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Trabajadores apáticos
terminan aislados
por José
Antonio López
publicado en diario Milenio
(México)
05/12/2005
No opinar en las metas de
la empresa al final
terminará por pasar
factura a quienes adoptan
esa actitud.
Quién no ha escuchado a un
compañero de trabajo
decir: yo hago y hablo lo
necesario en la oficina,
el resto que lo hagan los
demás. El caso es que
aunque aparentemente se
cumple con las estrictas y
más elementales normas
laborales, el personaje
con dicha filosofía no es
más que un sujeto pasivo
que corre el riesgo de
terminar aislado.
Según los profesionales de
los recursos humanos y
sociología, no opinar ni
implicarse en las metas de
la empresa al final
terminará por pasar
factura a las personas que
adoptan esa actitud. Hay
más características:
indiferencia, incapacidad
para realizar propuestas y
rechazo a dar opiniones
sobre cualquier aspecto
del empleo, entre muchas
más. En resumen: La
pasividad en el trabajo
conduce al aislamiento.
Los expertos en detectar
este tipo de trabajadores
afirman que en cada
empresa “los hay a
montones” y en cualquier
tipo de profesión.
Subrayan que la posición
de esas personas es a
menudo defensiva, aunque
para su pesar casi siempre
se equivocan.
“Es arriesgado para el
futuro laboral no
mostrarse implicado en las
metas de la compañía para
la que se trabaja”,
asegura Juan Moyo,
director de Norman
Broadbent, una firma
especializada en el
desarrollo de directivos.
“En general los directivos
apreciamos más a los
empleados que contribuyen
a lograr nuestros
objetivos. Por el
contrario, una persona que
se refugie en una actitud
pasiva corre todos los
riesgos a tener una mala
valoración”, explica.
El miedo de estas personas
a equivocarse puede ser
paralizador y una
característica psicológica
que impida el desarrollo
profesional. “Las personas
que son así deberían
autoanalizarse”,
recomienda.
Por el contrario, otras
personas que aceptan mejor
las equivocaciones
aprender de ellas. “Y si
fracasan en un determinado
proyecto no lo consideran
como un problema personal
e insalvable. Ni siquiera
como un obstáculo. Es un
tropiezo del que sacan
enseñanzas”.
En general, resume el
experto, se puede decir
que las personas apáticas
en el mundo laboral se
equivocan en su forma de
actuar.
“Su actitud no les lleva
muy lejos ni a medio ni a
largo plazo. Tal vez
únicamente, y en el mejor
de los casos, a mantener
su puesto de trabajo
aunque te ignoren en él”.
El director de Right
Management, Ángel Secades,
considera que otro riesgo
que conlleva a la
pasividad es quedarse en
una mala posición durante
los cambios que, cada vez
con más frecuencia, viven
las compañías.
“Frena el crecimiento
personal, al tiempo que
esa actitud dificulta para
trabajar en equipo y para
cohesionarse, en un
momento en el que los
equipos virtuales son cada
vez más usuales.
Lógicamente si el
trabajador elige no ser
visible no se le tomará en
cuenta”.
Es más, añade, esa
posición un mayor desgaste
del que esa persona puede
prever inicialmente,
además de afectar el
desarrollo profesional.
La culpa del jefe
Pero en ocasiones la
desmotivación que conduce
a la pasividad laboral
tiene un trasfondo, en
muchos casos el problema
surge desde los propios
jefes que provocan esa
actitud, es decir, tratan
de rodearse de personas
que no les cuestionen, que
sean “aparentemente”
manejables.
En algunos casos la apatía
en el trabajo no es más
que una acomodación al
entorno. “Las personas
tendemos a analizar el
ambiente en el que nos
movemos y a hacernos de
él. El trabajador proyecta
conductas adaptativas al
contexto”, señala Juan
Moyo.
Pero hay ocasiones en que
las culturales
empresariales o de
determinados departamentos
son muy poderosas. “Es en
estos casos cuando se da
el principio de ‘o te
adaptas o te vas’. Esto
último no siempre es
posible y casi todo el
mundo tiende a valorar su
puesto de trabajo, por lo
que elige la otra opción”.
Menciona otra
circunstancia que puede
empujar a un empleado a
inhibirse. “Cuando los
jefes son inseguros,
egocéntricos y temen que
les cuestionen su
autoridad, promueven la
pasividad”.
Trabajo en equipo
No obstante, a decir del
experto de Norman
Broadbent la tendencia más
generalizada es a valorar
el talento. “Y es que
saben que una buena
empresa es la que cuenta
con los mejores recursos
humanos posibles.
Especialmente en sectores
tan importantes como los
tecnológicos, en servicios
y en empresas de
comunicación, donde el
factor humano es
fundamental”.
Para José Luis Calvo,
socio del Instituto del
Liderazgo, quien opta por
“ir tirando y no
enfrentarse al mínimo
reto” será puesta en
evidencia tarde que
temprano, incluso porque
hay empresas que cuentan
con sistemas que alertan
sobre esta actitud. “Con
la retroalimentación como
forma de organización del
trabajo, el entorno te
pone en evidencia cuando
se elige la pasividad como
actitud preponderante”.
En todo caso, lo mejor es
trabajar en equipo, como
escribió Jack Welch,
director de General
Electric, en su libro
Ganar ” El empresario
asegura que una persona de
gran inteligencia puede
tener éxito en solitario
en las metas individuales
que se proponga, pero que
si sus objetivo están
relacionados con el mundo
de la empresa sólo podrá
ganar si sabe compartir
tareas e implicar a otros.
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