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Diez
argumentos
para superar
las
resistencias a
la
implantación
de un sistema
de gestión de
recursos
humanos por
competencias
por
Joaquín Rubio
e
Iñaki Alende
Director
de la oficina
de Madrid y
consultor,
respectivamente,
de Tea-Cegos
jrubio@tea-cegos.es,
ialiende@tea-cegos.es
Publicado en
Revista
Capital
Humano,
Edición
No.187, pág.14.
Abril, 2005
El principal
origen de las
resistencias a
la
implantación
de sistemas de
gestión de
recursos
humanos por
competencias (SGRHC,
en adelante)
proviene de
los aspectos
que podríamos
llamar
políticos, más
que de las
actividades de
adaptación
técnica a cada
organización.
En la medida
en que seamos
capaces de
proveer
argumentos y
explicar los
beneficios que
rebatan esas
resistencias,
facilitaremos
la apuesta en
funcionamiento
del sistema y
persuadiremos
a los actores
de la
conveniencia
del cambio.
Este artículo
se centra en
esas
resistencias y
obstáculos que
surgen
habitualmente
al acometer la
transformación
organizacional
que representa
la asimilación
de un SGRHC.
Estas barreras
que oponen los
actores
derivan, por
una parte, de
las
incertidumbres
que todo
cambio
despierta a
los empleados
de los
diferentes
niveles de la
empresa y, por
otra parte,
del temor a
una
redistribución
en el juego de
responsabilidades,
influencias y
poder.
Si bien
existen
diferentes
modelos de
gestión por
competencias,
todos se
caracterizan
por la
implantación
de un
referente que
son las
competencias
de los
puestos, sobre
el cual se
evaluará a las
personas y, en
función de esa
evaluación, se
determinarán
las otras
políticas de
recursos
humanos tales
como la
selección de
candidatos, la
promoción, los
programas de
formación o la
remuneración.
Presentamos, a
continuación,
tanto las
principales
resistencias
como los
argumentos y
beneficios que
dan respuesta
a esos
temores,
apoyan la idea
del cambio y
hacen ver a
los actores la
factibilidad y
la mejora en
el nuevo
escenario.
1. ¿POR QUÉ ES NECESARIO
UN NUEVO SISTEMA DE
GESTIÓN DE RECURSO
HUMANOS?
Los actores de la empresa
que se ven amenazados por
el cambio a menudo
esgrimen esta resistencia.
Ven con aparente sorpresa
que la organización
acometa la implantación de
un sistema nuevo con los
costes que ello supone. La
respuesta más clara es que
el entorno económico es
dinámico y exige sistemas
que doten de flexibilidad
a la empresa. Ello lo
conseguimos a través de
unos sistemas d evaluación
y desarrollo profesional
basados en aquellas
competencias que son
fundamentales para la
organización.
si contamos con indicios o
estudios claros que
indican que la percepción
que los empleados tienen
de la empresa no es la
mejor, podemos apoyar ese
primer argumento con el
hecho de que un SGRHC da
respuesta a aspectos
ligados al clima social
tales como el horizonte
profesional, claridad en
los objetivos, equidad en
el trato, comunicación con
el mando, etc.
En cualquier caso, un
SGRHC en principio tan
sólo delimita la forma y
el contenido sobre el cual
serán evaluados los
empleados, aspectos que ya
deberían haber sido
aclarados previamente.
complementariamente añade
un sistema de desarrollo
profesional, en el que se
integra la formación, un
sistema de selección de
personas y puede ser que
un nuevo y equitativo
sistema de remuneración.
2. EL NUEVO SISTEMA
FOMENTA LA COMPETITIVIDAD
INTERNA
Con la introducción de un
sistema de evaluación
explícito los empleados
pueden sentir que se trata
de fomentar la
competitividad interna,
donde el que más se
sacrifique por la empresa
más se beneficia. Esta
resistencia trata de
demostrarse indicando que
el nuevo sistema implica
el cumplimiento de
objetivos,
responsabilidades y
competencias.
Es cierto que estos tres
elementos no parecen muy
nuevos, pero lo que sí
provee el SGRHC es
transparencia en la
gestión del sistema de
evaluación. Los parámetros
de evaluación son
conocidos por mando y
colaborador, lo que no
siempre es frecuente en
otros sistemas o en
ausencia de sistema.
Los SGRHC incluyen la
evaluación del desempeño a
través de las competencias
y/o responsabilidades de
su puesto, la del
potencial a través de las
competencias genéricas o
personales y del
rendimiento a través de
los objetivos. Sólo esta
última podría entenderse
como generadora de
competitividad añadida.
Sin embargo incluso la
evaluación del rendimiento
puede ir en referencia a
objetivos de equipo y de
empresa, en lugar de
exclusivamente personales.
