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Dirección
por valores en relación al cambio cultural
enviado por Claudio
Martínez
El
presente texto pretende introducirnos en la práctica
de la Dirección por Valores, resaltando su importancia
como una nueva herramienta estratégica de gestión
del cambio.
El
objetivo es identificar e informar sobre los aspectos
que posibilitan el cambio cultural, insertando un punto
de vista que busca humanizar la gestión en forma
diferente a lo tradicional.
La
metodología empleada es la explicación de
las fases que componen este nuevo tipo de dirección,
basándose en una estructura cronológica.
Los
resultados postulan la importancia de la verdadera intención
del cambio, la nueva gestión del líder,
la formación de equipos de proyectos y la implantación
de sistemas de retroalimentación y recompensas
que deben ser asumidas por todos los miembros de la organización,
así como también la práctica de valores
comunes. Lo anterior son aspectos de los cuales carecían
los antiguos sistemas de gestión, frenando la aplicación
práctica del cambio.
La
incertidumbre y el cambio son rasgos que caracterizan
a nuestra época por lo que es necesario aplicar
nuevos principios y valores al interior de la organización
para asegurar su viabilidad en un entorno cada vez más
exigente y competitivo.
Las
técnicas tradicionales de gestión como la
dirección por instrucciones y por objetivos resultan
notoriamente insuficientes, apareciendo la Dirección
por Valores como una herramienta de liderazgo que lleva
no sólo a un óptimo desarrollo de la empresa
sino que también a la realización humana
y profesional de todos sus integrantes.
Los
nuevos puntos de referencia que propone son la orientación
al cliente, la autonomía y sentido de los esfuerzos
profesionales, el cambio de cultura empresarial y la inclusión
de principios éticos y sociológicos.
La
Dirección por Valores es una nueva forma de entender
y aplicar conocimientos. Además, es una actualización
del Desarrollo Organizativo que pretende introducir la
dimensión de la persona dentro del pensamiento
directivo.
La
DpV se basa en valores. Los valores son convicciones básicas
de que un modo específico de conducta o estado
final de existencia es personal o socialmente preferible
a un modo de conducta o estado final de existencia opuesto
o inverso (Robbins 1996, 174.)
Otra
definición importante para tener en cuenta es cultura
organizacional, la que se refiere a la percepción
común que comparten los miembros de la organización;
sistema de significado compartido (Robbins 1996, 681.)
El
cambio cultural, como cualquier cambio, implica resistencia
ya que cuando ésta no existe no hay cambio que
gestionar.
Un
cambio de cultura es un aprendizaje colectivo que consta
de dos fases esenciales: Puesta en marcha y mantenimiento.
Puesta
en marcha:
Fase
0: Se refiere a la existencia de liderazgo legitimador
que posea voluntad, compromiso y capacidad de asignar
suficientes recursos para su éxito.
Como
características esenciales se requiere un líder
poseedor de visión global, desarrollo personal
y capacidad de potenciación de las personas, lo
que permite abocarse a 3 grandes aspectos:
Sus
energías personales y las de su equipo de apoyo:
El líder debe poseer capacidad profesional y saber
desarrollar su energía personal.
Se
debe contar con un equipo de apoyo denominado “gabinete
de gestión del cambio”, el cual debe estar
formado por un número reducido de personas compuesto
por profesionales dedicados a tiempo completo, consultores,
internos o externos dedicados a tiempo parcial y colaboradores
internos adicionales o subcontratistas externos que recopilen
la información.
Es
de vital importancia que tanto líder como gabinete
trabajen en coordinación e informen de las decisiones
y resultados a toda la entidad.
Recursos
económicos: Casi nunca son considerados en los
proyectos lo
cual resulta perjudicial ya que los cambios implican gastos
tanto en elementos directos que contemplan la formación
de los nuevos conocimientos, valores y habilidades, comunicación
interna y externa del cambio , consultoría interna
y externa, como en elementos indirectos que incluyen las
horas de no producción destinadas a actividades
de preparación del cambio y a recibir información
por parte de todos los trabajadores.
Tiempo
como recurso: Hay que tener en cuenta que un cambio cultural
es un proceso que requiere una cantidad considerable de
tiempo que cubra el mediano y largo plazo. El tiempo es
el recurso más valioso debido a que no se detiene
ni se ahorra.
Fase
I: Una vez establecida la intención seria del cambio
acompañada del liderazgo adecuado es necesario
definir qué visión, misión y valores
serán claves para la nueva cultura de la entidad.
