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Adversarios que se
convierten en socios
por William Ury. en iSUPERE EL
NO! Cómo negociar con
personas que adoptan
posiciones obstinadas
Cuando murió, un hombre
les dejó de herencia a sus
tres hijos diecisiete
camellos para que los
repartieran de la
siguiente manera: la mitad
para el hijo mayor, una
tercera parte para el
segundo y una novena parte
para el menor. Al
disponerse a repartir la
herencia no lograron
ponerse de acuerdo porque
diecisiete no es divisible
por dos, por tres o por
nueve. Por último
decidieron consultar a una
anciana sabia. Tras
reflexionar, la anciana
les dijo: "Vean qué sucede
si toman mi camello". Al
tener dieciocho camellos,
el hijo mayor tomó su
mitad, o sea nueve. El
segundo hijo tomó su
tercera parte, o sea seis,
y el hijo menor su novena
parte, o sea dos. Nueve,
más seis, más dos sumaban
diecisiete, por lo tanto
sobraba un camello, el
cual devolvieron a la
anciana.
Como ilustra la historia
de los diecisiete
camellos, hay ocasiones en
que parece no existir una
salida en las
negociaciones. Al igual
que la anciana, es
necesario cambiar de
posición y ver el
problema desde otro ángulo
para encontrar ese
decimoctavo camello.
La estrategia de
penetración puede ser su
decimoctavo camello. Con
ella puede usted subir al
balcón y observar su
negociación difícil desde
una nueva perspectiva.
Usted hace una penetración
cuando neutraliza la
resistencia de su
oponente, aproximándose
indirectamente y actuando
contrariamente a las
expectativas de él. Cuando
hablamos de penetración
hacemos énfasis en el
hecho de ser respetuoso
con su oponente - no
tratarlo como un objeto al
que hay que presionar
sino como a una persona
que hay que persuadir. En
lugar de cambiar la manera
de pensar de la otra
persona mediante presión,
usted cambia el entorno en
el que ella toma las
decisiones. Deje que el
oponente saque sus propias
conclusiones y escoja. Su
meta no es ganarle sino
ganárselo.
Para cumplir esta meta,
usted debe resistir las
tentaciones humanas y
naturales, y hacer lo
contrario de lo que tiene
deseos de hacer. Usted
debe suspender su reacción
cuando sienta ganas de
retroceder; debe escuchar
cuando sienta ganas de
responder; preguntar
cuando sienta ganas de
darle la respuesta a su
oponente; conciliar las
diferencias cuando sienta
ganas de hacer valer su
punto de vista; educar
cuando sienta ganas de
atacar.
La negociación de
penetración es difícil.
Los negociadores que
triunfan son pacientes y
persistentes. El progreso
suele llegar gradualmente.
Cada pequeña penetración
puede llevar a una mayor.
Al final, hasta las
negociaciones que parecían
imposibles pueden conducir
a un acuerdo igualmente
satisfactorio para ambas
partes.
Para ilustrar cómo se
complementan los cinco
pasos de la estrategia,
veamos dos ejemplos
diferentes: Una
negociación sobre un
aumento con un empleador,
y una negociación sobre
unos rehenes con un
criminal armado.
Negociación sobre el
salario
Imaginemos la manera como
se desarrollaría una
negociación sobre el
salario:
EMPLEADA: Señor Castillo,
¿puedo hablar con usted un
minuto?
EMPLEADOR: Elizabeth, si
es sobre un aumento de
sueldo pierde el tiempo.
La respuesta es no.
EMPLEADA: No le he
preguntado nada todavía.
EMPLEADOR: No necesita
preguntar. No hay dinero
en el presupuesto.
EMPLEADA: Pero ya pasó un
año y medio desde mi
último aumento.
EMPLEADOR: ¿No oyó lo que
dije? No hay dinero en el
presupuesto. ¿Fui
perfectamente claro?
