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El empleado entusiasta
(I)
por David Sirota. "El
empleado entusiasta: Como
se benefician las empresas
en dar a los trabajadores
lo que quieren" de Wharton
School Publishing. Libro
completo.
Introducción
Es un fenómeno bien
conocido el que la inmensa
mayoría de los individuos,
cuando empieza a trabajar
en una nueva empresa, lo
hace siempre lleno de
entusiasmo y energía. Sin
embargo, siempre aparece
un pequeño porcentaje de
personas problemáticas que
son
descritas como alérgicas
al trabajo y que, en
realidad, nunca deberían
haber sido contratadas.
En ese momento es cuando
nace un problema, cuando
los responsables de
Recursos Humanos de las
empresas generalizan el
comportamiento de este
reducido grupo y piensan
que todos los trabajadores
se comportan igual que
este núcleo de
inadaptados. Para intentar
solucionarlo, crean un
ambiente hostil y
represivo que lo único que
consigue es que la "luna
de miel" inicial
generalmente se
transforme, al cabo de los
seis meses de haber
comenzado un nuevo
trabajo, en una profunda
decepción.
Este libro trata de
recuperar el entusiasmo
malogrado de los
trabajadores.
El objetivo no es
conseguir de manera
simplista que los
empleados vivan en un
"mundo feliz", sino que
ese entusiasmo y energía
se canalicen de forma
adecuada para conseguir un
buen ambiente de trabajo,
que genere ventajas frente
a la competencia y que se
traduzca en resultados
tangibles a largo plazo.
¿Qué quieren los
empleados?
La mayoría de las teorías
acerca de lo que quieren
los empleados parten de la
base de que esas
necesidades cambian
continuamente y dependen
de la época histórica en
que les toca vivir. En
multitud de libros y
artículos se presentan
infinidad de argumentos
para intentar demostrar
que existen diferencias
sensibles entre las
necesidades y expectativas
de la generación actual
frente a las precedentes.
Así, por ejemplo, ciertos
libros (ciertamente
sugerentes) intentan
explicar las divergencias
entre la generación
idealista de los años 60
(los "baby boomers"), que
estaba en contra del
trabajo "deshumanizado", y
la nueva generación de
empleados (la "Generación
X"), que busca conseguir
altas cotas de libertad
individual y desprecia la
lealtad a los valores
tradicionales de la
empresa.
Por el contrario, los
autores de este libro
defienden que lo que
motiva a los empleados es
universal y no cambia en
función de los
estereotipos
generacionales. En su
opinión, muchas teorías
confunden lo anecdótico
(como los hábitos de vida
que se tienen, la ropa que
se usa o la música que se
escucha) con las
expectativas reales en el
momento en que se entra en
el mercado de trabajo.
Fruto de sus
investigaciones a lo largo
de su dilatada trayectoria
profesional (que incluyen,
entre otros trabajos,
entrevistas a más de 2,5
millones de empleados
pertenecientes a 237
empresas situadas en 89
países del mundo), los
autores estiman
concluyente que, como
media, al 76 % de los
trabajadores les gusta el
trabajo que desarrollan y
disfrutan con las
actividades que realizan.
Esta evidencia empírica
echa por tierra la
creencia, tan arraigada en
el subconsciente
colectivo, de que la
mayoría de los
trabajadores se encuentran
frustrados y descontentos
con lo que hacen. Sin
embargo, ¿cómo es posible
que, aun gustándoles el
trabajo que hacen, haya
trabajadores mucho más
motivados que otros?
¿Dónde se encuentra la
línea que diferencia a
unos de otros?
Para dar respuesta a este
enigma hay que analizar
con detenimiento
los auténticos objetivos a
los que todos aspiramos a
la hora de decidir ligar
nuestro futuro profesional
a las metas empresariales
de una organización. Los
autores han identificado
los tres objetivos básicos
y universales que persigue
todo empleado y que
influyen de forma directa
en la motivación que se
tiene en el puesto de
trabajo:
- Conseguir un trato
equitativo.
- Obtener reconocimiento
por la tarea desempeñada.
- Disfrutar del trabajo en
equipo.
