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La organización del futuro
(I)
por
Jeffrey
Pteffer
Titular de la
cátedra Thomas 0. Dee de
Conducta Corporativa en el
posgrado de administración
de empresas de la
Universidad de Stanford.
Es autor de
Organizations and
Organization Theory, Power
in Organizations,
Organizational Design,
Managing with Power:
Politics and Influence in
Organizations
and
Competitive Advantage
Through People: Unleashing
the Power of the Work
Force.
Es coautor de
The External Control
of Organizations: A
Resource Dependence
Perspective,
y de más de
noventa artículos y
libros.
¿COMETERÁ
LA ORGANIZACIÓN DEL FUTURO
LOS ERRORES DEL PASADO?
Los
norteamericanos no suelen
saber mucho de historia ni
prestarle demasiada
atención. Los que menos
saben de esto parecen ser
los autores de trabajos
sobre administración de
empresas. Se nos bombardea
con descripciones
entusiastas de la
organización virtual, la
organización en red y la
organización sin limites.
Se nos habla del "nuevo
contrato de trabajo”, una
manera elegante de
decirnos que las carreras
de largo plazo en una sola
organización son cosa del
pasado y todos somos
prescindibles. Se presenta
a cada una de estas
presuntas innovaciones con
bombos y platillos, como
el gran remedio para todos
(o al menos casi todos)
los problemas de
competitividad y cambio
que acosan a las
organizaciones
contemporáneas.
El gran
problema es que las
"nuevas" formas
organizativas no son
nuevas en absoluto. Al
contrario, así se
organizaban las empresas
hace más de un siglo. Lo
mismo es cierto de los
"nuevos" contratos
laborales. Mucho antes de
que hubiera mercados de
trabajo internos y
escalafones jerárquicos ,
mucho antes de que
existieran los contratos a
largo plazo entre
empleadores y empleados,
el trabajo estaba
organizado como un mercado
temporario, aunque sin la
ayuda de Manpower y las
demás agencias y
contratistas que existen
hoy. Además, créase o no,
existen pruebas de que ¿
el ambiente competitivo
y el avance
tecnológico eran más
dinámicos y estresantes en
periodos anteriores de la
historia económica que en
la actualidad. El
desconocimiento del pasado
tiene un coste real, ya
que muy probablemente
quien no comprenda la
evolución de las
organizaciones y de la
relación laboral hasta el
presente tenderá a cometer
antiguos errores. En el
afán de buscar lo nuevo y
lo que está de moda,
solemos pasar por , alto
las virtudes, como los
defectos, de ciertas
estructuras organizativas.
La comprensión profunda de
la historia beneficia a
los líderes de tres
maneras: primero,
adquieren una perspectiva
nueva al comprender que lo
que parece nuevo en
realidad es viejo;
segundo, les permite
descubrir los costes
ocultos de las estructuras
"nuevas" (y adviértase que
cuando terminan de
aprender, bien pueden
haberse convertido en
ejemplos históricos) ; y
tercero, comprenden los
pasos que deben tomar para
lograr una ventaja
competitiva sostenida y
evitar dejarse arrastrar
por modas efímeras.
Breve historia de la
economía
Antes de
que existieran las
organizaciones, ya había
mercados. En una economía
en la cual más del 90 por
ciento de las personas
trabaja para otros, la
idea de ser un empleado no
tiene nada de
extraordinaria. "Olvidamos
que en una época, la idea
de depender totalmente de
un salario había sido
rechazada durante siglos
por aquellos que se
consideraban hombres
libres", escribe el
historiador del trabajo
Christopher Hill en un
articulo de la revista
Pasr and Present. A
fines del siglo XVIII, el
sistema llamado “enviar
trabajo afuera” había
aparecido en la
manufactura textil y se
había extendido a otras
ramas. En este sistema, el
trabajador era dueño de
sus herramientas y
establecía su horario de
trabajo. El comerciante
empresario era dueño de la
materia prima y vendía el
producto terminado ce el
mercado. Éste e.ra
esencialmente un
comerciante, un
intermediario entre los
productores de las
diversas piezas, el
producto final y el
mercado.
Este
sistema fue reemplazado
finalmente por el de la
contratación interna, que
creó los talleres de
trabajo centralizados. Sin
embargo, los que
trabajaban en los talleres
eran independientes de los
dueños de éstos. "Los
contratistas internos
acordaban... fabricar una
parte del producto y
recibir un cierto precio
por cada unidad terminada
– escribe el economista
Dan Clawson en
Bureaucracy and the Labor
Process-. Los
contratistas internos
controlaban la producción
en sus sectores, tomaban
empleados y supervisaban
el proceso de trabajo.” El
sistema de contratación
interna fue utilizado por
fabricantes célebres como,
máquinas de coser Singer,
Pratt 8c Whitney,
los plateros Reed 8c
Barton y locomotoras
Baldwin.