Veamos de qué manera puede
continuar esta
conversación. La acción y
la reacción pueden llevar
a la empleada a ceder o a
enfrascarse en una
discusión destructiva que
terminaría con su
retirada. Por otro lado,
la empleada puede
suspender su reacción
contando hasta diez. En el
balcón, ella recuerda su
doble interés en recibir
un aumento de sueldo y en
mantener su relación de
trabajo con el jefe
obstinado. En vez de
discutir con él, ella hace
lo contrario y se pone del
lado de él:
EMPLEADA: Me doy cuenta de
que tenemos un presupuesto
muy apretado y que en este
momento todos estamos
sometidos a una gran
presión. No le estoy
pidiendo que saque dinero
del presupuesto para
darme un aumento.
EMPLEADOR: ¿Ah, no?
EMPLEADA: No. No quiero
darle problemas. Yo sé que
usted está haciendo lo
mejor posible por todos
nosotros, bajo
circunstancias difíciles.
EMPLEADOR: Así es. Me
gustaría tener el dinero,
pero no lo tengo ...
Entonces, ¿de qué quiere
hablarme?
EMPLEADA: Me gustaría que
me diera algunos minutos
de su tiempo para hablar
sobre cómo le parece que
estoy haciendo las cosas,
en qué puedo mejorar y qué
puedo esperar a cambio,
sabiendo que en este
momento no hay dinero en
el presupuesto.
EMPLEADOR: Bueno, supongo
que hablar no hace daño.
Venga mañana alrededor de
las diez, pero recuerde
que un aumento está fuera
de toda consideración.
La empleada todavía no ha
llegado a un acuerdo sobre
un aumento, pero
neutralizó la resistencia
de su jefe. Ella creó un
clima más positivo, en el
cual ambos pueden
negociar. En la siguiente
cita la conversación se
desarrolla así:
EMPLEADA: Le agradezco el
tiempo que se toma para
recibirme. Estuve pensando
en lo que usted dijo
acerca del presupuesto tan
apretado bajo el cual
trabajamos. Me preguntaba
si yo podría ayudar a que
ahorráramos dinero si yo
asumiera más
responsabilidades.
EMPLEADOR: Bueno, ésa es
una pregunta interesante.
Veamos ...
En vez de rechazar la
posición de su jefe, la
empleada replantea la
discusión para hablar de
cómo satisfacer las
intenciones no manifiestas
del jefe de reducir
costos. La empleada toca
el tema de la posibilidad
de un aumento solamente
después de esa
conversación.
EMPLEADA: Ahora me doy
cuenta de que un aumento
está fuera de
consideración, pero si yo
logro reducir costos,
¿podríamos pensar en una
compensación para mí? La
tomaríamos de esos ahorros
obtenidos con los trabajos
que yo haría. Por supuesto
que nos mantendríamos
dentro del presupuesto.
EMPLEADOR: No estoy seguro
de que eso funcione.
EMPLEADA: ¿Qué tal si lo
tomamos como una prima
condicional sobre los
ahorros realizados?
Ambos están en camino de
lograr un acuerdo que
satisfará sus necesidades.
La empleada está en la
tarea de construirle a su
jefe un puente de oro. Si
el empleador sigue
mostrándose reacio, la
empleada puede mostrarle
su MAAN, que en este caso
es una oferta de trabajo
que le hicieron a ella. Si
ella quiere mantener una
buena relación de trabajo
con el jefe, debe evitar
irritarlo:
EMPLEADA: Señor Castillo,
quisiera pedirle un
consejo. He disfrutado mi
trabajo aquí y me gustaría
mucho continuar, pero
tengo muchas dificultades
para pagar la universidad
de mis hijos con mi
salario actual. Me
hicieron una oferta de
trabajo que me ayudaría a
conseguir el dinero que
necesito. Idealmente me
gustaría quedarme aquí.
¿Hay alguna manera en que
podamos resolver esto?
Esta manera de abordar el
problema puede hacerle al
empleador caer en cuenta
de que perdería a un
empleado valioso; podría
ver el puente de oro como
algo muy atractivo. Si la
negociación con este
empleador parece muy
fácil, piense en la manera
en que se utilizó la
estrategia de penetración
en una de las situaciones
más difíciles que uno
pueda imaginar: Una
negociación de rehenes con
un criminal armado.
