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El Gran
Experimento
chino
por
Horace Freland
Judson
es autor de
cinco
libros,
entre los
que está:
The Right
Day qf
Creation, una
historia de
la biología
molecular,
publicada en
1979, que
todavía está
a la venta.
Publicado en
Revista EOI
- Innovación
Abirl de
2006 (Madrid
- España)
Pág. 79 a 89
China está jugándose su
salud económica para
convertirse en líder
mundial en las ciencias,
pero, ¿tendrá éxito?.
China es una catástrofe
económica en ciernes.
China está en
condiciones de
convertirse en la mayor
economía del mundo en
2025. Estas dos
afirmaciones son
ciertas. Constituyen el
contexto que debemos
comprender para evaluar
correctamente lo que los
chinos están tratando de
hacer en las ciencias.
Cuando Den Xiao Ping
llegó al poder a
principios de la década
de 1980, China era un
país del Tercer Mundo,
con su vasta población
sumida en la pobreza,
atrapada por fracasos
económicos masivos y
rigideces estructurales.
Deng decidió que China
debía tener las ventajas
de las formas
capitalistas de
inversión y competencia.
Declaró también que el
fundamento de la
grandeza económica y,
por tanto, nacional es
la ciencia y la
tecnología. Un cuarto de
siglo después, el
dinamismo de la economía china carece de
precedentes: acero,
automóviles, juguetes,
productos textiles,
electrodomésticos,
etcétera. Las
estadísticas oficiales
muestran el crecimiento
anual del producto
interior bruto: el 7,5%
en 2001; el 8,3% en
2002; el 9,3% en 2003;
el 9,5% en 2004. Algunos
economistas occidentales
creen que los
porcentajes reales han
sido significativamente
superiores. En todo
caso, todo el mundo está
de acuerdo en que la
economía china
sobrepasará pronto a la
de Estados Unidos.
Sin embargo, la escala
de sus problemas es
también colosal. China
tiene una población de
1.300 millones de
personas, está previsto
que alcance los 1.400
millones en 2025 y 900
millones viven en el
campo y son
extremadamente pobres.
La corrupción está
generalizada en los
gobiernos provinciales,
en las industrias
estatales y en el
Partido Comunista. Se
dice que el sistema
bancario está al borde
de la quiebra. Se está
poniendo de manifiesto
el descontento social:
el gobierno ha admitido
decenas de miles de
protestas anuales. La
pobreza no se limita al
campo. En verano, en las
calles principales y en
los brillantes centros
comerciales de Pekín,
unas esbeltas jóvenes
engañan con sus vestidos
cortos de gasa y sus
frívolos zapatos, pero
una manzana o dos más
allá están los antiguos
callejones -llamados
hutong en Pekín-
tapizados de
construcciones bajas en
un estado lastimoso,
filas de tiendas
diminutas con aspecto de
cuevas abiertas a la
calle, con las luces
apagadas y hombres y
mujeres de mediana edad,
sentados fumando,
huraños sin hacer nada
a su entrada.
La contaminación está
presente por todas
partes, la degradación
ambiental es abrumadora.
En Pekín, en Sangai y en
otras ciudades, la
mayoría de los días de
verano, el smog reduce
la visibilidad más o
menos a medio kilómetro:
cuando se conduce por
una de las autopistas
elevadas que atraviesan
Sangai, las torres de
oficinas y pisos emergen
como espectros de la
bruma, disolviéndose en
ella a continuación. Se
dice que el 75% de los
lagos de China está
contaminado; los tramos
inferiores de los
principales ríos están
secos durante muchos
días del año. El
problema más señalado es
la energía. China ya es
el segundo país en
cuanto al uso de
energía, después de los
Estados Unidos. El
suministro de fuel y de
gas natural para uso
doméstico es mínimo.
China tiene mucho
carbón, combustible del
que es el principal
consumidor mundial, y
extrae y consume la
cuarta parte de la
producción anual del
mundo, con un coste
desastroso, sólo en
2004, murieron en las
minas unos 6.000
mineros.
La visión de China que
tienen incluso los
occidentales más
sofisticados y cultos
está marcada por sus
prejuicios de carácter
ideológico. La más
corriente es que el
crecimiento económico
requiere un capitalismo
de laissez-faire,
idealmente el propio
del modelo
anglo-norteamericano, lo
que llevará
inevitablemente a
reformas democráticas.
Pero el capitalismo
chino no se parece, y no
tiene por qué acercarse
necesariamente, al
modelo occidental. Está
bajo el control del
estado, a menudo
errático, sin duda, pero
siempre amenazador. La
industria del acero, la
industria
automovilística y las
demás fueron se crearon
desde arriba. Los
objetivos se siguen
fijando desde arriba, en
planes quinquenales, y
con todo detalle. Los
dirigentes son de una
generación nueva,
inteligentes, resueltos,
relativamente jóvenes.
No cabe duda de que han
aprendido de la
historia, pero no las
lecciones que a los
observadores
occidentales les habría
gustado que aprendieran.
Hu Yin Tao es el líder
máximo. Él y sus colegas
han atacado lo que
llaman "neoliberalismo"
y, en concreto, las
políticas de
laissez-faire. No
admiten una correlación
entre el crecimiento
económico y un despertar
de la democracia. Lo que
parecía una relajación
gradual de los controles
sobre la información en
prensa y televisión se
ha invertido de forma
brusca y progresiva.
Todo esto es el resumen
más escueto del
dinamismo económico y
las restricciones
económicas,
medioambientales y
políticas que configuran
la ciencia china de
nuestros días. Siguiendo
a Deng, el gobierno
chino ha venido
invirtiendo mucho para
que las ciencias
alcancen los niveles
occidentales de calidad,
originalidad y
productividad. Roy
Schwarz es un observador
con experiencia. Desde
1997, ha sido presidente
del Consejo Médico de
Nueva York para China,
que respalda la
educación y la
investigación médicas en
aquel país. Schwarz ha
visitado China cuarenta
y ocho veces, con un
total de un año y medio
de estancia en el país.
"En mi cuadro de 13
instituciones,
probablemente apoye a
seis de las ocho
principales facultades
de Medicina" manifestó
en una entrevista
telefónica. "Además, he
financiado,
probablemente, 150
proyectos: unos son de
ciencia; otros, de
preparación para la
ciencia, y otros,
relacionados con la
ciencia a través del
currículo". Añade que
los chinos están
haciendo todo lo que
pueden para promover la
ciencia. "Me refiero a
la ciencia en todas sus
versiones: desde las
ciencias del espacio, al
que ya están yendo,
hasta las ciencias
físicas y químicas,
pero, sobre todo, las
ciencias biológicas y la
medicina".
