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Los riesgos
del trabajo: a
dos años de la
primavera de
2004
por
Osvaldo R.
Burgos
abogado
laboralista
El caos
sistémico, los
puntos
conflictivos y
las
inconstitucionalidades
futuras.
Se cumplieron 75 años de
un acontecimiento que
marcó la tónica de la
segunda mitad del siglo XX
en la República Argentina:
el primer golpe de Estado
que derrocó el gobierno
constitucional del
presidente Hipólito
Yrigoyen.
Yrigoyen había asumido por
segunda vez el gobierno de
la Nación con una mayoría
abrumadora: obtuvo el
doble de votos que sus
adversarios. Luego de la
presidencia de Marcelo de
Alvear, el anciano
caudillo radical llegaba
convencido que debía dar
forma definitiva a la
Reparación Nacional que se
había insinuado de 1916 a
1922. Pero desde el día
siguiente al inicio de su
segundo mandato comenzó a
tejerse una sorda
conspiración que
involucraba a los sectores
del privilegio económico
nacional e internacional,
la prensa y sectores
militares más
reaccionarios.
La nota característica de
la segunda presidencia
yrigoyenista es la lucha
por la nacionalización del
petróleo y la acción de
YPF. bajo la dirección del
general Enrique Mosconi.
En agosto de 1929 YPF toma
el mercado petrolero
interno y define el precio
de suministro en
detrimento de las grandes
compañías a la vez que
celebra un contrato con la
empresa Iuyamtorg Corp.
dedicada a realizar el
intercambio comercial
entre la Unión Soviética y
América del Sur. El
contenido de dicho
contrato consistía en que
la Argentina comprara a la
Iuyamtorg nafta y la
empresa se comprometía a
invertir lo percibido en
productos argentinos
derivados de la ganadería,
la agricultura y la
industria nacional, lo
cual no produciría la fuga
de oro del país. La nafta
soviética vendría a
suplantar la importada sin
molestar la producción de
YPF y además el Estado
argentino se reservaba la
facultad de reducir la
cantidad de nafta a
importar si la producción
de YPF aumentase y hasta
la opción de rescindir el
contrato si así le
conviniera. Las ventajas
eran más que evidentes, el
contrato con Iuyamtorg
significaría un desalojo
total de las compañías
extranjeras,
principalmente la
norteamericana Standard
Oil.
Pero para evitar el avance
y penetración de la
Standard Oil, se
necesitaba la ley de
nacionalización del
petróleo, y de esta manera
se aseguraba el país la
propiedad de su riqueza,
el monopolio de su
explotación, transporte y
comercialización.
La ley de nacionalización
del petróleo -como otras
iniciativas progresistas
de Yrigoyen- había sido
aprobada en Diputados pero
sufrió la obstrucción de
los conservadores en el
Senado.
La campaña de
desestabilización y
desprestigio de Yrigoyen y
su administración hizo uso
abusivo de la absoluta
libertad de expresión y de
prensa imperantes y
adjudicó al presidente
radical debilidad y falta
de actividad. Sin embargo,
en el bienio1928/1930 el
Boletín Oficial acusa la
producción de 2918 actos
-Decretos-del Poder
Ejecutivo y 8529
resoluciones
ministeriales, sobre
diversos temas de
administración.
Los Decretos
presidenciales se
subdividen según el área
de gobierno en: Interior
316; Relaciones Exteriores
y Culto28, Hacienda 504,
Obras Públicas 380,
Agricultura 80, Justicia e
Instrucción Pública 882
Guerra 550 y Marina 176.
Es difícil creer que un
presidente que en dos años
produce casi tres mil
decretos se encuentre en
un estado de letargo o
alelamiento.
Entre las medidas de
gobierno más importantes
se destacan la creación de
más de seiscientas
escuelas, la ley de
creación del Banco
Agrario, la ley de
arrendamientos agrícolas,
el decreto del Ferrocarril
a Huaytiquina, el nuevo
impulso a la Reforma
Universitaria, haber
sentado las bases de la
Marina Mercante nacional y
la creación de los
institutos de la
nutrición, del petróleo y
del cáncer. En el plano de
las relaciones
internacionales ejerció la
defensa de nuestra
dignidad nacional por el
valor soberano que emana
de la autodeterminación de
los pueblos y fomentó la
confraternidad americana y
mundial.
En septiembre de 1930 el
producto bruto de nuestro
país era el 50 por ciento
del de toda América
latina. El domingo 7 de
setiembre debían
realizarse elecciones en
Mendoza y San Juan para
normalizar las situación
de ambas provincias que
estaban bajo la
intervención federal, de
las cuales surgirían
gobernadores radicales y
cuatro senadores que
colocarían a la UCR
yrigoyenista a sólo 1 voto
de obtener mayoría en la
cámara alta.
Pero un sonido metálico y
siluetas marciales
asomaron en Buenos Aires
en la madrugada del sábado
6, sonido que puso fin a
una época y cambió para
siempre la historia
argentina. Para peor. |