Un caso de rehenes
En la mañana del jueves 14
de octubre de 1982,
decenas de agentes de
policía acudieron al
segundo centro médico más
grande de los Estados
Unidos, el Kings County
Hospital de Brooklyn,
Nueva York. Larry Van Dyke,
convicto de robo a mano
armada, se había
atrincherado en un
vestuario del sótano con
cinco empleados del
hospital. Van Dyke, quien
había ido al hospital a
que le quitaran el yeso de
un brazo, le había
arrebatado el arma al
oficial de la correccional
a quien había herido para
tratar de escapar. Al
verse asediado por la
policía, Van Dyke tomó
rehenes. Casi
inmediatamente dejó salir
a uno para que
transmitiera el siguiente
mensaje: "Quiero salir de
aquí o comenzaré a matar
gente".
Diez años antes, la
policía probablemente
habría manejado el
incidente usando la
fuerza. "Antiguamente",
recordó un capitán de la
policía, "habríamos
rodeado el sitio,
usaríamos el altavoz,
lanzaríamos gases
lacrimógenos y
obligaríamos al hombre a
intercambiar disparos con
nosotros".
Pero en lugar de combatir,
la policía decidió
dialogar. El teniente
detective Robert J. Louden,
negociador experto en
casos de rehenes, inició
la conversación gritando a
través de la puerta del
vestuario:
- ¿Cómo está? Yo soy Bob,
y vine a ver qué está
sucediendo y a ayudarle a
salir de este lío. ¿Cómo
se llama usted? Van Dyke
contestó:
- Me llamo Larry Van Dyke,
y tengo a mucha gente
aquí. No tengo nada que
perder, y no pienso
regresar a la cárcel.
Tiene treinta minutos para
concederme la libertad.
Louden no rechazó la
exigencia ni el límite de
tiempo, sino que los
replanteó como si fueran
aspiraciones.
- Veré qué puedo hacer. Me
ocuparé de eso y regresaré
apenas pueda. Como usted
sabe, estas cosas tardan
tiempo. Yo no puedo tomar
esa decisión. Mientras
tanto, ¿hay algo que yo
pueda hacer por usted? -
Louden estaba tratando de
desviar la atención de Van
Dyke hacia cosas
realizables.
Mientras Louden hablaba,
otro negociador estaba al
lado de él. La
responsabilidad de éste
era indicarle preguntas,
pasarle mensajes y
cerciorarse de que
mantuviera su equilibrio
emocional. Era la manera
de llevar a Louden al
balcón.
Van Dyke previno que si la
policía intentaba un
rescate, mataría a los
rehenes. Louden le aseguró
que nadie le haría daño.
- Usted no sabe cómo
operamos - le dijo el
detective -. En diez años
nadie ha salido lastimado.
No derribamos puertas. No
es como en la televisión.
El abogado de Van Dyke
aconsejó a su cliente:
- Larry, nadie va a
hacerte daño. En
trescientos casos, la
unidad de negociación
nunca ha lastimado a
nadie.
Van Dyke amenazó con salir
con sus rehenes. Louden le
dijo:
- Larry, es mejor que
permanezca ahí adentro.
Nosotros no podemos entrar
y usted no puede salir.
Tenemos mucha gente aquí
afuera. No queremos usar
la fuerza, pero lo
haremos si es necesario.
Usted es inteligente. Sabe
cómo jugar este juego.
Veamos si podemos resolver
esto.
Louden hacía preguntas
abiertas para descubrir
qué estaba pensando Van
Dyke y qué quería:
- ¿Cómo se metió usted en
este lío? ¿Cómo podemos
solucionarlo? - Van Dyke
comenzó a quejarse de la
corrupción y de los abusos
del sistema penitenciario
del Estado. Louden lo
escuchó con atención, y le
dijo -: Entendemos cómo se
siente usted. Otras
personas me han dicho lo
mismo, y ahora que usted
mencionó el asunto,
podremos abrir una
investigación para poner
al descubierto la
corrupción - estaba
tratando de ponerse en
consonancia con Van Dyke,
de reconocer sus puntos de
vista y de acceder hasta
donde fuera posible. Lo
que hizo Louden fue
ponerse del lado de Van
Dyke.
Van Dyke exigió hablar con
Bella English, una
reportera del Daily News a
quien admiraba por sus
artículos periodísticos.
