, la más empleada. Una de las características que más nos iguala a los seres que habitamos este planeta es que su uso y abuso no distingue países (en desarrollo o desarrollados), regiones, razas y culturas. Lo ingieren cada vez más personas y crece la cantidad consumida per cápita. A su vez,  asistimos a la aparición en el mercado de mayor variedad de bebidas alcohólicas, con aumento de la promoción de mezclas cada vez más explosivas. Celebraciones, comidas, festejos, ocio, negocios, trabajo; toda nuestra sociedad parece estar impregnada por una cultura alcohólica que ha pasado a formar parte de nuestro folklore.
En algunos bares de Rosario es cada vez más promocionado el “after office”, donde hacen una parada los trabajadores luego de cumplidas sus tareas y previo regreso a casa. Aproximadamente a las 19.00 hs acontece el “happy hour” ( 2×1 de tragos). En ciertos casos esta actividad va modificando costumbres, por cuanto estos trabajadores comienzan a llegar a sus casas más tarde de lo habitual, y en ocasiones continúan con actividades celebrativas después de haber hecho una “buena base”, alargando su día en detrimento de su descanso reparador.

 
Algunos números que dan cuenta de nuestra realidad:
»  Más de un millón de argentinos consumió marihuana al menos una vez en su vida y  otros 400.000 cocaína, de acuerdo con una investigación del Instituto Nacional de  Estadística y Censos (INDEC).
» Según la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T) el 70 % de los consumidores de alcohol y otras drogas tienen trabajo.
» El responsable de la Oficina de Prevención y Lucha Contra la Drogadicción de las   Naciones Unidas para el Cono Sur, destaca que el 10 % de los trabajadores se droga, y que este número se incrementa si tenemos en cuenta el consumo de alcohol.
» La Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires (SADA) en su informe publicado en diario Clarín  (23/05/05) destaca que la droga y el alcohol son responsables directos e indirectos del 37 % de los accidentes de trabajo.
» En otro informe esta misma subsecretaría (SADA) expresa que las tasa más altas de abuso de alcohol se sitúan en los grupos que tienen entre 18 y 25 años de edad. En este mismo trabajo se hace particular mención sobre el grupo de los menores de 18 años donde se refleja que 3 de cada 10 jóvenes abusan del alcohol. En última instancia los dos grupos observados podría decirse que constituyen una nueva generación de futuros trabajadores, si es que ya no pertenecen a la fuerza laboral.
» Según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo en el año 2004 se accidentaron 414.559 trabajadores, lo que representa aproximadamente 2 accidentados por minuto. Los accidentes fatales fueron 718. Hubo 70.514 accidentes más que en 2002 y por las licencias médicas de estos trabajadores se perdieron 7.748.171 jornadas de trabajo. Significa que por cada 14 trabajadores asegurados 1 sufrió un accidente laboral. Se estima que este número se duplica cuando tenemos en cuenta los trabajadores no asegurados debido a la mayor precariedad de las condiciones laborales.
 
 
Crisis económico – laboral
Los grandes cambios producidos en la economía Argentina en los años 90 afectaron directamente el mercado laboral. El Gran Rosario sufrió esas modificaciones y experimentó una de las tasas de desocupación más altas del país. La permanencia de esta tendencia durante varios años dejó a la población expuesta a una situación de desempleo estructural con devastadores efectos de exclusión social.
Esta experiencia produjo en los trabajadores un proceso profundamente desintegrador, ya que está ligado directamente a la pérdida de status social, desvalorización personal, dificultad para conservar lo que tanto costó adquirir a lo largo de la vida y el sentimiento de inestabilidad respecto del futuro de sus hijos.
Estos cambios a su vez provocaron modificaciones en las estructuras familiares, que en muchos casos transformaron los roles de varones y mujeres. Cambios en la administración del presupuesto familiar y en la división del trabajo hogareño donde el hombre tuvo que asumir responsabilidades domésticas y las mujeres en muchos casos hacerse cargo del sostén económico.
Si bien la desocupación genera depresión en hombres y mujeres, en los varones se potencia, pues la falta de trabajo pone en crisis su identidad masculina por aquel mandato cultural de ser proveedor en el hogar como muestra de su masculinidad.
La desocupación llegó a su pico más alto en mayo de 2002, trepando al 24,3 % en el aglomerado rosarino. De ese porcentaje, el grupo más desfavorecido es el constituido por los jóvenes de 20 a 28 años (28,8%).
Producto de esta crisis las consultas psiquiátricas aumentaron casi un 300% en el primer trimestre del año 2002, prevaleciendo las crisis de angustia como consecuencia del colapso económico, el desempleo y la incertidumbre en la continuidad laboral, según un informe de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).
 
