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'Argentinizarse' y un buen
abogado, secretos del
éxito de una joven
neoyorquina en Buenos
Aires
por
Tara Siegel Bernard
Especial para The Wall
Street Journal.
Publicado del 21/02/2006
Recién salida de la
universidad, y encerrada
en un diminuto apartamento
en Manhattan, Amanda
Knauer sabía que a su edad
no conseguiría el trabajo
de sus sueños: combinar el
diseño de modas con la
aventura de los negocios
internacionales.
Pero Buenos Aires, la
denominada París
sudamericana, le hizo un
guiño. Knauer, quien ahora
tiene 25 años, llegó en
2004 con una maleta, US$45.000
en el banco y
conocimientos de español a
nivel coloquial. Exploró
las calles de la ciudad
buscando inspiración y no
le llevó mucho tiempo
encontrar a su musa: el
cuero argentino.
A los pocos meses, lanzó
Qara Argentina, una
compañía de accesorios de
lujo que fabrica objetos
como billeteras de piel de
becerro, bolsos tipo
mensajero y otros adornos
hechos a mano, dirigidos a
un mercado al que, según
ella, no se presta
suficiente atención:
hombres urbanos de entre
25 y 40 años. Aunque
comenzar un negocio en
terreno familiar habría
sido más fácil, Knauer
sabía que con la
devaluación del peso
argentino, en 2002, su
presupuesto podía
estirarse mucho más. Pero
también sabía que habría
desafíos.
Para una emprendedora que
establece un negocio en un
país extranjero, o incluso
una filial, es fácil
cometer errores si asume
que lo que funcionaba en
casa también funcionará en
otro país. "Todo vuelve
siempre a la diferencia
cultural", dice Knauer,
"la cual también lo hace
interesante". En
Argentina, "uno no puede
llegar aquí como
estadounidense y esperar
hacer negocios como
estadounidense", explica.
"Hay que estudiar la
manera argentina de hacer
negocios y más o menos
imitarla".
Lejos de su familia y sus
amigos, Knauer tuvo que
aprender a bailar el tango
de un negocio desconocido
y, además, "argentinizar"
su compañía, para así
recibir el mismo
tratamiento de parte de
los proveedores.
Aprendió rápido. Se puso
en contacto con un
abogado, a quien encontró
gracias a la recomendación
de amigos estadounidenses,
e inscribió a Qara
Argentina en ambos países.
Su abogado también la
ayudó a encontrar un
"socio" argentino, en un
arreglo "sólo para los
papeles". El arreglo costó
dinero, pero sin el
"socio" habría sido mucho
más difícil abrir la
empresa en Argentina.
También hubo otras
dificultades. Knauer usó
al principio a los
fabricantes de cuero más
conocidos, pero tuvo
problemas para traducir
sus ideas en objetos que
alcanzaran sus estándares.
En una ocasión, cuenta,
"se habían quedado sin el
cuero que yo había pedido
y entonces me entregaron
un bolso en piel color oro
metálico. No se les
ocurrió que yo estaba
esperando lo que había
pedido. De modo que
estudié las cifras y me di
cuenta de que tenía más
sentido abrir mi propia
producción".
En agosto, siete meses
después de la creación de
Qara, Knauer alquiló un
espacio de 365 metros
cuadrados en el centro de
Buenos Aires por US$365 al
mes, compró maquinaria de
segunda mano y encontró
artesanos mediante
anuncios en un periódico
local.
Pero, cuando descubrió que
varias curtiembres
inflaban sus precios,
dice, "me di cuenta de que
necesitaba contratar
argentinos que acudieran
como mis agentes
culturales. Hay sutilezas
lingüísticas que un
estadounidense no puede
comprender, así como
cuestiones culturales",
explica.
En la actualidad tiene
siete empleados: un
gerente, dos diseñadores,
dos artesanos y un
cortador de piel a media
jornada, todos argentinos,
y un estadounidense que se
encarga de las relaciones
públicas. Planea contratar
otros dos artesanos y
comprar más máquinas de
coser, para duplicar la
producción hasta un total
de 3.000 bolsos este año.
Aunque el marketing no
comenzó realmente hasta
octubre, Knauer afirma que
Qara debería ser rentable
hacia fines de año, el
segundo de la compañía.
Pero retener a sus
artesanos, acostumbrados a
trabajar en una sola tarea
en una cadena de montaje,
no ha sido fácil. "Tienes
que reentrenarlos, están
acostumbrados a trabajar
para lograr cantidad en
lugar de calidad, y yo les
pido que hagan lo
contrario". Knauer dice
que les paga más para
hacer que se queden más
tiempo.
Los artículos de Qara se
venden desde US$60 por una
funda para tarjetas de
crédito, US$65 por una
cubierta para laptops
iBook o US$286 por un
bolso tipo mensajero.
Aunque la línea de Qara
está disponible en su
sitio Web, así como en la
boutique Foley + Corinna,
en Manhattan, necesita
exposición en las tiendas
por departamentos. Los
artículos de Qara también
están disponibles en dos
tiendas en hoteles de
Buenos Aires, y,
próximamente, si se
cumplen sus planes, en una
tienda propia en Palermo
Soho, el barrio de la moda
de la capital argentina.
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