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Más allá del NO
por William Ury. Uno de los
especialistas más
reconocidos en et área de
negociación y mediación.
Escribió algunos de los
libros más famosos sobre
el tema: Getting to Yes
(junto con Roger Fisher),
que fue traducido a veinte
idiomas y lleva vendidas
más de tres millones de
copias en el mundo,
Getting Disputes Resolved,
y su libro más reciente
Getting Past No.
William Ury se hizo famoso
a nivel mundial gracias a
su desempeño profesional
como di-rector asociado
del Programa de
Negociación de Harvard Law
School, y como director
asociado del Proyecto de
Negociación Nuclear del
Kennedy School of
Government. También es co-fundador
y asesor del International
Negotiation Network.
Recibió premios de la
Fellow American
Anthropological
Association y de la
American Arbitration
Association. Se desernpeñó
como asesor de compañías
del prestigio de American
Express, AT&T, IBM,
Hewlett Packard y
Microsoft, entre otras.
También trabajó con el
gobierno de los Estados
Unidos ofreciendo
consultoría al Pentágono.
El mundo
actual es un mundo de
negociaciones, de
comunicaciones para lograr
acuerdos. Aunque uno no se
dé cuenta, desde el
principio del día hay que
negociar en el plano
personal con padres,
hijos, parejas y hasta
mascotas. En el plano
laboral uno debe negociar
con el jefe, secretarias,
compañeros de otros
departamentos, con los
clientes, proveedores,
bancos, abogados,
contadores, agentes de
impuestos, etcétera.
Si sacáramos un porcentaje
del tiempo que la gente
emplea en negociar
observaríamos que varía de
un 50 a un 90%, y en el
ambiente actual, con los
cambios que se están
produciendo, ese
porcentaje aumentará
cotidianamente.
Hoy la negociación se está
convirtiendo en una de las
habilidades más
importantes que debe
poseer un manager.
A medida que las
organizaciones se
transforman de pirámides
jerárquicas en redes
horizontales, hay una
revolución en la forma de
tomar decisiones. Sea que
haya que dar órdenes de
abajo hacia arriba o que
se deba negociar
horizontalmente, en el
trabajo cotidiano
dependemos de docenas de
individuos y compañías
sobre las que no
ejercemos un control
directo. Pero actualmente
no basta simplemente con
dar órdenes, la realidad
nos obliga a negociar.
Piense en las diez
decisiones más importantes
que tomó el año pasado:
cuáles fueron las
decisiones de mayor
impacto en sus ganancias
en el ámbito laboral y en
el personal? Piense en
cómo las tomó: ¿cuántas de
ellas las pudo tomar
unilateralmente, por su
cuenta? ¿A cuántas debió
llegar mediante la
consulta en un proceso de
decisión compartida? La
mayoría diría nueve de
diez o diez de diez.
La negociación no es un
proceso fácil. A mucha
gente no le gusta negociar
porque se sienten en un
dilema: adoptar un enfoque
suave o duro. ¿Qué
significa esta disyuntiva?
En el enfoque duro el
objetivo de la negociación
es la victoria, el juego
consiste en tomar una
posición, explorarla, no
hacer ningún tipo de
concesión, desconfiar de
la otra parte y tratar de
ganar en la confrontación.
En el enfoque suave las
partes de la negociación
se ven mutuamente como
colegas; el objetivo no es
la victoria sino el
acuerdo; no hay que tomar
una posición sino ser
flexible; hacer ofertas,
confiar en el otro y
evitar la confrontación.
Sin embargo, el mejor
enfoque que se puede
adoptar para llevar a cabo
una negociación exitosa es
una combinación de los dos
anteriores. Hay que lograr
ser suaves con la gente
con la que se negocia y
duros con el problema a
resolver.
Hay siete principios
básicos que pueden ser
aplicados a cualquier tipo
de negociación; los dos
primeros están
relacionados con las
personas involucradas, los
tres siguientes con el
problema a resolver y los
dos últimos con las
propuestas a realizar.
Las fases de la
negociación
-Atención sobre las
personas
-Busque una nueva
perspectiva, salga al
balcón.
-El primer principio no
tiene nada que ver con
influenciar al otro, sino
con influenciarnos a
nosotros mismos.
Las personas son máquinas
de reacción, por eso
cuando uno está enojado
suele decir cosas de las
cuales se arrepiente en
cuanto consigue un
instante de reflexión. Es
sumamente fácil perder la
perspectiva, la
concentración en lo que se
que quiere conseguir. Para
evitar esto, ante una
situación determinada,
los negociantes exitosos
no reaccionan, más bien
buscan un lugar que les
permita tomar perspectiva
sobre la negociación.
Van hacia "el balcón" para
estar en un sitio más alto
que les permita recordar
cuál es el premio que
intentan conseguir y
mantenerse enfocados en !o
que quieren y, en
definitiva, piensan en un
acuerdo para ambas partes.
¿Hay que ir al balcón
antes de la negociación?
¿Cuándo nos preparamos
para negociar o durante la
negociación misma?