No parece lógico por lo
tanto culpar a un SGRHC de
la competitividad que
pueda existir en una
organización.
Por último, diremos que
gran parte de los SGRHC
establecen como
competencias genéricas a
desarrollar algunas tales
como “Trabajo en Equipo” o
“Comunicación” que
difícilmente pueden verse
como fuente de
competitividad interna.
3. EL NUEVO SISTEMA
IMPLICA MÁS TRABAJO PARA
LOS MANDOS
Si un mando, además de
realizar sus funciones
habituales, debe
encargarse de evaluar el
desempeño de su equipo, de
seleccionar a nuevos
empleados o de trazarles
un itinerario de
desarrollo profesional,
puede verse apabullado e
incapaz de realizar su
función con el mismo
tiempo disponible.
Lo primero es que no se
trata de que todo eso lo
haga sólo, sino que debe
contar con el apoyo del
área de recursos humanos
de la empresa que le
facilitará realizar las
actividades de carácter
más social de sus
funciones. Asimismo, en
todo plan de implantación
de un SGRHC existe un
componente de
entrenamiento y
asesoramiento a los mandos
que supone una pieza vital
en su asimilación.
Es cierto que un SGRHC
promueve la delegación y
el desarrollo profesional
entre los componentes de
los equipos de trabajo.
Desde esa óptica los
mandos tienen la
responsabilidad de asumir
un rol de “hacer hacer”
más que de “hacer” ellos.
Esto, a medio plazo, es
una fuente de
productividad e
implicación.
4.ES IMPOSIBLE EVALUAR
OBJETIVAMENTE O ESTABLECER
OBJETIVOS REALISTAS
Lo difícil es creer quien
una empresa n se evalúa a
las personas sólo porque
no existe un sistema para
hacerlo. Un SGRHC aporta
transparencia a la forma
mediante la cual se evalúa
a las personas. Sin duda
un 100% de objetividad en
la evaluación de las
personas o un
establecimiento de
objetivos perfecto es poco
menos que una utopía, pero
sin duda conocer
previamente los parámetros
sobre la base de los
cuales nos evaluarán
aporta confianza y equidad
y nos permite
concentrarnos en lo que es
importante para nuestra
organización.
Uno de los mayores
generadores de resistencia
es el oscurantismo. Cuando
los actores de la empresa
no ven clara la lógica del
sistema verán los procesos
de gestión de recursos
humanos como un mero
trámite que no les aporta
nada, en el mejor de los
casos.
5. NO TODOS LOS PUESTOS DE
LA ORGANIZACIÓN PUEDEN SER
TRATADOS DE LA MISMA
MANERA
Detrás de esta resistencia
existen sin duda creencias
acerca de la importancia
crítica de ciertos puestos
frente a otros más
prescindibles en la
organización. No parece
creíble, en general, que
una organización posea
puestos que no tengan
importancia para completar
el ciclo de creación de
valor. En cualquier caso,
la definición de puestos
en un SGRHC permite la
consideración d distintas
responsabilidades y
competencias para los
puestos que la dirección
de la empresa podrá
observar de mayor
contenido estratégico,
teniéndolo en cuenta en
los sistemas de carrera
profesional o
remuneración. Lo que no
parece razonable es que
haya puestos sin contenido
de competencias, objetivos
o responsabilidades.
6. EL PERFIL DE MI PUESTO
NO SE AJUSTA A LO QUE
REALMENTE HAGO
Otra fuente de obstáculos
a la implantación del
sistema es negar la mayor,
afirmar que el puesto que
ocupo no ha sido bien
descrito. La mayor parte
de técnicos de recursos
humanos establecen fases
de revisión del perfil de
los puestos. Ello permite
a los empleados y a los
mandos asegurarse que cada
puesto será considerado
conforme a su realidad.
Este ciclo de revisiones
desactiva parte de las
resistencias. No obstante,
puede darse ciertos casos
en los que el perfil no
obedezca a la realidad.
Por ejemplo cuando las
personas no han dedicado
suficiente tiempo a la
revisión del perfil o
cuando el desconocimiento
técnico retrae a las
personas de hacer
comentarios hasta que
encuentran que el perfil
se ha convertido en la
referencia sobre la cual
la persona es evaluada por
primera vez, etc. Un SGRHC
establece procesos de
revisión e introducción de
puestos incluso una vez
que el sistema está en
funcionamiento, es la
única manera de dotar al
sistema de la flexibilidad
necesaria para adaptarse
al entorno y necesidades
de la organización.
Son numerosas las
ocasiones en que mando y
colaborador tienen una
visión completamente
diferente del puesto a la
hora de confeccionar el
perfil. Debemos ver esta
situación como una ventaja
añadida del sistema, ya
que es muy posible que la
comunicación entre ambos
fuera previamente
deficitaria mientras que
ahora se ven obligados a
definir las prioridades y
responsabilidades del
puesto.