Louden aceptó ayudar a
encontrarla y convenció a
Van Dyke para que aceptara
un teléfono portátil que
facilitara la
comunicación.
Paso a paso, el detective
iba progresando. Trajeron
a Bella English al sitio
en un helicóptero de la
Policía.
- Pase al teléfono - le
dijo Louden -, pero no use
palabras de connotación
negativa como "rehén" o
"cárcel".
Bella English se presentó
y le preguntó a Van Dyke
por qué deseaba hablar con
ella.
- Porque usted es una
reportera justa - le
contestó -. Le dijo que
enfrentaba una sentencia
de veinticinco años o de
por vida por robo a mano
armada.
Con ayuda de Louden, Bella
trató de tranquilizar a
Van Dyke; le dijo que no
necesariamente tendría que
ser así. Poco después, Van
Dyke aceptó liberar a un
rehén, en cuanto recibiera
almohadas, frazadas y
café. A las 4:15 PM. salió
el rehén.
Cuatro horas después, Van
Dyke aceptó liberar a otro
rehén, si la estación de
radio WOR le permitía a
Bella English transmitir
sus quejas respecto de las
condiciones de la cárcel.
A los pocos minutos de
terminar la transmisión,
Van Dyke liberó al segundo
rehén.
- Eso estuvo muy bien - le
dijo Van Dyke a Bella -.
Usted acaba de salvar una
vida.
- No - replicó ella -:
Usted acaba de salvar una
vida. Van Dyke acordó
liberar a otra persona si
la estación WABC-TV pasaba
un mensaje en vivo durante
el noticiario de las 11:00
P.M. La estación aceptó, a
solicitud del Departamento
de Policía. Una vez en el
aire, el rehén liberado
transmitió un mensaje de
amor que Van Dyke le envió
a su esposa, y dijo que
nadie saldría herido,
siempre y cuando que la
Policía no provocara algo.
Sin embargo, poco después
de la medianoche, el
estado de ánimo de Van
Dyke cambió. La Policía
oyó que estaba amenazando
a un rehén: "Arrodíllese,
viejo. Le estoy apuntando
a la cabeza. No quiero
herir a nadie, pero si me
ponen en ridículo, actuaré
ridículamente". Van Dyke
trató de culpar a Louden.
"Esto va muy lentamente.
Voy a matar a esta gente,
y él tendrá la culpa.
Pero Louden desvió el
ataque:
- No diga estupideces,
Larry. Estamos aquí para
ayudarlo. Estamos todos
juntos en esto. Pero si
usted lo hace, no lo
habremos hecho nosotros,
sino usted. Veamos si
podemos arreglar esto.
Louden siempre buscó la
manera de regresar al
problema. El viernes por
la mañana aumentó la
tensión. Van Dyke pidió
los periódicos matutinos y
se enfureció cuando leyó
que había sido acusado de
delatar a otros reclusos.
"¡Lo echaron todo a
perder!", gritó furioso.
"Dijeron que yo delataba a
los presos y a los
guardias. A los guardias
sí, pero a los presos no".
Dijo que había sido
obligado por unos guardias
a ayudar a atrapar a otros
guardias que estaban
involucrados en tráfico de
drogas y afirmó que lo
matarían si quedaba
nuevamente bajo la
custodia del Estado.
Louden trató de
tranquilizarlo,
concentrándose en la
seguridad de Van Dyke
como una necesidad básica:
- Yo sé que usted no es un
soplón. Quienquiera que
haya hecho esa afirmación
está equivocado. Les diré
a todos los medios de
comunicación lo que estoy
diciendo ahora. Déjeme ver
si puedo resolver esto
para que no tenga que
regresar a una
penitenciaría estatal.
Louden se puso en contacto
con los funcionarios
federales y estatales para
averiguar si era posible
trasladar a Van Dyke a una
penitenciaría federal. La
tensión comenzó a
desaparecer cuando Mike
Borum, comisionado
encargado para asuntos
penitenciarios del Estado,
vino a decirle a Van Dyke
que trataría de hacer los
arreglos para un traslado.
Van Dyke le dijo a su
primo, funcionario de
prisiones que había sido
llevado a la escena:
"Estoy pensando
entregarme. Me ofrecieron
un buen trato". Louden
había tendido el puente de
oro que necesitaba Van
Dyke para hacer su
retirada.