 
Nuestra experiencia
Existe un imaginario social que vincula a los consumidores de drogas con: juventud – marginalidad – delito – desocupación. Asimismo se tiene una imagen muy negativa del consumidor de drogas ilegales, como alguien perjudicial para la sociedad. Sin embargo esto no tiene base real.
En particular, la idea más representativa acerca de una persona alcohólica es la de aquel vagabundo que deambula en estado de ebriedad, sin embargo este grupo es un porcentaje ínfimo en relación con la gran mayoría de alcohólicos que viven con sus familias, tienen trabajo y llevan una vida “aparentemente normal”.
El correr de los años nos enseñó que los drogadependientes no responden a ningún estereotipo social: los hay jóvenes y adultos, desocupados y ejecutivos, pobres y  con nivel socioeconómico alto. 
Lo que sí pudimos observar es una característica común muy particular, que es la tendencia de estos individuos a negar la existencia del problema, por lo tanto no suelen buscar ayuda. Lo cual dificulta la detección temprana de consumos problemáticos, y la prevención de las consecuencias perjudiciales. Generalmente son las repercusiones laborales negativas las que llaman la atención de los servicios médicos de la organización, más que la consulta voluntaria del propio trabajador.
Históricamente la detección de casos de abuso de sustancias dentro del mundo laboral estuvo vinculado a las personas con problemas crónicos con el alcohol, a las cuales se les hace embarazoso ocultar su situación. Las cosas se mantienen como están y cuando la persona con problemas sobrepasa el límite de aguante del jefe o supervisor, en el mejor de los casos se le asignan tareas en puestos tranquilos, escondidos, de menor riesgo y responsabilidad posibles, “le hacen un favor”, en otros casos “cortan por lo sano” , el despido o el “retiro voluntario”. Ninguna de las opciones resultan de gran ayuda para un individuo inmerso en esta problemática. 
Durante años nuestra práctica clínica tuvo la mirada enfocada en un solo lado de la escena laboral: trabajadores con problemas con el alcohol y otras drogas que buscaban ayuda profesional ante una situación que, en algún punto, comenzaba a molestar en su vida cotidiana.
Por un lado, las personas que necesitan modalidades terapéuticas con mayor contención, esto es, internación o centros de día de jornada completa, son individuos que con frecuencia están fuera del sistema productivo. En determinado momento de sus tratamientos, el proceso de reinserción social comprende, entre otras cuestiones  de la planificación de sus proyectos de vida, la búsqueda de empleo. En este punto aparece una gran dificultad que en ocasiones pone freno al proceso evolutivo registrado hasta ese momento: la inserción laboral no se logra, tal vez por la juventud e inexperiencia laboral, por falta de formación educativa, baja capacitación en oficios o por provenir de familias donde no transitó la cultura del trabajo (registramos antecedentes de jóvenes que constituyen la tercera generación de la familia que no atraviesa la experiencia del trabajo formal), y por muchas otras razones.
Por otro lado, las personas que se encuentran bajo tratamiento en modalidades ambulatorias, son individuos que aún pueden sostener algunas responsabilidades como por ejemplo el trabajo. Es frecuente escuchar que estas personas durante las entrevistas de admisión acusen dos grandes preocupaciones: su creciente malestar subjetivo y su percepción del riesgo de perder el trabajo. En este sentido hay que destacar que, mayoritariamente, existe una clara conciencia de los consultantes sobre las consecuencias  terribles que conllevaría la pérdida del empleo, circunstancia que puede ser visualizada como catastrófica y determinante para complicar más aún sus vidas. Aquí se puede acordar que la posibilidad de perder el trabajo actúa como buen motivador para solicitar tratamiento.
Entonces, aquellos que no están insertos en el sistema productivo, al querer incorporarse a éste encuentran grandes dificultades, que pueden derivar en frustración, desgano y en los peores casos hasta recaídas. La gente que sí tiene trabajo, está preocupada por no perderlo y de allí que organiza su vida laboral en función de una serie de laberintos (excusas, subterfugios) explotando su vena más actoral para poder disimular cuando aparece la disfuncionalidad en su tarea.
Contrariamente a la creencia de que las personas con problemas con el  alcohol y otras drogas prefieren permanecer en inactividad  podemos concertar que el trabajo funciona para ellos como para el resto de las personas que no están inmersas en la problemática como eje vertebrador y representa mucho más que un simple medio de subsistencia material. La actividad laboral organiza las estructuras sociales, es una importante fuente de satisfacción personal, proporciona status y prestigio social, ofrece identidad y brinda oportunidad para el desarrollo de aspiraciones, proyectos, conocimientos, habilidades e interacción grupal.
Las funciones positivas del trabajo son generadoras de bienestar psicosocial. Ahora bien, cuando los trabajadores hacen uso y abuso de sustancias psicoactivas puede ocurrir que el trabajo comience a ser disfuncional psicosocialmente y no suceda tal  adaptación y/o desarrollo integral del individuo. También la dificultad de trabajar o las condiciones precarias de  trabajo producen situaciones de riesgo de inadaptación laboral primero y social después.
Sostenemos firmemente que el trabajar en buenas condiciones es sinónimo de ganar  calidad de vida. 
 
