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01 de Febrero 2006
México: "Es mentira, no existe cobertura al 100% en
educación básica; hay maestros mercenarios" dice
Morales Orozco, rector de la Iberoamericana
La Universidad
Iberoamericana es una de las instituciones de
educación superior privada con más prestigio en el
país, ligada a una tradición humanística de la que
está muy orgulloso José Morales Orozco, su rector.
Tranquilo, amable, con una gran cantidad de datos
anotados especialmente para la entrevista con
Crónica, revisa cuidadosamente las cifras y responde
con firmeza las preguntas, con un profundo y
reflexionado conocimiento del sistema educativo
mexicano.
Desde su despacho, sobria pero bellamente decorado,
José Morales Orozco, sacerdote jesuita, doctor en
Teología por la Pontificia Universidad de Comillas
de Madrid, observa el dinámico campus ciudad de
México de la Ibero, como es conocida esta casa de
estudios, cuya tradición en carreras como
psicología, comunicación o ciencias políticas, se
extiende a las 37 licenciaturas, 22 maestrías, seis
doctorados y un programa de especialización; así
como numerosos diplomados y cursos.
A toda esta oferta académica se sumó en 2002 el
modelo educativo virtual Ibero Online, a través del
cual se imparte una serie de cursos, diplomados y
maestrías en línea.
Entre la tradición y la vanguardia, el doctor
Morales examina con Crónica la situación de la
educación en México, tema que, como consta en esta
entrevista, le apasiona y conoce a detalle.
—¿Cuál es su diagnóstico de la educación en México?
—Aunque la capacidad de cobertura del sistema
educativo en México ha aumentado en los últimos
años, no es verdad que se tenga la cobertura total
en educación básica. De acuerdo con estudios al
respecto, la cobertura es de 90 por ciento. Aunque
el rezago educativo en México no está aumentando, la
verdad es que tampoco está disminuyendo. Al menos 40
por ciento de los jóvenes de 15 años están fuera del
sistema educativo en estos momentos, y lo más
preocupante es que, a medida que pasen los años, la
pirámide de población va a ejercer más presión sobre
estos grupos, y con ello aumentarán los problemas de
cobertura.
—¿En educación superior también falta cobertura?
—En Educación Superior es también preocupante. El
sistema sólo atiende a 23 por ciento de los jóvenes
en condiciones de estudiar una carrera, e igual que
en las preparatorias, cada año va a aumentar la
demanda. En términos competitivos, el rezago de
México en relación con los países en condiciones
similares de desarrollo es de aproximadamente 50 por
ciento. Hay lo que podríamos definir como un
desequilibrio ascendente, y el reto más grande se va
a enfrentar en educación superior en las próximas
décadas.
—¿Cómo estamos en términos de calidad?
—A lo anterior hay que añadir el rezago que ya
traemos. Al menos 30 millones de mexicanos adultos
se encuentran en franco rezago educativo. Por eso,
otro problema importante es el deficiente
rendimiento de nuestras escuelas. Exámenes
nacionales e internacionales demuestran que en
México los alumnos no cuentan con las capacidades y
habilidades que el grado académico acreditado
supone. Por ejemplo, en relación con el manejo
adecuado de la propia lengua, en nuestro caso el
español, estamos tres veces por debajo de la media
de la OCDE, y también hay grandes deficiencias en la
capacidad de análisis crítico y resolución de
problemas. De acuerdo con los exámenes de salida del
Ceneval, evaluamos 22 carreras y sólo en seis de
ellas, el 20 por ciento de los estudiantes alcanzan
el nivel de calidad sobresaliente o suficiente para
ser competitivos.
—¿Cuál es el origen de estos problemas?
—No se puede atribuir todo el problema del rezago
educativo a la crítica situación económica. La
verdad es que hay un rendimiento escolar muy
deficiente, y es evidente que con los mismos
recursos que se gastan actualmente, se puede hacer
más y de manera eficiente.
—¿Pero sí hay un problema económico de fondo?
—Claro. En secundaria los problemas son más graves
porque ahí se agudizan las necesidades económicas y
los padres encuentran que es mejor poner a sus hijos
a trabajar para ayudar al ingreso familiar. En ese
nivel, se dice que también influye lo inadecuado del
programa de estudios, por lo que la reforma en
proceso pretende disminuir el número de materias que
se cursan en esta etapa. Yo estoy convencido de que
el problema económico es lo principal. Sin duda,
puede ayudar hacer más pertinentes los programas de
estudios, pero sólo es un arreglo coyuntural, y es
necesario ir al fondo del problema.
—¿Se enseña lo adecuado en las escuelas mexicanas?
