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¿Qué esperar
de un
proceso de
capacitación?
por
José Manuel
Vecino.
Gerente de
Jobmanagementvision.com
(Colombia)
Esta
pregunta,
presente
cada vez que
iniciamos un
programa de
formación y
desarrollo
para el
personal,
nos acosa
sin que
podamos dar
una
respuesta
satisfactoria
evidenciable
a pesar de
los
esfuerzos y
recursos que
cada año
dedicamos a
seminarios,
talleres y
conferencias.
En los
últimos años
se han
desarrollado
e
implementado
herramientas
orientadas a
medir el
impacto de
la
capacitación
y verificar
el retorno
sobre la
inversión.
Algunos de
estos
instrumentos
miden el
mejoramiento
del
desempeño en
el puesto de
trabajo y
desarrollan
modelos que
permiten
establecer
la curva de
aprendizaje
en cada uno
de los
participantes
en las
actividades
de
capacitación.
Otros
modelos
miden el
cierre de la
brecha entre
las
competencias
esperadas
por la
organización
y las
‘potenciables’
en los
candidatos
que
participan
en programas
de formación
y coach
orientados a
los
aprendizajes
comportamentales.
Por otra
parte, y
creo no
equivocarme,
la gran
expectativa
de quienes
tienen la
responsabilidad
de gerenciar
los procesos
de
capacitación
es la de
poder medir
los
resultados
de las
intervenciones
de
desarrollo y
formación en
resultados
económicos
tangibles:
más
ingresos,
más clientes
y mayor
posicionamiento
en el
mercado.
Sin embargo
creo que es
importante
tener clara
la
diferencia
entre
productividad
y
competitividad
para
preguntarnos
si es
posible
garantizar
los
resultados
comerciales
y
financieros
de la
organización
a partir de
las
intervenciones
en
capacitación.
Es de mucho
impacto
medir la
capacitación
y sus
resultados,
pero en
términos de
mejoramiento
en la
productividad
y en
términos de
personas y
equipos
competentes
que
garanticen
un producto
o servicio
acorde a las
expectativas
del cliente.
Amarrar el
impacto de
la
capacitación
a los
resultados
corporativos
no deja de
ser una
quimera, ya
que es
desconocer
las fuerzas
naturales
del mercado,
la
fluctuación
de la
moneda, las
decisiones
de la
competencia
y muchos
otros
factores
para los
cuales no
está
diseñada la
intención de
la
capacitación
al personal.
Es cierto
que los
resultados
son en
muchas
ocasiones
bastante
decepcionantes
e incluso
frustrantes,
sobre todo,
al
considerar
los recursos
destinados a
incrementar
el trabajo
en equipo,
habilidades
de
negociación,
comunicación
y demás
temas
relacionados
con las
grandes
preocupaciones
de la
organización.
Por esta
razón al
aceptar un
programa de
formación y
desarrollo
que promete
resultados
medibles y
observables,
vemos con
escepticismo
que sea
posible y
confiamos en
que esta vez
las cosas
sean
diferentes.
Creo que
podemos
esperar
mucho de la
capacitación
siempre y
cuando sea
entendida
como un
soporte al
desarrollo
de la
estrategia
corporativa
y seamos
concientes
del alcance
que tiene y
también de
sus
limitaciones.
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