A modo de conclusión
Resulta casi imposible no toparse diariamente con estas dificultades en los ámbitos laborales, mirar para otro lado no mejora la situación, las políticas persecutorias y represivas no han surtido gran efecto. Crisis económico-laborales, violentas modificaciones en las estructuras familiares, jóvenes abusadores de alcohol y otras drogas, naturalización del consumo debido al aumento de la tolerancia social, cultura tóxica, presión social, etc. Se juntaron las peores condiciones que tienen que ver con la demanda y las mejores condiciones de la oferta de alcohol y  drogas.
El problema está instalado y  es necesario intervenir anticipadamente, es de vital importancia sensibilizar y concientizar a  los responsables de las áreas de RR.HH, medicina del trabajo y/o seguridad e higiene sobre el invalorable beneficio de actuar preventivamente, para luego formar agentes preventivos.  Muchas empresas nos derivan a la institución para tratamiento a sus recursos humanos cuando éstos ya no pueden ocultar su situación. En este punto lo más   probable es que el proceso adictivo lleve varios años de evolución, con todas las dificultades de un problema cronificado y la compleja tarea terapéutica que conlleva.
Difícilmente alguien pueda pedir ayuda si no cuenta en su lugar de trabajo con un programa adecuado, que le asegure al trabajador que el blanqueo de su situación no será castigado sino abordado como cualquier otro problema de salud, y que el tratamiento de ese problema será avalado por la empresa y el gremio.
Se impone el trabajo conjunto, empresa, gremio y trabajador para poder formular políticas eficaces  en materia de drogas y alcohol, aprovechando la inmejorable  posibilidad de realizar tareas de prevención y promoción de la salud dentro del ámbito del trabajo, que se presenta como un lugar idóneo para intervenir, por cuanto existe una población homogénea, posibilidad de  ejecutar acciones a largo plazo que permiten la detección precoz y seguimiento de los casos detectados y la motivación para el trabajador que constituye hacer un tratamiento ante la posibilidad de perder el empleo.
Sostenemos desde nuestra labor y en concordancia con el repertorio de recomendaciones prácticas de la O.I.T, que los problemas con el consumo de alcohol y otras drogas se deben considerar como problemas de salud y en consecuencia tratarse como cualquier otro problema de salud en el trabajo y estar dentro del alcance de los servicios de salud.
Los problemas relacionados con el alcohol y otras drogas representan una amenaza para la salud del trabajador, y por ende, a la salud de las organizaciones. Teniendo en cuenta la salud del trabajador como valor fundamental se verán beneficiadas todas las partes involucradas: la empresa, el trabajador, su familia y la sociedad toda.
 
Bibliografía
 
□ Manual sobre Prevención de Adicciones en el Ámbito Laboral- Dr. Ernesto Eduardo González . CAPLA & UPCN  Bs. As.
□ Epidemiología de la alcoholización juvenil en Argentina. Hugo Miguez. Revista Argentina de Psiquiatría Vertex. 2003
□ Las consecuencias sociales de la desocupación en Argentina. El desempleo y sus múltiples modos de exclusión. María Gabriela Merlinsky.
□ Instituto de Estadísticas y Censo. www.indec.gov.ar
□ Repertorio de recomendaciones prácticas de la O.I.T para el tratamiento de cuestiones relacionadas con el alcohol y las drogas en el lugar de trabajo. Ginebra, 1996
□ Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires
□ La incidencia de las drogas en el mundo laboral 1996. Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. España.
□ Orientaciones sobre intervención sindical en drogodependencias. Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CC.OO) España.
Seminario Intensivo. Prevención de las Adicciones para el Ámbito  Laboral. 25/11/04. Rosario. Programa Andrés Rosario – CAPLA.


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