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¿Quien es el Jefe?
por
Pablo Leites
pleites@cordoba.net
periodista cordobés
¿Qué hay detrás de la
frase “el que sabe, sabe y
el que no, es jefe”? A
todos, tarde o temprano,
les llega la hora de
trabajar bajo la órbita de
poder de otra persona, que
por reunir determinadas
condiciones, ocupa un
cargo “ejecutivo”. En
rigor de verdad, en el
mercado laboral, a la gran
mayoría le toca el papel
de subordinado mientras
que son muchos menos
quienes deciden o
“mandan”.
Y aunque el refrán popular
que les endilga poca
capacidad de acción y
muchas ínfulas de poder
suele estar teñido de
valoraciones personales,
no deja de ser cierto que
en la Argentina existe una
cultura del “jefe” más que
del “líder”.
La psicóloga laboral Laura
Del Grande, especializada
en recursos humanos,
sostiene que la diferencia
entre uno y otro no es
menor: “El jefe responde a
un esquema de conducción
antiguo que se maneja
básicamente con
autoritarismo, impidiendo
la participación activa de
los empleados, mientras
que el líder entiende que
se trata de enseñar,
conducir y estimular el
trabajo. Con todo, la
tendencia se está
revirtiendo lentamente en
los últimos años”,
explica.
Para la profesional, el
liderazgo es casi innato,
y si bien no es posible
determinar de manera
absoluta cuáles son las
tipologías del liderazgo
(o los distintos tipos de
jefes), ya que todos
tienen una mezcla de
características, hay
ciertos rasgos
predominantes en cada uno
que, si son observados,
pueden ayudar a
sobrellevar mejor el día
en la oficina y, de paso,
mejorar el rendimiento
individual.
Mi jefe es un
tirano
El coercitivo es, quizás,
el tipo de liderazgo más
extendido en nuestro
mercado laboral, y es el
modelo “clásico”. Al jefe
“se lo reconoce fácilmente
porque pertenece a una
estructura muy
verticalista en la que él
mismo concentra todas las
decisiones –explica Del
Grande– y su mayor
desventaja es que no
permite que afloren nuevas
ideas desde su equipo de
gente, aún cuando tengan
valor, él se va a encargar
de anularlas o cambiarlas
para poder presentarlas
como propias, lo cual por
supuesto afecta el clima
de trabajo”.
Son ultra exigentes y
suelen encontrarse en
empresas familiares o que
han nacido a partir de un
momento de crisis o de
bonanza económica, de
acuerdo a la situación del
país. En caso de trabajar
para uno, el mejor camino
es proporcionarle
resultados y evitar los
enfrentamientos, pero sin
caer en la sumisión, ya
que no toleran la
debilidad.
Con mi jefe, todo
bien
El liderazgo liberal, el
del laissez faire,
es el que se ocupa más de
generar vínculos de
confianza personales que
de concretar proyectos con
su equipo de trabajo. “Se
desorganiza la tarea
porque cada uno hace lo
que quiere y la
permisividad excesiva no
permite que cada cual
cumpla con su papel en la
organización”, afirma Del
Grande.
El lema de este tipo de
jefes es “la persona es lo
primero” y el problema es
que se trata de personas
respetadas y hasta
apreciadas por los
miembros del equipo, pero
que precisan rodearse de
gente muy capaz para
cumplir con sus objetivos.
Quizás su ámbito más
habitual sean las agencias
de publicidad, algo
comprensible si se tiene
en cuenta que el trabajo
creativo precisa de
límites flexibles.
De cruzarse con uno, es
conveniente demostrarle
aplicación en el trabajo
en la misma medida que
aprecio personal, pero no
abusar de su liberalidad,
porque cuando se ven
sobrepasados toman
decisiones drásticas.
Mi jefe es un
maestro
El líder ideal, el
participativo, es el que
propone un ida y vuelta
permanente. “Se trabaja
como el líder enseña, pero
el empleado propone y
construye, porque las
decisiones son
compartidas. Es el tipo de
jefe que proporciona un
excelente clima de trabajo
y puede generar un equipo
de personas motivadas”,
asegura la especialista,
aunque reconoce que en la
realidad se da en muy
pocas empresas, en gran
medida porque los
empresarios suelen pensar
que se pierde tiempo y
recursos en la tarea de
consensuar las decisiones.
Estos líderes son expertos
en sincronizar los
objetivos de empresa y
trabajadores y, en nuestro
país, suelen ser
seleccionados por algunas
firmas multinacionales. De
contar con un profesional
así de preparado, conviene
aprovechar la oportunidad
de crecer laboralmente, ya
que por lo general son
personas generosas en
cuanto a brindar lo que
saben.
Y no es todo
Hay que tener presente que
nunca se estará en
presencia de un tipo de
liderazgo puro, sino que
los jefes tendrán un rasgo
predominante que coincide
con alguno de los tipos
descriptos, en combinación
con otros.
Además, entre estos tres
tipos de líderes (o jefes)
hay matices: los
burócratas, esos que dan
más importancia a seguir
las reglas que a encontrar
soluciones; los
trepadores, que no vacilan
en manipular a los demás
para anotarse logros; los
inseguros, que buscan sólo
ser complacidos, y los
“duros”, capaces de
cualquier cosa con tal de
no demostrar debilidades.
¿Cuál es el tuyo?
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