—Otro problema grave es que la educación es
demasiado uniforme. No es lo mismo enseñar en la
ciudad de México que en la Sierra de Puebla. Las
necesidades, el contexto y las formas didácticas
deben ser atendidas y resueltas en forma especial
para que los alumnos reciban educación más
equitativa.
—Son muchos los problemas… ¿hay algo que deba
conservarse?
—Precisamente es en los programas que han tenido
continuación, como el Plan de 11 años para la
expansión de primaria, o el programa de mejoramiento
de la educación básica, así como la
descentralización educativa, que han mostrado
plenamente que la planeación a largo plazo es lo
mejor, y que la cobertura sin calidad no lleva a la
equidad.
—¿Hubo algún momento en la historia reciente que se
hicieron malas decisiones en materia educativa?
—Es muy difícil identificar un solo momento en que
las cosas empezaran a ir mal en educación. Más bien
ha sido un continuo ir acumulando rezagos y
complicando las presiones demográficas y económicas
sobre el sistema. Aunque algunas cosas se han
logrado, como contener el rezago educativo, la
verdad es que hay una dificultad para retener a los
jóvenes en el sistema, en los que se juntan los
aspectos económicos con el mal diseño de los
programas, algo que ha sucedido al paso de los años.
—¿Qué opina del centralismo en materia educativa?
—Las escuelas que no han sido tan obedientes han
alcanzado, vía adecuación de programas realizados
por los profesores, mejores resultados que aquellos
—la mayoría— que se apegan a una política que no
saben de dónde vino. Sería importante darle mayor
autonomía al director para decidir algunos de los
aspectos académicos, sin apartarse desde luego de un
mínimo de conocimientos y habilidades en el año
escolar correspondiente.
—Pero han cambiado mucho los programas en los
últimos 40 años…desaparecieron civismo, por ejemplo.
—Es un buen ejemplo. Antes, esta materia se daba
desde los primeros años, y en ella se incluía
valores cívicos, responsabilidad, conocimiento y
apego a lo mejor de nuestros valores históricos y
sociales. Poco a poco se fue diluyendo en otras
materias. Deberían volver a estos contenidos, pero
la verdad es que los valores no se aprenden en los
libros, y en Internet; se contagian. Ahí radica la
trascendencia del papel de los profesores. Después
de los padres, es con quienes los niños y jóvenes
pasan más tiempo en las etapas cruciales de la
formación. Por ello, es vital que los profesores
cuenten con una intachable integridad personal,
coherencia de vida. Pero desgraciadamente, no
siempre es así.
—¿Hay una crisis de vocación en los profesores?
—El maestro debe recuperar la vocación, ya que,
aunque sin duda hay excelentes profesores, un alto
porcentaje son maestros por necesidad. Sé que se oye
muy fuerte, pero existen en las escuelas muchos
mercenarios de la educación, de los que es muy
difícil esperar que puedan transmitir los valores
que necesitamos. También es verdad que se han
realizado esfuerzos serios por apuntalar la
formación de los profesores, pero sería adecuado
lograr que los maestros improvisados —que todavía
hay en muchos lugares— tuvieran al menos alguna
licenciatura.
—Se dice que no hay quien los vigile
—Un problema importante radica en la dirección,
supervisión y evaluación de las instituciones
públicas, en los que el sindicato ha permitido que
los cargos clave no recaigan precisamente en las
personas más capacitadas, sino por escalafón. Aunque
existe un acuerdo entre la Secretaría de Educación
Pública y el Sindicato Nacional de Trabajadores de
la Educación (SNTE) de que se pondrían a concurso
las plazas de directores y supervisores, no hay
evidencia de que esto esté teniendo algún impacto, y
no será real hasta que se plasme en el contrato
colectivo que rige la relación laboral. Mientras, la
verdad es que no tienen a las mejores gentes en los
cargos más importantes, y sólo se solucionará si se
logra ir llegando a acuerdos con los profesores, en
los que se ponga como aspecto central a los alumnos,
no los intereses gremiales o políticos. Avanzaremos
si logramos que sea la escuela y no las políticas
federales el centro de acción de las políticas
públicas.
—¿Se ha descuidado la preparación de los profesores?
—Es que no debe limitarse la preparación de los
profesores a su capacidad de transmitir
conocimientos. Es necesario fortalecer la formación
del profesor como persona. Debe darse un giro para
que sea el alumno y no el profesor el actor más
importante de la enseñanza. Más que transmitir
conocimientos, enseñar a aprender. Más que
memorizar, hacer que los niños tengan interés por
aprender, y que este interés se mantenga toda la
vida. La clave es lograr que el alumno sea el agente
de su propia formación. Construir hábitos que logren
una cultura de formación permanente.