7. FORMALIZAR IMPLICA
RIGIDEZ
Este argumento sólo sería
válido si consideramos que
conocer nuestras
responsabilidades y
nuestro perfil de
competencias nos
encorseta. Un sistema por
competencias es diferente
a una descripción de
puestos por tareas. La
competencia no te dicta lo
que tienes que hacer para
cumplir tu función sino
que establece las
capacidades que debes
reunir permitiendo
libertad en la forma de
conseguir los objetivos.
La competencia es
permanente, a diferencia
de la tarea que es
obsoleta. La mayor parte
de los empleos modifican
las tareas que les
permiten conseguir
resultados, mientras que
sus competencias clave
permanecen.
Las personas se sirven de
diferentes hábitos y
herramientas para
conseguir los mismos
resultados a través de
modos de hacer diferentes.
Cuando a este argumento le
añadimos competencias
genéricas, tales como
“innovación” o
“autonomía”, esa
resistencia pierde peso
definitivamente.
8. ESTOS SISTEMAS NUNCA SE
LLEGAN A APLICAR
En organizaciones donde
anteriormente sucedieron
amagos de cambios
importantes que no
fructificaron ésta es una
de las principales
resistencias a la
movilización. Este
obstáculo sólo será
totalmente derribado con
la evidencia. Sin embargo,
cabe argumentar que el
sistema será aplicado en
la medida en que los
propios actores participen
de él. Es un sistema que
otorga a los mandos la
capacidad de orientar las
políticas de recursos
humanos de forma
transparente.
Algunas experiencias
exitosas n la aplicación
de SGRHC se apoyaron en la
implantación piloto del
sistema en una pare de la
empresa para
posteriormente extenderla
a toda la organización.
Este método de
apalancamiento despierta
menos resistencias y
permite corregir errores
de concepción.
9. YO NO ENTIENDO NADA DE
RECURSOS HUMANOS, TODO
ESTO ME SUENA A CHINO
Todos entendemos de la
necesidad de ser evaluados
conforme a criterios
objetivos, A todos nos
gusta conocer la lógica
que sigue el sistema que
rige las políticas de
recursos humanos. Pues
esto es lo que persigue un
SGRHC.
No obstante, no debemos
escatimar esfuerzos de
comunicación para asesorar
a los actores a manejar el
nuevo sistema. La
experiencia nos dice que,
pasados los dos primeros
períodos de aplicación del
sistema, la gran mayoría
de los empleados lo
entenderá y aplicará con
normalidad. Paulatinamente
iremos viendo cómo unos
empleados asesoran a los
compañeros en la
asimilación y aplicación
del sistema.
10. ¿QUÉ BENEFICIO SACO YO
DE TODO ESTO?
Hemos preparado un
apequeña lista de aquellos
beneficios más visibles
para el empleado y que
puedan ser utilizados como
“argumento de venta”:
- Un
SGRHC es más objetivo que
lo que existiera
anteriormente.
- Fomenta
la delegación sobre la
base de unas
responsabilidades y un
estilo de liderazgo
participativo-
- Te
permite conocer qué se
espera de ti.
- Valora
los requerimientos de un
puesto, no a la persona.
- Facilita
la adaptación al entorno,
ya que las competencias de
los puestos van conectadas
a la estrategia de la
organización.
-
Va ligado a sistemas de
desarrollo profesional que
permiten a las personas
mejorar hacia el desempeño
excelente de su posición y
conocer los requerimientos
de otras posiciones dentro
de la organización.
-
Combina competencias
técnicas y genéricas, así
como objetivos personales,
de equipo o de
organización, con lo cual
la evaluación va en
función de parámetros más
completos.
- Da
respuesta a habituales
demandas de clima social
tales como falta de
horizonte profesional,
comunicación con el
superior, incentivos
económicos, agravios
comparativos, formación
práctica, etc.
- Involucra
a los actores en la
definición del propio
sistema, a través por
ejemplo de las
descripciones y revisiones
de los perfiles de los
puestos.
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Cuando nos
planteemos un cambio
en la organización
debemos darnos
cuenta de que las
resistencias
provienen en la
mayor parte de las
ocasiones de las
emociones, más que
de las razones. Por
lo tanto, para
superarlas deberemos
pensar más en las
personas y menos en
complejos sistemas
técnicos. Se trata
de vender ideas, de
ilusionar, tanto a
los directivos como
a los empleados.
Confiamos en que los
argumentos aquí
mostrados den pie a
reflexionar sobre su
relevancia concreta
en cada entidad, ya
que no pretendemos
que se tomen como
recetas infalibles
para todo tipo de
organizaciones.
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