La clave para mantener
alta la moral de los
empleados y aumentar los
resultados empresariales
pasa por comprender este
trío de objetivos y
establecer unas políticas
dentro de la organización
en sintonía con los
mismos.
Lo primero que pretende
conseguir el trabajador es
un trato equitativo y
justo a cambio del trabajo
que realiza. No se trata
de un objetivo meramente
transaccional, como podría
ser obtener una cierta
seguridad en el empleo o
un salario justo y
equiparable al que ofrecen
otras empresas del sector.
Incluye también otras
aspiraciones de índole
física o psíquica, como
exigir unos determinados
estándares de higiene y
seguridad en el puesto de
trabajo o una razonable
adecuación entre la vida
laboral y personal.
Por otra parte, los
trabajadores aspiran a
recibir el reconocimiento
al trabajo realizado. En
primer lugar, el empleado
tiene necesidad de
sentirse parte importante
dentro del proyecto global
de su empresa.
Sin lugar a dudas, el
sentirse orgulloso de la
organización para la que
se trabaja es el mejor
antídoto contra la apatía
y la desilusión laboral.
El empleado pone a
disposición de la empresa
todo su arsenal de
habilidades y
conocimientos para llevar
a buen puerto las tareas
que se le encomienden, y
exige que se le dé la
oportunidad de completar
su formación en aquellos
ámbitos donde se encuentra
menos seguro. Cuando ha
llegado a la meta trazada,
busca obtener el
reconocimiento al trabajo
bien hecho. Las muestras
de gratitud pueden variar
desde un simple "gracias"
expresado por el superior
jerárquico, hasta una
compensación económica por
el objetivo alcanzado.
Por último, la mayoría de
los trabajadores busca
establecer relaciones
interpersonales basadas
principalmente en la
cooperación con el resto
de compañeros. En muchas
de las encuestas de
investigación laboral se
incluye esta pregunta:
¿Qué es lo que más le
gusta del hecho de
trabajar en esta empresa?
Una de las respuestas más
frecuentes y consistentes
es que lo mejor del
trabajo son los propios
compañeros.
La interacción positiva
con el resto de empleados
no solamente es
gratificante en el ámbito
personal, sino que resulta
esencial para la propia
salud mental del
trabajador. En muchas
ocasiones se olvida que
las empresas no funcionan
únicamente como máquinas
para hacer dinero, sino
que también permiten
satisfacer parte de las
necesidades emocionales y
sociales de sus empleados.
Cuando estos tres
objetivos fundamentales
que todo empleado busca se
ven satisfechos, ocurre
algo único, extraordinario
y excepcional: aparece el
ENTUSIASMO. Este lleva
irrevocablemente a la
motivación y esta a
cumplir las expectativas
empresariales de
crecimiento.
Es importante destacar que
la existencia de
trabajadores entusiastas,
con una moral irreductible
y altamente productivos es
imposible si estos tres
objetivos básicos y
universales no se ven
satisfechos en su
conjunto. Por otra parte,
resulta evidente que cada
uno de esos objetivos
sirve a necesidades
distintas y, por lo tanto,
no es posible sustituir
unos por otros.
Imaginemos a un empleado
que muestra su descontento
por lo que
considera un salario
inadecuado según su
experiencia o rendimiento:
la decepción del
trabajador solamente podrá
ser corregida con un
aumento de sueldo. De
forma similar, si un
trabajador se encuentra
insatisfecho con el
trabajo que realiza porque
lo considera aburrido, la
solución lógica será
trasladarle a un
departamento más creativo,
y de nada serviría
aumentarle el salario con
el propósito de reducir su
sentimiento de monotonía.
Objetivo Nº1:
trato equitativo
Establecido el primer
objetivo. (obtener un
trato justo y equitativo),
la investigación se dirige
a indagar sobre cuáles son
las mejores prácticas que
facilitan el entusiasmo de
los trabajadores en
aspectos como el salario,
los beneficiosno
directamente ligados con
este, la sensibilidad de
las empresas frente a los
despidos, las condiciones
de seguridad en la empresa
o la igualdad de
oportunidades laborales.
Seguridad en el
trabajo
Las nuevas
técnicas de gestión (como
el downsizing, puesto de
moda en los 90) han creado
la sensación de que es una
falacia el que los
empleados sean "el mejor
activo" de las empresas.