Un primer paso fue la
reestructuración
radical. De acuerdo con
el modelo soviético,
China creó, en 1952 y en
los años siguientes, un
gran número de
universidades y escuelas
monoespecializadas
independientes. Sin
embargo, en el verano de
1998, Yiang Ze Min, a la
sazón presidente de
China, y Su Rong Yi,
primer ministro,
llevaron a Pekín a
representantes de
universidades
norteamericanas de
primera fila. Los
líderes chinos
descubrieron que,
mientras que sus
instituciones educativas
tenían un carácter
especializado, las
universidades
norteamericanas eran
universales. Schwarz
dice que su respuesta
fue adoptar el modelo
norteamericano. El
resultado ha sido un
gran número de fusiones
de urgencia. Por
ejemplo, la ciudad de
Hang Su tenía cuatro
universidades
unidisciplinarias, de
las cuales una era
agrícola y otra médica.
En 1998, se reunieron
por decreto en una sola:
la Universidad Se Yiang.
En la actualidad, la Se
Yiang tiene unos 45.000
estudiantes, incluyendo
a sus 5.500 alumnos de
doctorado.
"Sus universidades
tienen dos estructuras
de autoridad" dice
Schwarz. "La visible
para los occidentales es
el presidente y los
vicepresidentes y los
decanos. La no visible
es el secretario del
partido, los
vicesecretarios: cada
nivel en el plano
académico tiene su
correspondiente en el
plano del partido".
¿Cómo el Ejército Rojo
en la Unión Soviética
hace tiempo? "Sí,
exactamente. Y la
segunda es más poderosa
que la primera, o lo ha
sido hasta ahora, pero
esto está cambiando
rápidamente" (es
posible, pero pude
percatarme de la
curiosa práctica según
la cual, al entrevistar
a un científico chino,
siempre estaba presente,
al menos, otra persona:
un colega, un alumno,
alguien que
presuntamente tenía que
ayudar a la traducción,
a menudo alguna persona
implicada en cuestiones
de relaciones
internacionales. Nathan
Sivin, la máxima
autoridad viva en
historia de la ciencia
china, me ilustró al
respecto en un mensaje
de correo electrónico:
"El personal de la
oficina de asuntos
exteriores de una unidad
laboral depende siempre
de la Oficina de
Seguridad Pública y a
ella informa. En
algunas organizaciones,
estas personas son muy
impacientes y en otras,
apoyan a los
intelectuales con los
que trabajan, en la
medida en que no
supongan una amenaza que
pueda traerles problemas
a ellas mismas").
Las facultades de
Medicina de primera fila
ya eran, como las de los
Estados Unidos,
institutos de
investigación
biológica, aunque su
trabajo era
prácticamente
desconocido en
Occidente. Ahora se han
incorporado a las
universidades. "En
ninguna otra cultura
podría haber ocurrido"
dice Schwarz. "Pero me
parece que ahora las
facultades de medicina
están viendo el valor
que tiene formar parte
de un todo más grande. Y
he tenido oportunidad de
ver cómo se educan los
presidentes no médicos y
los secretarios del
partido cuando tratan de
comprender esta rara
bestia denominada centro
médico". El que tiene
fama de ser el mejor
está en la Universidad
de Pekín, que, en 2000,
absorbió la Universidad
Médica de Pekín,
recibiendo la nueva
denominación de Centro
de Ciencias de la Salud
de la Universidad de
Pekín. El principal
campus de la Universidad
de Pekín está en un
suburbio cercano a la
capital, al oeste de
Pekín; el Centro de
Ciencias de la Salud
está varios kilómetros
más lejos. Esa
dispersión es una
consecuencia obvia del
proceso de fusión. La
Universidad Se Yiang
tiene seis campus.
Es posible que esa
dispersión no se
mantenga mucho tiempo.
La modernización del
sistema universitario
chino es intensa. "Están
construyendo estos
nuevos campus
gigantescos" dice
Schwarz. "He visitado
cinco ahora". La
unificación de campus,
la construcción de
nuevas instalaciones,
impone la integración.
Según Schwarz, para
prevenir la resistencia
al cambio del
profesorado y del
personal
administrativo, se
adjudicó una dotación
extra de 245 millones de
dólares a la Universidad
de Pekín durante los
tres años siguientes a
la fusión; las primeras
cantidades se
destinaron a la
construcción de
laboratorios de primera
categoría y a la
adquisición de los
mejores equipamientos.
Los laboratorios que vi
en nueve instituciones
de investigación
diferentes eran
verdaderamente buenos.
El lenguaje de los
materiales promocionales
del programa 97-5 puede
ser
marxista-triunfalista:
una traducción al inglés
afirma que
"...escalaremos la
cumbre de la ciencia
mundial, promoviendo así
el magno desarrollo de
la investigación básica
China".
El alcance y las áreas
de concentración de la
ciencia china se han
plasmado con el mayor
detalle en una serie de
directivas nacionales.
La directiva general más
reciente se conoce como
"Programa Nacional de
Investigación Básica". A
principios de 1997, el
Ministerio de Ciencia y
Tecnología reunió una
comisión asesora de
científicos y le
preguntó qué tenía que
hacer China para lograr
una competitividad
internacional en las
ciencias, al tiempo que
se abordaban los
problemas internos más
acuciantes. La comisión
presentó sus
recomendaciones en marzo
-de ahí que, abreviando,
se hable del "Programa
97-3"- y en junio
recibieron la
aprobación ministerial y
superior. El lenguaje de
los materiales
promociónales del
programa puede ser
marxista-triunfalista:
una traducción al inglés
afirma que "crearemos un
excelente ambiente de
investigación
científica, apoyaremos
intensivamente a un
grupo de destacados
equipos de investigación
científica,
desarrollaremos
importantes
investigaciones de
innovación y escalaremos
hasta la cumbre de la
ciencia mundial,
promoviendo así el magno
desarrollo de la
investigación básica y
de las industrias de
alta tecnología de
China". No obstante, los
detalles son razonados,
prácticos y
absolutamente serios.
La financiación es, por
supuesto, el instrumento
para dirigir y controlar
la ciencia y a los
científicos. Diversas
empresas occidentales se
han instalado en China.
Tanto IBM como Microsoft
tienen laboratorios en
Pekín; el de Microsoft
tiene fama de ser el más
innovador de la
compañía. El Consejo
Médico de China dedica
10 millones de dólares
al año a la educación e
investigación médicas.