La
definición de propósitos implica un diálogo
masivo que incorpore perspectivas comunes tanto de los
miembros de la organización como de los grupos
de interés del entorno, encontrándose entre
ellos proveedores, principales clientes, etc. Lo anterior
constituye el principio de la gestión participativa,
lo que permite disminuir las resistencias y conseguir
una óptima imagen colectiva de lo que se pretende
en el futuro.
Algunas
formas de identificar estos elementos son las reuniones
participativas, encuestas, uso de consultoras externas,
etc.
La
dirección por valores supone iniciar el proceso
proyectando los valores esenciales de la visión
y la misión para luego mirar hacia la realidad,
a la inversa de lo que se hace tradicionalmente. Si se
usa esto último, se corre el riesgo de alarmarse
o deprimirse excesivamente, alejándose de una visión
optimista.
La
formulación de la visión colectiva consiste
en identificar hacia dónde se dirige la empresa
y qué recursos y capacidades son necesarios para
lograrlo. Esto es principalmente tarea del líder
ya que se relaciona con su capacidad de de proyectarse
al futuro.
Muy
discutido es el tema con relación a si es conveniente
o no que la visión estratégica de la empresa
sea conocida, ya que existe recelo al dar a conocer las
líneas estratégicas. Lo anterior posee poco
fundamento ya que se sabe que la visión debe ser
conocida por todos, incluyendo proveedores y clientes,
para que sea asimilada y puesta en práctica de
manera eficiente.
La
misión se refiere a la función o tarea básica
de una empresa o agencia o de cualquier parte de ella
(Koontz y Weihrich 1994, 122.)
La
formulación y comunicación de la misión
es importante ya que crea un orgullo colectivo de pertenencia,
da sentido al esfuerzo del trabajo bien hecho y da confianza
y proximidad a los clientes.
Para
reformular la misión es necesario realizar un análisis
FODA. La modalidad que la Dirección por Valores
introduce en este aspecto se refiere a que el análisis
se debe realizar desde dentro de la organización
con el fin de aunar y coordinar los criterios, ya que
los diferentes miembros perciben de manera diversa la
realidad. El otro aporte significativo se refiere a identificar
la idoneidad de la empresa basándose en sus valores.
El
punto más relevante consiste en postular los valores
necesarios para alcanzar la visión y la misión,
o sea identificar los valores estratégicos operativos
que dirigirán a la empresa y serán asumidos
y practicados por todos los miembros de la organización.
Para
reconocerlos es necesario que se produzca un diálogo
del líder consigo mismo, diálogo a nivel
de equipo directivo y un diálogo entre todos los
grupos de interés involucrados con el fin de reconocer
en todos estos niveles los más relevantes y compartidos.
Las
características que deben cumplir se resumen en
que deben ser pocos, simples y fáciles de recordar,
significativos para la estrategia de la empresa, participativamente
escogidos, significativos para las necesidades de los
empleados, de comunicación y formación mediante
un proceso específico, percibidos como de libre
compromiso, que brinden comodidad a la gente al participar
en rituales derivados de ellos, coherentes entre teoría
y práctica directamente proporcional al nivel jerárquico,
convertibles en objetivos medibles de acción, de
cumplimiento evaluado y asociado a recompensas y periódicamente
cuestionados y reformulados.
El
paso final es concentrar y comunicar los valores esenciales
que regirán a toda la organización a través
de reuniones, gráficos, afiches, etc.
Fase
II: Tras haber reformulado la misión, la visión
y los valores operativos es necesario establecer las líneas
de acción a seguir para definir objetivos que serán
llevados a cabo por Equipos de Proyectos que permitirán
plantear la visión estratégica a futuro
de la empresa.
Para
su éxito se deben transformar los valores esenciales
en objetivos generales alcanzables en el mediano plazo
y objetivos específicos en el corto plazo.
Como
primer paso de este proceso lógico se deben plantear
indicadores de medida de los valores esenciales. Así
por ejemplo, si una organización determina que
uno de los valores operativos que debe existir es la honradez;
debe entonces buscar o crear indicadores de medida que
permitan comprobar que sus integrantes están siendo
realmente honrados.
Es
en este momento cuando podemos plantearnos objetivos complejos
como crear sistemas que comprueben la salida justificada
de materiales. Puede ocurrir que un valor dependa de variables
muy subjetivas, haciendo más difícil encontrar
los nombrados indicadores. Se considera que frente a valores
como la honestidad y la belleza no se pueden plantear
medidores, pues no hay razón de encontrar su significación
máxima. Sin embargo, la DpV debe medirlos para
finalmente llegar a un consenso.