Cuando
empezaron a contratar
trabajadores, estas firmas
aún eran muy pequeñas, y
la relación laboral era
más bien efímera, similar
a la del mercado de
trabajo temporario. Por
ejemplo, en la historia de
la Ford Motor de Robert
Lacey, titulada Ford:
The AIen and the DIachine,
se dice que en 1913
la rotación de empleados
en la planta de High Land
Park, Michigan, era de
casi el 400 por ciento.
Cuando los directores
decidieron pagar un
aguinaldo navideño a los
empleados con más de tres
años de antigüedad,
hallaron que sólo 640 de
los 15.000 trabajadores
estaban habilitados para
cobrarlo. De manera que
las características de la
nueva organización la
-ausencia de integración
vertica1 de la producción
y el uso de
empleados contratados y
temporarios – eran la
forma de organización
laboral predominante hace
más de un siglo.
El
desafío de la
competitividad tampoco
es un fenómeno nuevo. Un
estudio de Larry Griffin,
Michael Wallace y Beth
Rubin en American
Sociological Review
observa que entre 1890 y
1928 quebraron casi
600.000 empresas. El
promedio de quiebras del
período es más del doble
que el de la segunda
posguerra. A fines de
siglo también se produjo
una de las oleadas de
fusiones más
impresionantes de la
historia. La cifra
absoluta de fusiones
correspondientes a 1999
y 1929 sólo fue superada
en 1967, y la cifra
relativa fue, desde
luego mucho mas alta que
en 1967, cuando existían
muchas más empresas.
Este agitado panorama
económico suscitó un
interés por los costes y
la productividad que
recuerda al de hoy.
Cuando se le preguntó
qué era lo que más
deseaba, un supervisor
de la mina de hierro
Mesabi dijo: "Reducir el
coste del mineral en un
dólar por tonelada."
Por
último, en una era que
exalta el avance veloz
de la tecnología,
conviene recordar que
hace un siglo fuimos
testigos de la aparición
de la energía eléctrica,
el teléfono y el
telégrafo; la invención
del motor de combustión
interna; la construcción
de la red nacional de
ferrocarriles y otras
invenciones industriales
de magnitud económica
similar. De pronto, los
mercados nacionales y
las comunicaciones
veloces cubrían grandes
distancias. Robert
Eccles y Nitin Nohria
dicen en Beyond the
Hype que según las
estadísticas
suministradas por la
oficina respectiva, el
número de patentes por
millón de habitantes
otorgadas en Estados
Unidos era mayor a
principios de siglo que
en 1as décadas de 1970 y
1980. Casi nada nuevo
hay bajo el sol
del management, dicen
estos autores. La
retórica un vehemente
que se utiliza para
caracterizar tas
tendencias actuales
tiene un efecto
movilizador y
posiblemente sirve para
vender servicios de
consultoría o libros y
artículos, pero no es
demasiado útil para
comprender las
diferencias entre el
mundo de hoy y el de
ayer.
Lecciones
de la historia
La
integración vertical y
la expansión
organizativa obedecieron
a la misma razón que dio
lugar a la relación
laboral las firmas
aspiraban a un mayor
control sobre factores
de incertidumbre que
cumplían un papel
crítico en sus
posibilidades de éxito.
Con respecto a la mano
de obra, era difícil
lograr una ventaja
competitiva a través de
la gente, o siquiera
dirigir la organización,
con altísimos niveles de
rotación y la escasa
lealtad de los empleados
a sus empleadores. La
introducción de la línea
de montaje acrecentó la
interdependencia: la
línea no puede funcionar
si no están ocupados
todos los puestos. El
aumento de la inversión
en bienes de capital
trajo un incremento del
coste provocado por el
tiempo muerto.
Cuando
Henry Ford decidió
ofrecer un sueldo
significativamente
mayor, de cinco dólares
diarios (medida que
mereció una crítica
acerba del Wall
Slreet Journal,
una prueba más de lo
poco que han cambiado
las cosas), su objetivo
no era lograr que
hubiera más personas en
condiciones de comprar
sus automóviles ni
demostrar que era una
buena persona. La
demanda de coches Ford
superaba largamente la
capacidad de la empresa
para fabricarlos, y Ford
quería una mano de obra
fiable, leal, que no
faltara al trabajo, con
el fin de asegurar la
producción. “Henry Ford
solía presentar la
Jornada de Cinco Dólares
como una muestra lisa y
llana de ‘estructuración
en aras de la
eficiencia', sin que la
caridad tuviera nada que
ver' y le
complacía decir que era
'una de las mejores
medidas de reducción de
coste que jamás
tomamos'", dice Lacey.
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