Van Dyke accedió a liberar
a un cuarto rehén si la
programadora WABC-TV y la
estación de radio WINS
transmitían en vivo la
liberación, y además le
permitían contar su
versión de la historia por
radio y televisión. Una
vez en el aire, se quejó
de las condiciones de la
prisión del Estado: "Me
han golpeado y me han
engañado".
Cuatro horas después, Van
Dyke comenzó a dudar de
nuevo, e insistió en que
no quería volver a la
cárcel. Le dijo a Louden:
- No tengo nada que
perder. Juguemos a la
ruleta rusa.
Louden trató de
tranquilizarlo y le habló
suavemente toda la noche.
El sábado por la mañana,
Van Dyke finalmente
accedió a liberar al
último rehén a cambio de
cubrimiento periodístico y
la promesa pública de
Borum de que sería
trasladado. A las 8:00 A.M.,
Louden pudo informarle a
Van Dyke que Borum se
estaba presentando en ese
momento por la WABC-TV.
Veinticinco minutos más
tarde salió el último
rehén. A las 8:30 A.M., se
entregó Van Dyke. Le fue
concedida la petición de
hablar con la prensa. "No
estoy loco", dijo. "Soy
una persona que estaba
tratando de recuperar la
libertad ... pero me
atraparon. Aquí estoy". La
policía lo condujo
entonces al centro
correccional
metropolitano, un centro
de detención de Manhattan.
Habían transcurrido
cuarenta y siete horas.
Así terminó uno de los
incidentes más largos y
dramáticos de toma de
rehenes en la historia de
la ciudad de Nueva York.
"Yo no podría haber
resistido más tiempo",
dijo Louden ronco y
agotado.
El resultado fue una
victoria para la Policía,
que logró la liberación de
los rehenes sin
derramamiento de sangre, y
además puso bajo custodia
al delincuente. Louden
declaró que él y los demás
integrantes de su equipo
habían logrado convencer a
Van Dyke de que se
entregara "creando un
clima de confianza y
tratando de hacerle ver
que podíamos tratarnos
como seres humanos y
ayudarnos mutuamente para
salir bien del trance".
Van Dyke no consiguió la
libertad, pero sí una
promesa pública de que
sería trasladado a una
cárcel federal. Después de
entregarse, el delincuente
le hizo a la Policía el
mejor cumplido posible:
"Fueron honrados conmigo",
dijo.
Así como el mejor general
no se deja arrastrar a la
batalla, la Policía no
tuvo que usar la fuerza.
Utilizó su poder, no para
atacar a Van Dyke sino
para refrenarlo y educarlo
en el sentido de que la
mejor alternativa para él
era entregarse sin pelear.
Lo hicieron entrar en
razón en lugar de
obligarlo a caer de
rodillas.
Los cinco pasos de la
penetración en las
negociaciones
Que usted esté negociando
con su jefe, o con un
delincuente, o con un
adolescente, los
principios básicos son los
mismos. En resumen, los
cinco pasos de la
negociación de penetración
son:
1. Suba al balcón. Lo
primero que usted debe
hacer no es controlar las
reacciones de su oponente
sino las de usted mismo.
Cuando su oponente se
niega a aceptar algo o
lanza un ataque, usted
puede quedar aturdido y
ceder, o puede
contraatacar. Por lo
tanto, frene su reacción
mientras identifica el
juego. Luego tómese tiempo
para pensar. Emplee ese
tiempo para establecer
claramente sus intereses y
su MAAN. Mantenga la mira
sobre su premio durante
toda la negociación. En
lugar de perder los
estribos o buscar el
desquite, concéntrese en
conseguir lo que desea. No
reaccione: suba al balcón.
2. Póngase del lado de su
oponente. Para poder
negociar es preciso crear
una atmósfera favorable.
Neutralice la ira, el
temor y la hostilidad de
su oponente. Lo que él
espera es que usted ataque
o resista. Por lo tanto,
haga todo lo contrario:
escúchelo, reconózcale su
punto de vista, y acceda
siempre que sea posible.
Reconózcale también su
autoridad y su idoneidad.