Los
Equipos de Proyecto son los elegidos para poner en práctica
los valores operativos y los objetivos complejos. Ellos
se caracterizan porque deben estar coordinados por un
líder, su tamaño operativo debe ser entre
seis y diez personas, sus miembros deben dedicar tiempo
parcial al proyecto y pertenecer a diferentes jerarquías,
su constitución debe ser voluntaria, se deben distinguir
habilidades de comunicación y desarrollo en equipo
y finalmente deben estar motivados por incentivos económicos
y de reconocimiento. Cada uno de estos proyectos contribuye
a cumplir el gap.
Mantenimiento:
Fase
III: Está referida a la política de las
personas basada en valores.
Los
procedimientos internos en relación a las personas
adolecen, generalmente, de falta de relación con
las estrategias manifestadas por la Dirección y,
además, las unidades se desarrollan en forma fragmentada
impidiendo la capacidad de potenciarlas mutuamente.
La
DpV plantea la Selección por valores que consiste
en seleccionar a las personas que posean valores coherentes
con la organización, llegando más allá
de la selección en base a las titulaciones profesionales.
Incluso, en el caso de la experiencia, no se refiere a
permanecer un tiempo determinado en una empresa sino a
la capacidad de haberse adaptado a los cambios, haber
tenido éxito en situaciones difíciles, etc.
Los
valores a identificar son valores personales en sintonía
con la visión y
misión de la empresa, con la cultura corporativa
y aquellos requeridos para puestos de trabajos específicos,
encontrándose allí las habilidades personales
y las competencias técnicas.
Las
preguntas claves en la selección son, entre otras:
¿Cuáles son sus valores o principios de
acción a la hora de trabajar?, ¿Cómo
cree que hay que comportarse con los clientes?, ¿Podría
referirse a alguna anécdota de éxito profesional
o personal que reflejen estos valores?.
También
es importante la formación y desarrollo de valores
de acuerdo al requerimiento de la empresa, identificando
qué creencias hay que aprender o desaprender para
desarrollarlos y qué conocimientos y habilidades
se requieren para ello. Lo anterior se logra a través
de intervenciones formativas que pueden adoptar la forma
de conferencias de expertos, reuniones; charlas internas
abiertas, desarrollo de equipos, etc.
Otro
factor clave es evaluar el rendimiento y reconocer el
esfuerzo según el cumplimiento de valores, para
lo cual se necesita un líder que conozca bien a
su gente, además de disponer de los recursos para
recompensar sus esfuerzos. Para esto se deben perfeccionar
constantemente los sistemas de salarios, bonos, etc. Al
mismo tiempo, se deben rediseñar las condiciones
de trabajo: autonomía, identidad de tareas, equidad,
apoyo, etc.
En
resumen, para que los valores se tomen en serio es necesario
recompensar los esfuerzos que se realicen para traducirlos
en acciones. Es más, puede afirmarse que las conductas
cotidianas se producen en función de qué
valores son recompensados y cuales no, creando así
una cultura de reconocimiento de esfuerzos.
Fase
IV: Una vez que los valores esenciales pasan a ser criterios
de orientación de la conducta deben ser analizados
y evaluados ya que es común que al replantear la
visión, misión y valores operativos se le
dé importancia máxima para luego no evaluarlos
o retribuir su accionar.
Es
considerable el diálogo colectivo para cuestionar
valores, lo que representa en sí un cambio cultural,
haciendo necesario auditar.
Esta
auditoria está relacionada con la contabilidad
y las finanzas de la organización, incluyendo las
auditorias comerciales de respeto medioambiental,
de comunicación, de calidad o de otros sistemas
y procesos internos.
En
conclusión, la Dirección por Valores está
orientada a humanizar la gestión al interior de
la empresa, reconociendo que los niveles inferiores poseen
conocimientos que orientan competitivamente a la entidad.
Esto hace que los miembros desarrollen, reformulen, compartan
y vivan los valores postulados. Se debe considerar que
lo más difícil es poner este proceso en
práctica y gestionar la acción para que
cada integrante los haga propios.
En
todo este proceso la participación del líder
es relevante ya que debe motivar, ayudar a identificar
los valores comunes, manejar la resistencia y guiar el
cambio para declarar un estrategia compartida.
Lo
importante es la verdadera intención del cambio
ya que el cambio es una oportunidad y no una amenaza.
Referencias
bibliográficas
García,
S., y S. Dolan. 1996. La dirección por valores.
España: Mc Graw Hill.
Koontz,
H. y H. Weihrich. 1994. Administración: una prespectiva
global. México: Mc Graw Hill.
Robbins,
S. 1996. Comportamiento organizacional: teoría
y práctica. México: Prentice Hall Hispanoamericana,
S.A.
Robbins,
S. y M. Coulter.1996. Administración. México:
Prentice Hall Hispanoamericana, S.A.
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