En 2004, el Instituto
Pasteur, la conocida
institución no
gubernamental francesa
de investigación,
comenzó a trabajar con
la Academia China de
Ciencias y el gobierno
municipal de Sangai para
crear y dotar de
personal un instituto
cuya investigación se
centra en la biología
molecular de las
enfermedades
infecciosas. Dos de los
hombres más ricos de
Hong Kong están dando
dinero para determinados
programas
especializados. Estas
actividades, aunque de
menor escala, gozan de
independencia y
visibilidad y por tanto
tienen cierto grado de
influencia en la cultura
científica en desarrollo
de China. Por lo demás,
prácticamente todo el
dinero que se dedica a
la ciencia procede, por
diversos conductos, del
estado.
Zang Xia Neng es el
director general de
investigación básica del
Ministerio de Ciencia y
Tecnología. Estuvimos
con él durante un
descanso de una jornada
gubernamental celebrada
en el Hotel Montaña
Aromática, casi un
complejo turístico,
atractivo y moderno, a
unas dos horas de Pekín,
en la parte inferior de
la ladera de las colinas
de las que toma el
nombre. Zang es
bioquímico. Se trata de
un hombre reflexivo,
delgado, que tiene poco
más de 50 años, aunque
parece diez años más
joven, y que habla un
inglés excelente. "En
China, contamos con tres
fuentes de financiación
de la investigación"
dice Zang. Sus objetivos
son diferentes. "Una es
la Fundación Nacional
para las Ciencias
Naturales de China. Esta
fundación apoya la
investigación básica,
impulsada por la
curiosidad de los mismos
científicos. El
Ministerio de Ciencia y
Tecnología es otra
fuente de financiación,
en apoyo de la
investigación que
depende de las
necesidades nacionales"
es decir, la
investigación
planificada por el
gobierno para satisfacer
sus prioridades
urgentes. "La
denominamos
investigación
estratégica". Y sigue
diciendo: "El ministerio
es un organismo
gubernamental. No sólo
apoyamos la
investigación básica,
sino también la
aplicada".
En todo el sistema, la
distinción entre
"básico" y "aplicado"
es compleja. Dice Zang
que "el año pasado
-2004-, la Fundación
para las Ciencias
Naturales tuvo un
presupuesto de unos dos
mil millones de yuanes".
Al cambio fijo del
momento, de 8,28 yuanes
por dólar, esa cantidad
se sitúa en torno a los
250 millones de dólares.
No obstante, las
comparaciones son
difíciles, porque el
coste de la
investigación es muy
inferior en China que en
los Estados Unidos. "De
nuestro ministerio -dice
Zang-, salen 10 mil
millones" es decir, unos
1.200 millones de
dólares estadounidenses,
alrededor de 1 dólar por
ciudadano chino. "Pero
del presupuesto del
ministerio, alrededor
del 10% va a la
investigación básica y
eso es, más o menos, la
mitad de lo que dedica
la Fundación para las
Ciencias Naturales".
La comisión que
recomendara el Programa
97-3 todavía funciona
para proponer
prioridades para la
aprobación del
ministerio. Incluso la
investigación "impulsada
por la curiosidad" que
apoya la Fundación para
las Ciencias Naturales
debe inscribirse en las
categorías del programa,
adaptándose a los
planes quinquenales de
las organizaciones de
investigación. Al menos
en principio, los
arquitectos del programa
reconocen la necesidad
de dejar que los
científicos configuren
sus propias
investigaciones. No
obstante, en
contradicción con ese
reconocimiento, han
ideado un sistema de
controles formales. Se
han creado 61 "paneles
de evaluación
disciplinaria" con 755
expertos. Las
instituciones presentan
sus propuestas el 31 de
marzo. Cada una de ellas
es examinada por uno de
los siete departamentos
científicos de la
fundación, que abarcan
desde las ciencias
matemáticas y físicas
hasta la administración,
pasando por las ciencias
químicas, biológicas,
geológicas, ingeniería e
informática. El paso
siguiente es la revisión
a cargo de colegas,
hecha por
correspondencia y basada
en un conjunto de más de
20.000 revisores; es
cuestionable el rigor y
la ausencia de
tendenciosidad de esas
revisiones (también lo
es en Occidente). Los
resultados se analizan y
los proyectos se elevan
a los paneles de
evaluación, que
presentan los proyectos
que han llegado hasta
esa fase al congreso de
la Fundación para las
Ciencias Naturales. Las
ayudas se conceden para
un plazo de 5 años y el
progreso se revisa tras
los dos primeros
-sistema que se conoce
como "2+3"- para evitar
el problema de que una
vez que se haya
concedido la
financiación para un
proyecto, el equipo de
investigación se cruce
de brazos y "el
pensamiento se
anquilose" comenta Zang.
"La tercera fuente de
financiación es, por
supuesto, la ACC, la
Academia China de
Ciencias" dice Zang. Los
científicos de máxima
categoría de la nación
son académicos y, en ese
sentido, la academia
China es como la
Academia Nacional de
Ciencias de los Estados
Unidos o la Real
Sociedad de Gran
Bretaña, pero recuerda
mucho más a la Sociedad
Max Planck de Alemania,
porque también dirige un
conjunto de institutos,
los más importantes de
los cuales están en
centros como Pekín o
Sangai, mientras que
otros están
desperdigados por todo
el país. El número de
estas instituciones
llegó en algún momento a
ser mayor de 130, pero
también aquí se impuso
la consolidación. Muchos
de los que han quedado
han visto reducido su
tamaño, merced a
jubilaciones forzosas,
lo que permite prestar
un apoyo más adecuado a
los científicos que
siguen trabajando en
ellos, capaces de
soportar las presiones
para obtener
financiación adicional
externa. "La ACC está
sometida al bombardeo de
sus institutos" dice
Zang. "Pero gozan de
gran libertad, ya se
trate de la
investigación impulsada
por la curiosidad (en
torno al 40% del
presupuesto) o de la
investigación básica
estratégica".