Constantemente. Cuando la
otra parte nos hace
enojar, cuando se hace una
pausa para tomar café,
cuando hable con sus
colegas para reajustar una
estrategia y, finalmente,
cuando la negociación
termine, para hablar de lo
que se hizo bien o mal y
de cómo debería hacerse la
próxima vez.
En la negociación aprender
es básico. Es tan fácil
perder la perspectiva, lo
que se quiere lograr. La
clave es ir al balcón, es
uno de los fundamentos
para la negociación
exitosa.
Póngase en el lugar del
otro
El segundo principio para
lograr una negociación
efectiva es ponerse en los
zapatos de la otra parte.
La habilidad más
importante de un buen
negociador es ver las
cosas como lo hace el
otro.
La negociación es un
ejercicio de influencia.
Se trata de cambiar la
forma de pensar del otro,
entonces precisamente hay
que empezar por conocer
cuál es su forma de
pensar.
A menos que se ponga en el
lugar de la otra parte
para tratar de entender la
situación completa, usted
no logrará hacer un trato
ni resolver una disputa. Y
la forma clave es ponerse
en los zapatos del otro;
lo más importante es
escuchar.
Mucha gente
cree que los mejores
negociantes son los que
mejor hablan, pero los
mejores negociantes son
los que mejor escuchan.
Por eso, en cada
negociación es fundamental
nombrar un vocero que sea
bueno para hablar y
nombrar también un buen
escucha.
Otro aspecto relacionado
con ponerse en el lugar
del otro es entender su
cultura. Y la cultura
influye de manera
fundamental en el
lenguaje, el núcleo del
sistema de comunicación.
Si usted no puede
comunicarse de manera
efectiva con la otra parte
es imposible que la
negociación llegue a buen
puerto.
Movimiento hacia los
problemas
Concéntrese en los
intereses y no en las
posiciones
Si fue al balcón y se puso
en el lugar del otro usted
ya trabajó en el aspecto
humano de la negociación,
ahora se presenta la fase
en la que hay que ser
"duro con el problema”.
¿Qué significa ser duro
con el problema?. Ser
duro no significa sostener
una posición rígida, en
cambio implica sostener
firmemente los intereses.
La distinción entre las
posiciones y los intereses
es la diferencia más
crítica en las
negociaciones. Para
alguien sin demasiados
conocimientos técnicos
puede parecer lo mismo,
después de todo, la
posición es lo que uno
quiere lograr y los
intereses también. Sin
embargo, son dos conceptos
diferentes.
La mejor manera de
ilustrarlo es con el
ejemplo de las dos
hermanas que se peleaban
por una naranja.. Tan
fuerte fue la discusión
que luego de mucho debate
decidieron cortar la
naranja por el medio y
cada una se quedó con una
mitad. Una de las hermanas
peló su mitad y usó la
cáscara para hacer una
torta, mientras que la
otra peló su mitad y se
comió la fruta. Es decir,
el resultado de su gran
pelea fue media cáscara
para una y media fruta
para la otra cuando
podrían haber logrado un
acuerdo para obtener toda
la cáscara y toda la
fruta.
Esto es lo que sucede
muchas veces en la
negociación: se divide la
naranja y cada parte se
lleva menos de lo que
debería haber obtenido.
Allí radica la diferencia
entre las posiciones y los
intereses, las posiciones
pueden basarse en
demandas, dinero, números,
calidad, los intereses se
encuentran más lejos, son
las necesidades, deseos,
aspiraciones, miedos. En
el caso de tas hermanas
los intereses eran cocinar
y comer, y el conflicto se
presentó porque cada una
se concentró rígidamente
en la posición de querer
la naranja.
La clave en cualquier
negociación es ser duro al
sostener el propio interés
(cocinar o comer) y no en
la posición de exigir la
naranja. Ambas partes
hubieran sacado mayor
provecho si hubieran
acordado que toda la
cáscara fuera para una y
toda la fruta para la
otra.
Invente opciones de
mutuo beneficio
Los intereses son tan
importantes dentro de la
negociación, por que
permiten sacar ventaja de
la mejor oportunidad que
uno tiene como negociante.
En lugar de
ver una torta estática,
los buenos negociantes
amplían la torta y luego
la dividen en porciones
más grandes.
Esto se logra a través de
la creatividad.
Imagine que en cada
negociación hay una pila
de oro enfrente suyo, ese
oro representa el juego
conjunto que ambas partes
deben desarrollar y el
único objetivo es decidir
cómo se divide el oro. Sin
embargo, muchas veces el
acuerdo no es alcanzado y
el oro queda sobre la
mesa, o al menos la mayor
parte de él.
¿Cómo dividir todo el oro?
La única forma de hacerlo
es siendo creativo,
inventando opciones de
mutuo beneficio.
Lo importante es proponer
la mayor cantidad posible
de opciones y para
lograrlo es indispensable
disponer de un ámbito
propicio.
Toda negociación necesita
lugares informales, un
restaurante, un bar, una
casa fuera de la ciudad,
donde la gente pueda
reunirse para crear ideas
y propuestas creativas
para llegar a un acuerdo
satisfactorio.