De todos es conocido el
fenómeno de organizaciones
que, aun sumando
beneficios año tras año,
despiden a gran cantidad
de trabajadores con el
"sano" objetivo de
recortar costes. Los
despidos masivos están a
la orden del día, siempre
se anuncian a bombo y
platillo y van acompañados
de sustanciosas subidas en
la cotización bursátil de
esas empresas.
No existe evidencia
empírica concluyente de
que los despidos logren
reducir de manera
significativa los costes
de las empresas y que con
ello el valor de las
acciones se modifique al
alza a largo plazo. De
hecho, si observamos la
cotización de las mayores
empresas de Estados Unidos
que siguieron estrategias
de downsizing en los años
90, se puede comprobar que
las acciones solamente
aumentaron su valor en
bolsa en el transcurso de
los seis primeros meses
tras los despidos en masa.
Además, su rendimiento
frente a índices como el
Standard&Poors fue
claramente inferior a
largo plazo.
Las decisiones
relacionadas con los
despidos de personal
lanzan una señal
inequívoca a los
trabajadores de cómo la
empresa "ve" a su gente:
los empleados pueden ser
considerados como activos
a los que cuidar o como
meros generadores de coste
de los que se puede
prescindir en cualquier
momento. La gente
reacciona negativamente
ante la pérdida de
seguridad en el empleo y,
consecuentemente, el
primer objetivo, el trato
equitativo, se tambalea.
Mucho más cuando esos
despidos de producen en
circunstancias
desagradables, como la
falta de indemnización o
el despido sin previo
aviso.
Por lo general, las
empresas utilizan los
despidos como parte de su
estrategia de gestión más
que como un último recurso
ante situaciones de
crisis. Existe una nueva
tendencia que preconiza
que las empresas deben
respetar el anhelo de
seguridad de sus empleados
no como un simple gesto
"humanitario", sino como
la mejor forma de mantener
el entusiasmo y los
beneficios que esta
situación reporta. En
palabras de Lester Thurow,
del MIT: "Los despidos son
dolorosos y caros. Si
fuera posible habría que
evitarlos. Las razones
para ello son claras y
para muchos evidentes: hay
que indemnizar a los
despedidos; las
inversiones hechas
previamente en formación
se esfuman; cuando mejora
la situación económica de
la empresa, no se puede
rescatar a los empleados
más cualificados; y, por
último, la moral de los
que se quedan se ve
afectada, ya que no están
dispuestos a luchar en
tiempos difíciles por una
organización que les trata
como mera mercancía."
Hay empresas de éxito que
han decidido evitar o
minimizar el impacto
negativo de los despidos.
La compañía aérea
Southwest Airlines nunca
ha despedido a un solo
trabajador. Incluso tras
los graves sucesos del 11
de Septiembre del 2001 su
CEO, James F. Parker,
comentó que "estamos
preparados para sufrir el
impacto [de los
atentados], incluso en la
cotización de nuestras
acciones, pero
protegeremos el empleo de
nuestra gente".
En Federal Express, por
ejemplo, el lema que guía
la estrategia de la
empresa es "Gente,
Servicio, Beneficio". En
primer lugar se sitúan los
empleados. Y no es mera
retórica, puesto que
Federal Express mantiene
el compromiso de no
despedir a ningún empleado
salvo que concurran
circunstancias
excepcionales y siempre
previa autorización
expresa del director
general de la compañía.
Está claro que no despedir
bajo ninguna circunstancia
a los trabajadores podría
poner en peligro la propia
supervivencia de la
empresa, pero en opinión
de los autores, las cosas
se pueden hacer bien.
¿Cuáles son las
alternativas? Existen
cinco principios básicos
que, aplicados
correctamente, consiguen
mantener el entusiasmo de
la plantilla: agotar todas
las posibilidades antes de
despedir a nadie; proponer
los despidos voluntarios
en el caso de que los
despidos sean inevitables;
tratar los ceses con
generosidad y cuidado
cuando estos son
inevitables y no existen
personas para salir
voluntariamente de la
compañía; comunicar la
situación de las cesantías
de forma continua, honesta
y a lo largo de todo el
proceso y, por último,
tratar de minimizar el
impacto entre los que se
quedan.
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