Desde que pensé ir a
China, me asaltó una
grave duda, y los datos
brutos de la
organización de la
ciencia en aquel país
destacan su
importancia. ¿Es posible
construir un
establecimiento
científico moderno, que
haga trabajos
importantes y
originales, según el
estándar mundial,
organizándolo de arriba
abajo, a semejanza de la
industria del acero, del
automóvil o de la
electrónica? En nuestra
época, la buena ciencia
se hace en grupos,
dentro de agrupaciones,
desde el laboratorio
hasta la institución de
investigación, la red
nacional, con sus
asociaciones
profesionales,
controles y recompensas,
múltiples niveles de
científicos que juzgan a
científicos, la
comunidad científico
mundial, cuya
integración, más bien
vaga, se basa en
actitudes y estándares
compartidos. Las nuevas
ideas, los
descubrimientos, surgen
de abajo arriba. La
cultura de la ciencia,
el espíritu de la
ciencia, debe enraizarse
en la unidad básica, el
laboratorio. Desde el
director del
laboratorio, que, tanto
en China como en los
Estados Unidos, se
conoce como
"investigador
principal" pasando por
los investigadores de
carrera, los
posdoctorales y los
estudiantes graduados,
hasta los técnicos de
laboratorio, el grupo
fomenta y hace respetar
el espíritu de la
ciencia. Ahí es donde el
joven científico acepta
la disciplina, la
interioriza, la
convierte en parte de su
personalidad. O quizá
no, porque en la ciencia
occidental hay
instituciones enfermas,
laboratorios e
instituciones mayores en
las que el espíritu de
la ciencia se tambalea.
Con respecto a China, la
auténtica cuestión
profunda es, por tanto,
cómo plantar y cultivar
la disciplina de la
ciencia, el espíritu.
Propuse esta cuestión a
todos los científicos
con los que hablé. Dos
problemas ponen de
manifiesto las
dificultades: el
problema confuciano y el
problema del plagio. No
se trata de
singularidades ni de
aberraciones
accidentales, sino que
están arraigados,
engranados,
interiorizados. Howard
Temin fue un genetista
molecular
norteamericano que
compartió el premio
Nobel de fisiología y
medicina por el
descubrimiento de la
enzima transcriptasa
inversa. Era un hombre
de una rectitud de
hierro que había
reflexionado mucho sobre
los estilos de hacer
ciencia. En una
conversación mantenida
en marzo de 1993, me
dijo: "Una de las
grandes virtudes de la
ciencia
norteamericana... es que
incluso el profesor más
antiguo, si se ve
cuestionado por el
técnico o estudiante
graduado de inferior
categoría, tiene que
tomarlos en serio y
tener en cuenta sus
críticas. Es uno de los
aspectos más
fundamentales de la
ciencia en
Norteamérica".
Contemplemos el
contraste: durante miles
de años, este conjunto
de actitudes: la
armonía, el consenso, el
respeto a la autoridad y
a los puntos de vista de
los mayores, que, para
abreviar, llamaremos
"confuciano" (aunque
gran parte de lo que era
convencional antes, se
achaca a Confucio), ha
regido la conducta de
los chinos. Hoy día,
está en tela de juicio
el poder de una
jerarquía basado primero
en la antigüedad y
después en las
conexiones. Se dice que
esa jerarquía todavía
rige gran parte de la
enseñanza de las
ciencias en China; está
presente en las
relaciones dentro del
laboratorio. Adquirió
gran notoriedad cuando
llevó a la incorrecta
identificación de la
causa de la epidemia del
síndrome respiratorio
agudo y grave (SARS,
según sus siglas en
inglés), en 2003. Los
primeros casos
aparecieron en el sur de
China a finales de 2002;
la enfermedad se
extendió a Pekín y a
otras ciudades,
amenazando con adquirir
proporciones mundiales.
En febrero de 2005, un
científico de carrera de
Pekín anunció que había
descubierto la causa: la
bacteria clamidia. Un
joven investigador de su
laboratorio sabía que
esto era erróneo, porque
había aislado la
verdadera causa. Por
respeto, o miedo, no
dijo nada.
Este ejemplo es extremo,
pero no se trata de un
caso aislado. Me
advirtieron
reiteradamente del
problema. Gerald Lazarus
es decano emérito de la
facultad de medicina de
la Universidad de
California en Davis y,
en la actualidad, es
catedrático de la
facultad de medicina de
la Universidad Johns
Hopkins. Su esposa,
Audrey Jakubowski, es
química. La pareja vivió
en Pekín durante tres
años, desde 1999 hasta
2001. Él era profesor
visitante del Peking
Union Medical College
Hospital. Durante gran
parte de ese tiempo,
ella trabajó con una
revista científica en
lengua inglesa, el
Chinese Medical Journal,
tratando de mejorar el
inglés de los artículos
que publicaba y de
establecer normas para
la revisión de los
manuscritos. Lazarus
hablaba de las rigideces
intelectuales que
encontró en profesores y
estudiantes, causadas,
en su opinión, por la
deferencia hacia los
puntos de vista de los
colegas más antiguos.
Jakubowski era más
concreta: el sistema de
antigüedad, que ella
llamaba "confuciano"
podría estar
inutilizando la revisión
a cargo de colegas,
porque el rechazo de un
artículo enviado por una
persona más antigua
sería una falta de
respeto.
Los chinos (y algunos
otros países asiáticos,
por supuesto) destacan
por el pirateo de
productos de marca: es
como si las protecciones
del copyright y de la
marca registrada
carecieran de sentido.
Se dice que el plagio en
las ciencias es también
flagrante. Los
científicos y estudiosos
norteamericanos que
trabajan con estudiantes
graduados o becarios
posdoctorales chinos se
sorprenden al descubrir
que tienen que
enseñarles a los recién
llegados que no pueden
utilizar los trabajos de
otros sin mencionar a
sus autores, así como
los castigos a los que
se exponen si los
descubren. "Los chinos
tienen un auténtico
problema con respecto a
la propiedad
intelectual. Parece que
tienen una amnesia
selectiva" dice Roy
Schwarz. Martha Hill,
decana de la Facultad de
Nutrición de la
Universidad Johns
Hopkins, dice lo mismo:
"Llegan aquí, o muchos
de ellos llegan, sin
tener en absoluto
conciencia de la
necesidad de mencionar a
los autores, de hacer
una reseña completa, de
cualquier material que
tomen del trabajo de
otros". Otra división de
la Johns Hopkins expulsó
recientemente a un
estudiante graduado
chino por plagiar. Sivin
señaló que la revelación
publicada en China de
que el plagio era un
problema generalizado
en el país le acarreó
importantes problemas a
su autor chino, un
investigador experto.
Sin embargo, los
prejuicios occidentales
determinan la forma de
comprender y la
respuesta efectiva.
Copiar el último álbum
de los Rolling Stones o
poner una etiqueta
falsificada
de un diseñador en un
pantalón vaquero son
robos que no provocan
vergüenza alguna. El
plagio en las ciencias
no es lo mismo.
