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31 de Mayo 2006
España:
el sector del motor reclama
formación para sobrevivir
Es difícil que
coincidan fabricantes de vehículos y sindicatos,
representantes de sus trabajadores. Sin embargo,
aunque cada parte reclama determinadas medidas,
todos coinciden en afirmar que el sector del
automóvil le faltan planes de formación para sus
trabajadores, lo que perjudica a la competitividad
de la industria española y pone en peligro su futuro
a medio-largo plazo.
El Observatorio Industrial del sector de fabricantes
de automóviles y camiones, en el que participan el
Ministerio de Industria, la asociación de
fabricantes (Anfac), los sindicatos UGT y CCOO y los
centros tecnológicos, presentó ayer por la tarde
conclusiones. En ellas reclama a la administración,
además de planes concretos de formación, más
incentivos fiscales a las políticas de Investigación
y Desarrollo, flexibilidad laboral, reducción de
temporalidad en las plantas y medidas para
rejuvenecer las plantillas (un tercio de los
empleados tiene más de 50 años).
Más medidas
Las empresas fabricantes, a través de su
asociación (Anfac) reconocen que se encuentran en un
momento "débil", según reconoció su presidente, Juan
Antonio Fernández de Sevilla. En el informe,
concluyen que la industria nacional se encuentra en
un "sandwich", entre los países donde están las
sedes de las empresas (Francia y Alemania sobre
todo) y los de Europa del Este, donde producir
coches es más barato. Por ello, considera que se
deben tomar medidas, entre las que destaca el
fomento de la Investigación y Desarrollo, mejorar la
flexibilidad, la adopción del contrato relevo (por
el que entra, progresivamente un trabajador joven en
el lugar de uno mayor que se prejubile) y la
reducción del absentismo laboral.
Los sindicatos, por su parte, creen que no se
fomenta lo suficiente la contratación indefinida en
el sector, a pesar de tener un alto índice de
trabajadores indefinidos, y sostienen que la
"flexibilidad laboral" (trabajar más cuando el
mercado lo requiere) rige una negociación colectiva
"muy estructurada", lo que puede dificultar las
negociaciones con las empresas.
El Economista
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