No discuta: póngase del
lado de él.
3. Replantee. El siguiente
reto es cambiar el juego.
Cuando su oponente adopta
una posición
intransigente, usted puede
sentirse tentado a
rechazarla, pero
generalmente lo único que
se logra con eso es que él
se aferre más a su
posición. Dirija la
atención de su oponente
hacia el reto de
satisfacer los intereses
de ambos. Replantee todo
lo que él diga, pensando
siempre en solucionar el
problema. Formule
preguntas encaminadas a
lograr ese fin: "¿Por qué
desea eso?" o "¿Qué haría
usted si estuviera en mi
pellejo?" o "¿Qué tal si
hacemos...?" En lugar de
tratar de enseñarle a su
oponente, deje que sea el
mismo problema el que le
enseñe. Replantee también
las tácticas que él
utilice, rodeando los
muros de piedra, desviando
los ataques y poniendo al
descubierto los trucos. No
rechace: replantee.
4. Tienda un puente de
oro. Por fin, está usted
dispuesto a negociar. Sin
embargo, es probable que
su oponente no desee dar
un paso más, por no estar
convencido de los
beneficios del acuerdo. A
usted le puede dar la
tentación de empujar e
insistir, pero eso quizás
sólo genere más
resistencia. Entonces haga
todo lo contrario: llévelo
en la dirección que usted
desea. Imagine que usted
es un mediador que debe
facilitarles las cosas
para que digan sí. Hágalo
participar en el proceso,
incorporando sus ideas en
la negociación. Trate de
identificar y satisfacer
los intereses de su
oponente, en particular
las necesidades básicas
que tiene como ser humano.
Ayúdele a salvar las
apariencias y haga que el
resultado parezca una
victoria para él. Vaya
despacio para avanzar de
prisa. No presione: tienda
un puente de oro.
5. Use el poder para
educar. Si su oponente
insiste en atrincherarse
y en pensar que puede
ganar sin negociar, es su
deber hacerle ver lo
contrario. Dificúltele el
no. Usted podría amenazar
y recurrir a la fuerza,
pero esas medidas suelen
ser contraproducentes; si
arrincona a su oponente,
probablemente él se
defenderá con todas sus
fuerzas, e interpondrá más
recursos en contra suya.
Lo que usted debe hacer es
educarlo respecto de los
costos de no llegar a un
acuerdo. Formule preguntas
de prueba encaminadas a
revelar la realidad y
demuestre su MAAN.
Utilícela únicamente si es
necesario y reduzca al
mínimo la resistencia de
su oponente controlando
sus impulsos y haciéndole
ver que lo que usted busca
es la satisfacción de
ambos y no una victoria.
Cerciórese de que su
oponente sepa que el
puente de oro siempre está
a su disposición. No
ataque: use el poder para
educar.
De adversarios a socios
Se necesitan dos para
pelear, pero sólo se
necesita una persona para
desenredar una situación
enmarañada. En usted está
el poder para resolver
hasta las relaciones más
difíciles. El mayor poder
que usted tiene es cambiar
el juego - yendo desde un
encuentro frente a frente
hacia una cooperación
hombro con hombro para
resolver los problemas.
Las barreras más grandes
para obstruir el camino
son: las reacciones
naturales de usted, las
emociones hostiles del
oponente, sus posiciones
empecinadas, su fuerte
insatisfacción y sus
juegos de poder. Usted
puede superar esas
barreras aplicando las
estrategias de la
negociación de
penetración. Usted no
tiene que aceptar un no
como respuesta.
Durante la Guerra Civil de
los Estados Unidos,
Abraham Lincoln pronunció
un discurso en el cual
habló con consideración
de los rebeldes del Sur.
Una anciana, partidaria de
la Unión hasta la médula,
lo reconvino por hablar
bien de los enemigos
cuando lo que debía hacer
era buscar la manera de
eliminarlos. La respuesta
fue clásica: "Señora", le
dijo Lincoln, "¿acaso no
elimino a mis enemigos
cuando los convierto en
amigos míos?"
Ese es
precisamente el objetivo
de la estrategia de
penetración: acabar con el
adversario al convertirlo
en socio de la
negociación.
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