Tradicionalmente, en
Occidente se considera
que la ciencia es
comunal: se comparten
los métodos; los
resultados, una vez
publicados, son del
dominio público. En ese
mundo, la prioridad es
la única forma de
propiedad, lo que hace
que la necesidad de la
atribución de la autoría
sea absoluta. Los datos
no publicados pueden
constituir un objetivo
para el robo, pero
arriesgado. Lo que de
verdad merece la pena
robar son las ideas,
sobre todo el
conocimiento de que ¡ajá!,
aquí hay algo nuevo y la
forma de conseguir el
resultado. Este tipo de
robo supone la máxima
tentación y es el más
difícil de detectar. Se
produce; sólo puede
impedirlo una cultura
científica muy
desarrollada, el sentido
de comunidad, que se
interiorice
psicológicamente el
espíritu de la ciencia.
Un escéptico podría
suponer que lo que
ocurre en China no es
diferente de lo que se
ve en muchos
laboratorios
occidentales, en los que
el jefe se apropia y
publica con su nombre el
trabajo de sus
subordinados. Pero la
tradición china es
fundamentalmente
diferente. Dicho en
pocas palabras, siempre
se ha dado por supuesto
que los estudiosos de
todos los niveles hacen
suyo el trabajo de
otros. En épocas
antiguas, los estudiosos
con principios
reconocían lo que
tomaban de otros, pero
eso seguía siendo
opcional (como antes del
siglo
XIX
en Occidente). La
actitud tiene muchos
siglos de antigüedad, y
aún hoy parece que está
muy interiorizada.
En los últimos años, el
ideal occidental clásico
del carácter comunal de
la ciencia se ha
trastornado, sobre todo
en las ciencias
biológicas, por el
atractivo de los
beneficios que pueden
reportar patentes.
Muchos manifiestan su
indignación por el
secretismo que impone la
preparación de una
solicitud de patente y
se quejan por los
excesos que han llevado,
por ejemplo, a patentar
fragmentos de genoma.
Sin embargo, si se mira
correctamente, una
patente es una forma de
publicación y elimina la
necesidad de secreto,
preservando la prioridad
y, por tanto,
restaurando el carácter
comunal.
Se produce aquí una
curiosa convergencia. En
algún momento, en todas
las conversaciones que
mantuve con científicos
en China, planteé el
problema del plagio. La
respuesta fue siempre la
misma y, a primera
vista, parece rara, no
evasiva exactamente,
sino indirecta. Cuando
se reflexiona sobre
ella, empieza a parecer
una forma de reconocer
el problema, sin duda,
pero indicando que, en
el contexto chino, es
posible que estén
llevando a pensar de
forma diferente a los
jóvenes científicos en
formación, incitándoles
a ver los beneficios de
adoptar las normas
occidentales. Así, los
directores de institutos
y los investigadores
principales dicen que
enseñan que la propiedad
intelectual significa,
en primer lugar,
patentes. Se insta a los
jóvenes científicos
chinos a que consideren
cuáles de los resultados
obtenidos son
patentables y a que
soliciten las patentes
correspondientes.
De repente, del montón
de ideas, métodos,
datos, descubrimientos
que se tenían más o
menos en común, la
propiedad individual
emerge en una forma muy
destacada.
En segundo lugar, se
invita, se ordena a los
científicos chinos a que
preparen sus trabajos y
los redacten para
publicarlos en revistas
occidentales de primera
fila cuyos artículos se
someten a revisión.
Nature, Science, Cell se
han convertido en los
objetivos. En el
Programa 97-3, se
enfatiza mucho la
publicación, y el éxito
de los laboratorios en
las revistas
internacionales es
fundamental en las
revisiones 2+3. En este
caso, el prestigio
nacional es un motivo
importante. El efecto en
los laboratorios y en
los científicos ha sido
obligarlos a absorber
los estándares
occidentales de calidad,
vivirlos, aprender a
vivir por ellos. Es, en
pocas palabras, un
proceso de aculturación.
La armonía, el consenso,
el respeto a la
autoridad y a los puntos
de vista de los mayores:
durante miles de años
esté conjunto de
actitudes ha regido el
comportamiento
individual de los
chinos. Hoy día, está en
tela de juicio el poder
de una jerarquía basado
primero en la antigüedad
y después en las
conexiones.
En los decenios
transcurridos desde que
Deng Xiao Ping declarara
que la ciencia y la
tecnología tenían una
importancia crucial,
miles de chinos
preparados en ciencias
han salido al extranjero
como estudiantes
graduados y, con mayor
frecuencia, como
becarios postdoctorales.
La mayoría ha ido a los
Estados Unidos, y
algunos a Europa. Muchos
se han quedado,
contratados para
trabajos de
investigación; algunos
han vuelto. Para China,
constituyen un recurso
inmenso e inestimable
por sus competencias y
especialidades
concretas, pero aún más
por sus actitudes
occidentalizadas, su
absorción del espíritu
de la ciencia moderna.
El gobierno chino ha
reconocido su potencial
y trata de convencer a
más científicos para que
regresen.
Resumo a continuación
mis conversaciones con
tres científicos
chinos, Los tres
estuvieron como becarios
postdoctorales en el
extranjero y después
volvieron. Los tres se
encuentran en el nivel
medio de la profesión,
dirigiendo un
laboratorio, trabajando
intensivamente con un
grupo relativamente
pequeño. Son
representativos de otros
con los que también he
estado.
En Changsa, capital de
la provincia de Hunán,
en la zona sudcentral de
China, donde los veranos
son abrasadores y la
comida picante, se
constituyó en 2000 la
Universidad del
Centro Sur, como
resultado de la fusión
de una universidad
tecnológica, una
universidad médica y
además la Universidad
del Ferrocarril de
Changsa. El componente
médico es ahora la
Facultad de Medicina
Xian Gya. Tsao Ya es
vice-decana y directora
de la facultad de
medicina. Es doctora,
con grados MD y PhD, y
pasó cinco años en los
Estados Unidos, en el
Instituto Nacional del
Cáncer, a las afueras de
Washington. Es también
teniente de alcalde de
Changsa. Es una mujer de
baja estatura y fornida,
directa, informada, de
viva inteligencia, con
sentido del humor y
formidablemente bien
preparada. Hablamos
durante una comida
sofisticada, con media
docena de sus colegas y
a la mañana siguiente,
nos reunimos en su
despacho con una
estudiante graduada que
asistió para colaborar
en la traducción.
"El principal programa
científico vigente en la
actualidad en China es
éste, el llamado
Programa 97-3" dice la
profesora Tsao. "Un
programa de enormes
proporciones para
ponernos al día con el
desarrollo científico
de todo el mundo.
Comenzó en marzo de
1997. Este programa es
de investigación básica,
de acuerdo con las
necesidades de la
nación". ¿Aplicaciones
tecnológicas o ciencia
básica? "Ambas" dice,
asintiendo con la
cabeza. ¿El objetivo se
divide en dos? "Sí",
contesta. "Creo que el
principal programa
científico es el
programa de todo el
mundo, no sólo de China.