— Para los 30 millones de adultos en rezago y para
quienes no aprendieron esto… ¿es demasiado tarde?
—Se dice que una persona después de cierta edad está
formada o deformada, pero no creo que sea imposible
lograr avances. Sin embargo, el énfasis hay que
ponerlo en las edades en las que los niños y
adolescentes son como una esponja, flexibles, cuando
no les cuesta trabajo aprender y no se ha perdido la
capacidad de crear hábitos. Incluso aquí, en la
Universidad, ya encontramos que los alumnos traen,
de sus casas y de su educación previa, ciertos
hábitos inadecuados y resulta más difícil lograr la
modificación. En aspectos como transparencia,
honestidad, responsabilidad y solidaridad, el
trabajo importante es en primaria y secundaria. En
la universidad, se pueden consolidar y reforzar esos
valores, y ayudar a las personas a confrontar las
falsas jerarquías de valores. Aunque uno puede
reestructurar la jerarquía de valores en la vida
adulta, lo mejor es construirlos desde la edad
temprana.
—¿Hay que revisar entonces la pertinencia de los
programas de estudio?
—En general, los programas educativos en México son
pertinentes, con excepción de algunas áreas rurales,
donde habría que adecuarlos a ciertas
características. El problema es que los maestros no
siguen los planes, algunos porque no quieren y otros
porque no pueden. En educación superior, la UIA hace
un gran esfuerzo por poner al día los contenidos de
licenciatura y posgrado, para que respondan mejor a
las necesidades del desarrollo de México. Sin
embargo, en algunas instituciones, la improvisación
de los maestros en la vida cotidiana hace
ineficientes los esfuerzos de modernización y
adecuación de planes de estudio.
—Pero las instituciones también tienen fallas en ese
sentido...
—En los últimos años han proliferado
indiscriminadamente las instituciones de educación
superior, algunas de ellas con el mínimo de calidad
y con claros fines de lucro. Ante la falta de
cobertura pública en educación superior, lo que está
sucediendo es que consorcios extranjeros han
adquirido redes de universidades mexicanas, muchas
de ellas interesadas únicamente en la parte
lucrativa de la educación.
—La oferta educativa es la correcta, o hay
demasiados abogados, contadores…
—Un fenómeno que se ha agudizado recientemente es la
dificultad que tienen los jóvenes para elegir
carrera, y en general para tomar decisiones de vida.
No saben hacer decisiones definitivas y
comprometerse. Cada vez se casan a mayor edad, y
viven lo que se puede definir como adolescencia
retardada. Es parte de la cultura juvenil actual.
Cuando eso se refleja en la decisión vocacional, se
encuentran además que hay una deficiencia en la
orientación formal, padres que influyen más por
motivos y preferencias personales que por contar con
información. La SEP todavía no logra una política
que permita reorientar el tipo de carreras que deben
ofrecerse, y nadie se atreve a decir que ya no deben
estudiar para Contador Público. Es terrible que
algunos profesionistas ganen más, o simplemente sí
encuentren trabajo de taxistas, que lograr
desempeñarse en su carrera, pero tienen razón. Hay
que sobrevivir.
—Entonces, ¿qué carreras deben ofrecerse?
—Es complejo. Aquí podemos dar cuenta que la
Ingeniería Civil está a la baja, y nadie puede dudar
de la necesidad de contar con ingenieros civiles. El
problema es que no hay obras de infraestructura
grandes, y en muchos casos, las realizan compañías
extranjeras que tienen proyectos que incluyen el
financiamiento, y traen a sus propios ingenieros. De
nada de eso tienen culpa las universidades. En la
UIA estamos dando perfiles más completos a algunas
carreras. Por ejemplo, a contaduría pública le
añadimos finanzas; se creó la ingeniería en
mecatrónica, que une la mecánica con la electrónica.
Hay carreras como Recursos Humanos que están siendo
tomadas por los administradores de empresas. Muchas
universidades hacemos el esfuerzo por hacer más
pertinentes las carreras para el desarrollo.
—¿Y qué hay de la ciencia y la tecnología?
—En México, no existe la cultura de invertir en
investigación. No se hace en la proporción adecuada,
y por más que se dice en el discurso que la
educación es la prioridad, la inversión va a la
baja. Esto nos hará cada vez más dependientes, y
mientras, otros países y las grandes empresas tienen
sus propios centros de investigación. Es necesario
hacer crecer la vinculación empresa-universidad,
invertir en la formación de recursos humanos
calificados y ser atractivos para esta actividad
que, por otro lado, crece aceleradamente en el resto
del mundo.
La Crónica de Hoy
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