Utilice un criterio
objetivo para decidir lo
que es justo
Si inventar opciones es
ampliar la torta, todavía
hay que decidir cómo
dividirla, cómo lidiar con
los intereses opuestos.
¿Qué ocurre si el cliente
quiere comprar el producto
a un precio más bajo y
usted necesita que pague
más? Cómo se manejan estas
diferencias.
Esto es el núcleo de una
negociación. En general
las diferencias se
resuelven en base a la
voluntad y el poder.
¿Quién es más fuerte?
¿Quién presionará más?
¿Quién amenazará más?
El costo de un concurso de
voluntades es demasiado
alto, el problema a
resolver se pierde y sólo
queda sobre la mesa una
contienda de egos donde
cada parte lucha por ganar.
Las personas se olvidan de
los intereses para
concentrarse en las
diferentes posiciones, no
queda margen para inventar
opciones y, tarde o
temprano, una de las dos
partes tiene que ceder.
También puede ocurrir que
ninguno ceda y la
negociación se quiebre.
Ya que el
costo de un concurso de
voluntad es tan alto, la
alternativa es decidir en
base a un criterio
objetivo,
respondiendo preguntas
como ¿cuál es el valor
promedio de mercado? o
¿Cuánto se les paga a los
que hacen el mismo
trabajo?.
Juicio científico,
reciprocidad, igual trato,
todos son medidores,
formas justas de dividir
la torta; el objetivo es
que ninguna de las dos
partes deba ceder.
El criterio objetivo no
sólo construye una mejor
relación, sino un mejor
resultado.
Intercambio de
propuestas
Si no logra un acuerdo
desarrolle alternativas
Esta es la tercera parte
de la negociación, la fase
de hacer propuestas y
lograr acuerdos.
Considere el ejemplo de un
estudiante zen que tomaba
una taza de té, cuando
entró el maestro zen y le
dijo: "Si toma ese té le
pegaré con esta varilla,
pero si no lo toma le
pegaré con esta varilla
también“. ¿Qué haría usted
si fuera el estudiante?
Mucha gente piensa: "Yo
tomaría el té, ya que de
todas maneras voy a.
recibir un golpe
prefiero que sea mientras
disfruto de un buen té“, o
"no tengo por qué aceptar
que me pegue, lucharé
contra el maestro”.
Estas son
dos alternativas
tradicionales frente a un
poder superior: someternos
o pelear. Pero, de hecho,
existen infinidad de
alternativas:
el estudiante podría irse
de la habitación, sacarle
la varilla al maestro, sin
pelear con él podría
quitarle la varita que
simboliza el poder, pedir
ayuda a otros estudiantes,
etcétera.
Existen otras alternativas
y una de las claves de la
negociación, es pensar:
¿qué haré si no logro un
acuerdo?. ¿Hay alguna
forma de mejorar las
propuestas? También es
útil estimar las
alternativas del otro,
¿qué hará si no acuerda?
Conocer la
mejor alternativa,
mejorarla y analizar las
alternativas de la otra
parte son buenas formas de
perseguir los intereses
y de equiparar el poder
con un negociante que
parece más poderoso.
Construya un puente de
oro entre usted y la otra
parte
Si se comprometió en la
solución del problema,
equiparó el poder y cree
haber inventado una opción
que satisface su propio
interés y el de la otra
parte, probablemente esté
en camino hacia un
acuerdo, pero qué pasa si
el otro dice que no.
Usted se encuentra en un
extremo y el otro está
justamente en el extremo
contrario, si usted es
hábil en lugar de
pretender que la otra
parte recorra la distancia
que los separa, comenzará
desde su posición a
construir un puente que
pueda acercarlos.
Su tarea es que para el
otro sea atractivo decir
que sí. Construya el
puente más brillante que
pueda.
EL PROCESO Y LOS
RESULTADOS
Hay un concepto que se
relaciona con los siete
principios que se utilizan
para negociar eficazmente
hasta en las situaciones
más difíciles.
Las estadísticas
demuestran que negociamos
como mínimo el 50% de
nuestro tiempo; si
nadáramos todas estas
horas al día seguramente
estaríamos en las
olimpíadas. La pregunta
es: ¿si negociamos durante
tanto tiempo, porqué no
somos tan buenos como para
estar en las olimpíadas?.
Es simple: cuando nadamos,
la mayor parte de nuestra
atención se concentra en
el proceso, en las
brazadas y patadas, en la
técnica para mejorar
constantemente. Al
negociar, en cambio, en
lugar de concentrarse en
el proceso toda la
atención se focaliza en el
resultado.
Si cada uno utilizara su
atención para el proceso
de salir al balcón,
ponerse en el lugar del
otro, centrarse en los
intereses, crear opciones
de mutuo beneficio, usar
el criterio objetivo para
tomar decisiones,
desarrollar alternativas y
construir un puente de
oro, habría muchos
campeones en las
olimpíadas de la
negociación.
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