El segundo es la
necesidad urgente de
desarrollo social y
económico de nuestro
país".
El Programa 97-3
concentra la
investigación en seis
áreas: biotecnología
agrícola, energía,
informática, recursos
naturales y medio
ambiente, población y
salud y ciencia de los
materiales. La temática
de Tsao corresponde a
población y salud. En
esta área, la
investigación se divide
en 20 campos. Me los
indicó con la ayuda de
un documento base de 33
páginas que había
compilado antes de mi
visita. La lista es
variada y los proyectos,
ambiciosos, Sin embargo,
incluso la investigación
más básica -por ejemplo,
sobre las células madre-
se define en términos de
aplicaciones
inmediatas.
Su semana laboral está
dividida en dos: la
mitad dedicada al
ayuntamiento y la otra
mitad, a la
investigación. "En
particular, nos gustaría
saber cómo opera el
virus de Epstein-Barr
-que puede causar
cáncer- con las células
huésped". Las cuestiones
que su grupo está
planteando no estarían
fuera de lugar en el
Instituto Nacional del
Cáncer. Su laboratorio
cuenta con unas 20
personas, en su mayor
parte candidatas a PhD,
con 5 técnicos. Su
Instituto de
Investigación del Cáncer
tiene seis laboratorios,
50 profesores y unos
100 estudiantes. Seis
profesores se encuentran
entre los científicos
chinos que ha regresado
del extranjero.
El centro forma parte de
la facultad de medicina.
"Con respecto a mi
laboratorio, creo que
está muy bien. Me parece
que hacemos un trabajo
muy bueno" dice.
"Además, en mi
laboratorio, realizamos
un trabajo en equipo muy
bueno. Se puede
compartir la
información", compartir
la idea, intercambiar
información, dialogar".
Está profundamente
influida por la época
que pasó en el Instituto
Nacional del Cáncer. Su
jefe en la facultad de
medicina es un
científico: "Es profesor
y tiene 74 años". ¿El
respeto automático a los
mayores es un problema?
"No". ¿No interfiere en
el quehacer de la
ciencia? Reformulo la
pregunta dos veces. No
contesta.
Le pregunto cuáles le
parece que son los
problemas. "Creo que la
cuestión más importante
es que deberíamos
publicar más nuestro
trabajo en las revistas
internacionales. Así,
todo el mundo tendría
oportunidad de saber más
acerca de lo que estamos
haciendo en China. El
principal problema es el
idioma. Los editores
dicen siempre que se
nota que el inglés no es
la lengua materna, y
dicen que necesitamos a
alguna persona
angloparlante que nos
ayude a mejorar la
calidad de los
artículos". Me da una
bibliografía de todos
los artículos de
biología de científicos
de China publicados
entre 2000 y el verano
de 2005 en Science,
Nature, y Cell.
Son 36. La mayoría
menciona a gran número
de coautores; el que
más, a 30. De su propio
laboratorio, dice: "Este
año, tratamos de
publicar algunos
artículos muy buenos en
JBC y en PNAS,"
el Journal qf
Biológical Chemistry
y Proceedings of the
National Academy of
Sciences, de los
Estados Unidos.
¿Algo más? "Sí. Creo que
deberíamos dejar todo el
trabajo repetitivo de
bajo nivel. Carece de
sentido. ¡Sólo genera
más basural"
Yang Ke es
vicepresidente ejecutiva
del Centro de Ciencias
de la Salud de la
Universidad de Pekín (en
inglés, prefiere el
orden occidental, con el
nombre delante). Es una
mujer de un encanto, una
percepción y una
sutileza notables,
apasionada por la buena
ciencia e idealista al
respecto: de todos los
científicos con los que
estuve, la profesora Ke
fue la que puso de
manifiesto una
conciencia más aguda de
las dificultades y
presiones que soportan
los científicos chinos.
Como Tsao Ya, trabajó en
los Estados Unidos, en
el Instituto Nacional
del Cáncer, desde 1985
hasta 1988. Durante
nuestra entrevista y
durante la comida,
estuvo con ella el
director de cooperación
internacional del
centro, Dong Ze. "Si
tengo algún problema con
el inglés, él me ayuda".
Desde que regresó de los
Estados Unidos, en 1988,
Ke ha estado dirigiendo
un laboratorio; su
trabajo actual se dedica
"en su mayor parte, al
cáncer esofágico y
gástrico, que tiene una
incidencia muy elevada
en China". Se ha
demostrado que el cáncer
esofágico no tiene un
componente genético
sencillo. Estamos
trabajando con una
población con elevada
incidencia en una zona
rural relativamente
aislada de la provincia
de Henán". Hace cuatro
años la hicieron
vicepresidenta de
investigación y ascendió
a su cargo actual dos
años después. Sin
embargo, los ascensos
llegaron "en el momento
en el que estaba
consiguiendo un
sentimiento real de la
ciencia, comenzando a
cosechar resultados".
Echa en falta que:
"estoy menos en el
trabajo de laboratorio,
pero todavía lucho para
no abandonarlo, porque
creo que aún soy útil
para los estudiantes"
dice. "Al menos, creo
que mis alumnos están
teniendo una buena
preparación".
t
Dice que la imagen de la
ciencia china que se ha
presentado al mundo ha
enfatizado el desarrollo
muy rápido, "y la verdad
es que estamos
progresando en la
dirección correcta, pero
todavía tenemos
problemas". Dice que
hablaría de ellos uno a
uno, pero antes "debo
decir otra cosa: mi
opinión no es oficial".
En realidad, esperaba
que su impulso para ser
franca no le creara
problemas.
"El primero: China ha
hecho un esfuerzo
verdaderamente tremendo
para impulsar la ciencia
y la tecnología. El
gobierno se dio cuenta
de que ése era el
camino, al menos
Este es un problema que
tienen: no pueden
esperar. Desean tus
resultados al día
siguiente Dicen a los
científicos: '¡Tomad el
dinero!, ¡Y organizad un
equipo! ¡Hacedlo grande!
¡Y el premio Nobel,
mañana!'
uno de los caminos, uno
de los caminos
importantes, para hacer
un país fuerte" afirma.
"Pero la ciencia no es
como la industria del
acero y la del
automóvil. Necesita
tiempo". La educación
científica ha recibido
una importante
financiación, "pero no
es suficiente". Y la
educación científica
debe comenzar muy
pronto. Las ayudas a la
investigación del
ministerio, de la
Fundación para las
Ciencias Naturales, han
aumentado diez veces o
más en la pasada década.
"Pero creo que las
universidades deben
conseguir más apoyo para
la investigación básica,
por sus beneficios en el
campo y también por su
influencia en los
estudiantes. Y creo que
la investigación básica
produce el impacto más
fuerte en los
estudiantes en cuanto a
la forma científica de
pensar, porque en
nuestra cultura es
relativamente débil".
En segundo lugar, "con
respecto al desarrollo
tecnológico..., por
ejemplo, si queremos un
satélite, puede
organizarlo el gobierno"
dice. "Pero el problema
es que hacen hincapié en
la ciencia básica, pero
organizándola -de arriba
abajo-, en vez de
crearla desde el nivel
de la ciencia. Aunque
muchos científicos
tienen cada vez más
influencia, la gente
todavía cree que podemos
hacerlo con eficacia
como se hace en el
desarrollo técnico. Es
un problema de la gente
de arriba: no puede
esperar. Esperan
resultados el segundo
día. Dicen a los
científicos: 'Coger el
dinero, ¡Y organizar un
equipo! ¡Hacedlo grande!
¡Y el premio Nobel,
mañana!' ¡Así!" Aún así,
"por supuesto, funciona,
también, porque los
buenos investigadores
consiguen más ayudas de
ese modo. Y mire los
progresos que estamos
haciendo. Ahora,
contamos con algunas
personas que comprenden
realmente la ciencia. Y
conocen las reglas del
juego. Y son serias en
su trabajo. Pero creo
que, a largo plazo,
tienen que dar más
libertad y más tiempo en
la dirección y
producción a los
científicos de la
ciencia básica".
"Tengo que pasar a la
tercera cuestión. En
esta sociedad, en este
momento, y en la
cultura, creo que el
pueblo chino enfatiza
ahora más la tecnología
que la ciencia. Desde el
principio, desde hace
mucho tiempo en nuestra
historia, tenemos una
tradición de
investigación para la
aplicación. Es nuestra
cultura. Durante cinco
mil años".
"Además, en nuestra
sociedad, como se está
desarrollando
económicamente de manera
muy rápida, la
tendencia del sistema
social provoca la
confusión del
pensamiento. En términos
de creencia. La gente es
más materialista"
afirma. "Sin embargo,
para la ciencia básica,
las personas tienen que
tener unas mentes
tranquilas. Claras. Y
centra-das. Y..."
Buscando un término, se
vuelve a Dong Ze. Él
frunce los labios y
dice: "Tolerar el
trabajo duro". Y la
incer-tidumbre.
Prosigue: "Lo primero es
tener gran interés. Ser
muy curioso. Y después,
tolerar la soledad.
Durante mucho tiempo. Y
quizá sin respuestas".
Pero, digo yo, no es
sólo el individuo. "El
grupo" dice ella. "La
colaboración. Ése es
otro problema. Difícil.
Lo primero, en todos
estos problemas, es que
todo el mundo quiere
tener éxito. Y todo el
mundo cree que él es el
más importante. Ésa es
la tendencia de nuestra
sociedad. Lo segundo es,
de nuevo, cultural. Los
chinos no quieren decir
cosas negativas al
principio. Al principio,
no quieren aclarar cómo
dividir el beneficio"
-el crédito-. "Por eso,
si se tiene mucho éxito,
la gente riñe".
Dong Ze interviene: "Lo
que dice la profesora Ke
es un atributo cultural
chino: uno quiere
mostrarse educado; pero,
por otra parte, no deja
las cosas claras. A
veces, no importa, pero,
cuando se van a recoger
los frutos, surge el
problema. Todo el mundo
quiere decir que ha
contribuido".
Comento que éste es un
aspecto de la cultura
china que tiene miles de
años. Ambos asienten. Ke
dice: "La gente respeta
el pensamiento
científico, pero, en
nuestra cultura, la
mayoría no lo comprende.
Me di cuenta, porque he
tenido la experiencia de
la cultura occidental,
me di cuenta en nuestra
facultad -ésta es una
facultad de medicina
famosa-; la mayoría de
los profesores enseña a
los alumnos siguiendo el
libro".
Dong Ze: "Ella dice que
la cultura china no te
anima a hacerte
preguntas, sino que pide
que sigas lo que dice el
maestro".
Yang Ke: "Mmm. Pero eso
empieza a cambiar,
porque algunos chinos
entienden qué es en
realidad, cómo pueden
hacer ciencia. Pero, si
se trata de cambiar la
forma de pensar del
país, queda mucho
tiempo". Se vuelve de
nuevo a Dong, con una
salva de chino rápido.
Él sopesa un momento lo
que le ha dicho y dice:
"La cultura china tiene
una larga historia. Por
eso, debe de encerrar
alguna verdad y
excelencia. Sin embargo,
si tenemos que
enfrentarnos a la
formación de nuevos
científicos, perece que
tendremos que apartarnos
un poco de la tradición
y aprender a ser agudos
y francos".
¿Cómo? "Llevará tiempo"
dice Ke. "La
globalización
establecerá las ventajas
de la integración de la
cultura china y de la
occidental. Nuestros
jóvenes, bien educados y
muy prornetedores,
tendrán que aprender
también de fuera, si
quieren ser
científicos". ¿Por eso
van al extranjero y
regresan? "Exacto".
Pero, cuando regresan,
¿qué los protege de los
mayores? "Si tenemos
cada vez más gente que
sale y vuelve, por
ejemplo, mis alumnos
salen y regresan, no
deben de tener ningún
problema para tratar
conmigo".
Dong explica: "Creo que
lo que la profesora Ke
dice es que, a causa de
la globalización, hay un
intercambio de
culturas. Por eso
muchos investigadores
clave se han preparado
fuera". ¿Para qué
vuelven? "Si es una sola
persona, no puede
cambiar la situación,
pero si regresa en un
grupo, éste se convierte
en una fuerza". Ke
asiente: "Mmmrn". Dong
continúa: "Y trae
nuevas ideas. Y después
ellos practican todas
las conductas del
científico, iniciando un
cambio". Empezando a
formar un cuadro
científico, comento yo,
porque el espíritu debe
extenderse también a los
estudiantes y técnicos.
"Eso es, eso es" dice Ke.
"Para eso, hacen falta
varias generaciones, Eso
necesita varias
generaciones. No pienso
en una generación".
"Quizá unas pocas
generaciones" dice Dong
Ze.
En Sangai, en 2000, dos
institutos de casi medio
siglo se fundieron para
constituir el Instituto
de Bioquímica y Biología
Celular. Es uno de los
mejores y mayores
centros de investigación
de China. El genetista
Li Zai Ping es un
superviviente anciano,
genial, desenvuelto. Nos
reunimos en una amplia
sala de conferencias,
con los colegas de Li,
entre los que está un
investigador principal
que estudia la insulina
y el vicedirector del
instituto, Ying Naihe,
más joven, hablador
intenso. El profesor
Ying hizo su doctorado
en uno de los
predecesores del
instituto y fue a Japón
como becario
posdoctoral. Para hacer
la mayor parte de su
explicación, Li se apoya
en Ying.
En general, el instituto
trabaja en biología
molecular, celular y
evolutiva y en
bioquímica, pero los
cuatro grupos de
laboratorio tienen
especializaciones
distintas y afiliaciones
algo diferentes. El
Laboratorio clave de
Biología Molecular del
Estado, por ejemplo, que
se ocupa de las
interacciones entre el
ARN y las proteínas y de
la regulación de la
expresión génica, está
financiado en gran parte
y supervisado por el
Ministerio de Ciencia y
Tecnología
("laboratorio clave" es
traducción literal del
chino, con el
significado de "muy
importante"). Los otros
grupos de laboratorio
son criaturas de la
Academia China de
Ciencias.
En el momento de mi
encuentro con Li y Ying,
el instituto tenía 194
científicos, con 45
investigadores
principales. De éstos,
un tercio tenía menos de
45 años, otro tercio
estaba entre 45 y 60 y
el tercio restante,
tenía más de 60 años;
"pero ahora eso tiene
menos importancia" dice
Ying. ¿Los viejos? Mi
observación no fue nada
delicada y la risa, muy
incómoda. Ying entró al
quite, haciendo una
señal a sus colegas más
antiguos: "Ellos son,
véalos, ¡creo que son
jóvenes!, al menos
científicamente
hablando, ¿no?" Comenté
que, en Pekín, me estuvo
ayudando un estudiante
graduado que, cuando
descubrió mi edad, me
dijo que me llamaría "Ye
ye" que es la forma que
utilizan los niños
chinos para llamar al
"abuelo". En esta
ocasión, la carcajada no
se vio ensombrecida por
nada. Li Zai Ping dijo
entonces, con seriedad:
"A las personas mayores
les resulta difícil
obtener financiación".
"Tenemos aproximadamente
un profesor por cada dos
estudiantes graduados"
dijo Ying. "Tenemos muy
pocos becarios
postdoctorales". ¿Por
qué? "Porque los buenos
estudiantes, tras
conseguir su doctorado,
van a los Estados Unidos
a hacer su postdoctorado.
Aunque ahora, desde este
año, la situación
empieza a cambiar".
El instituto está
procediendo con energía
a reclutar personal de
la diáspora científica.
Pero, ¿cómo persuadir a
los becarios
postdoctorales que están
en Norteamérica para que
vuelvan? La pregunta
provoca una discusión
general. Ying dice:
"Tenemos que darles
algún dinero para
financiar su trabajo, y
darles libertad para
hacer su investigación.
Muy importante. Por
supuesto, tienen que ser
de buena calidad". El
número y la calidad de
las solicitudes están
mejorando notablemente,
dice. "También les damos
unos salarios
relativamente buenos.
Aunque ahora, en Sangai,
los precios de las casas
están subiendo
tremendamente. Esto hace
que el reclutamiento
resulta aún más difícil.
Por eso, también les
damos una compensación
por la casa".
Pero dice usted que les
dan libertad. "Bueno,
ésta es una buena
pregunta. Primero, les
facilitamos
financiación, fondos
para empezar. Por
supuesto, su
investigación tiene que
encuadrarse en el marco
general del instituto,
pero después pueden
escoger lo que quieran
hacer. Pero también
tienen que tomar una
decisión: cómo pueden
conseguir ayudas. En
consecuencia, tienen que
ajustar su investigación
según la importancia de
los proyectos que tengan
relación con ella". Las
ayudas proceden del
Programa 97-3 a través
de la Fundación para las
Ciencias Naturales o de
la Academia China.
Durante algún tiempo, la
Academia ha fomentado
también el reclutamiento
a través del proyecto
Cien Talentos. Éste se
diseñó específicamente
para proporcionar a
jóvenes científicos de
potencial reconocido la
financiación para
trabajar como
investigadores
principales,
completamente
independientes de las
jerarquías
institucionales.
¿Cómo desarrolla un
nuevo grupo el espíritu
científico, el sentido
de comunidad? "Ah. Lo
único que puedo
decir..." Ying se
detiene. "Esto es
principalmente, cómo
puedo decirlo, ahora
nuestro instituto va
adoptando poco a poco un
sistema como el de
Estados Unidos, y porque
la mayoría de los
investigadores
principales regresa de
los Estados Unidos.
Ahora el investigador
principal goza de una
libertad muy amplia:
cómo utilizar el dinero,
cómo contratar personal
y los estudiantes que
puede escoger. Todo
eso". Ying añade que
tanto él como sus
colegas comprenden que
el investigador
principal que regresa
carece de experiencia
como tal. Por eso, se
han reunido
recientemente con un
grupo de científicos de
unos siete laboratorios
asociados, de diferentes
universidades
norteamericanas, que
vienen durante cortos
períodos como
investigadores
principales visitantes,
y están tratando de
elaborar una forma de
"encontrar mentores para
los nuevos
investigadores
principales, pero
todavía no hemos
empezado".
El carácter único de la
ciencia china, ahora y
el día de mañana, sólo
puede entenderse
correctamente en su
relación integral con
los problemas únicos de
la nación; por su
magnitud y urgencia, no
tienen precedentes en la
historia del mundo. No
es en absoluto obvio que
puedan afrontarse
adecuadamente. En el
intento, China está
sufriendo increíbles
tensiones: está
experimentando
transformaciones
económicas,
demográficas, culturales
y sociales a una
velocidad de vértigo.
Las ciencias forman
parte de esa
transformación, entre lo
básico y lo aplicado,
entre los estándares
internacionales y las
prioridades del país,
entre la modernidad y la
tradición, entre la
investigación libre e
impulsada por la
curiosidad y las duras
realidades políticas.
Meditando en la
situación de la ciencia
china, Zang Xia Neng,
del Ministerio de
Ciencia y Tecnología,
dice tranquila y
sencillamente: "Desde mi
punto de vista, la mayor
parte de los verdaderos
descubrimientos
procedían de la
investigación
dependiente de la
curiosidad, pero, para
este país, necesitamos
resolver nuestros
problemas". En el
entorno chino, no es
fácil promover el
espíritu esencial de la
investigación
científica. Se han hecho
progresos: Yang Ke tiene
razón en eso. También
tiene razón en que
llevará tiempo,
generaciones quizá.
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