|
29 de Mayo 2006
México no está preparado para
emplear a 500 mil deportados
El
Gobierno Federal ante un gran desafío se encuentra: deberá
generar el empleo suficiente para la población que vive en
el país y los más de 500 mil mexicanos que pueden ser
deportados de Estados Unidos, de aprobarse en su totalidad
la reforma migratoria.
El presidente del Comité del Centro de Estudios para el
Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria,
diputado Víctor Suárez Carrera, afirmó que actualmente hay
un millón y medio de desempleados en México; 40 por ciento
de la población activa está en el subempleo.
Subrayó que “entonces nuestro país no puede recibir a 500
mil mexicanos, a menos que se reoriente la política
económica y la política de gasto público”.
En ese sentido, cuestionó el destino de los excedentes del
petróleo, porque no se reflejan en el crecimiento, de ahí
que se tendría un problema social y político muy grande de
concretarse la deportación de estos 500 mil mexicanos.
Abundó que la migración rural es un gran dilema y en estos
13 años de Tratado de Libre Comercio dos millones de
campesinos se han visto obligados a salir de sus
actividades buscando alternativas en los Estados Unidos.
Agregó que entre 450 y 500 mil mexicanos anualmente se ven
obligados a emigrar a los Estados Unidos, de los cuales
200 mil, son población rural.
Refirió que la reforma migratoria es parcial, no la
integral que demandan los inmigrantes, principalmente los
hispanos. Dijo que es un avance que permite la
legalización de 7 millones de connacionales, con 5 o más
años de estancia en Estados Unidos.
Aseguró que los diputados mexicanos pugnan porque sea una
reforma integral que permita la legalización de los 12
millones de indocumentados en el país vecino y que este
proceso legislativo no esté acompañado de una
militarización de la frontera, ni de la construcción de
bardas.
En su turno, la doctora Susan Gzesh, directora del
Programa de Derechos Humanos de la Universidad de Chicago
se preguntó: para qué se quieren bardas entre México y
Estados Unidos cuando no existen conflictos reales entre
ambas naciones. Sólo representa un peligro para las
relaciones bilaterales.
La defensora de los Derechos Humanos en Estados Unidos
expuso que los mexicanos han hecho una diferencia por su
presencia en aquel país, en marchas y cabildeos.
Consideró que el gobierno mexicano no puede intervenir en
las decisiones de Estados Unidos, pero sí podrían
cabildear ambos Ejecutivos como es lo tradicional en las
relaciones exteriores.
Lo sucedido ayer en el Senado de Estados Unidos- aseveró-
da buenas noticias. Una de ellas es la muestra del poder
de las marchas; pero también hay malas, como las bardas en
las fronteras, así como las multas que se quieren aplicar
para la legalización.
En su conferencia magistral “Los mexicanos al otro lado de
la frontera: marchas, militarización y política migratoria
estadounidense”, confió que de las elecciones en noviembre
salga un Congreso norteamericano más favorable a los
intereses de los inmigrantes, con más demócratas en la
Cámara de Representantes.
Reconoció que los inmigrantes han logrado una resolución
legislativa y han hecho visibles a personas que piensan.
Más adelante, Leonel Sandoval Palacios, coordinador
general del Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de
Fronteras, señaló que la militarización de la franja
fronteriza por parte de Estados Unidos ha llevado a una
mayor vulnerabilidad de los migrantes. De ahí que sea
necesaria una postura del gobierno mexicano respecto a que
deben desvincularse ambas cuestiones.
Añadió que la excesiva militarización para supuestamente
detener la migración indocumentada, el narcotráfico y el
terrorismo, en el fondo tienen que ver con el control
geopolítico de la región por parte del vecino país del
norte, bajo el pretexto de la seguridad nacional.
Subrayó que México está dentro de la lógica de la
seguridad de los Estados Unidos, que desde el 11 de
septiembre se planteó la necesidad de crear un perímetro
en América del Norte, para fragmentar a su enemigo y pasar
de ser el comando central en Europa al comando norte, y
hay un acercamiento cada vez mayor de los militares
mexicanos a ese comando.
“El siguiente paso son acciones conjuntas en contra del
narcotráfico y el tráfico de personas, en función de la
colaboración de las fuerzas armadas mexicanas con
norteamericanas en este proceso de integración para el
comando norte. Ya, inclusive, en la Secretaría de la
Defensa se discute la posible participación de mexicanos
en las acciones de los llamados cascos azules”, refirió.
De ahí que, apuntó, no se pueda avanzar en ninguna medida
si no se plantea la desmilitarización de la cuestión de la
migración y que el tratamiento en narcotráfico y
terrorismo se dé en sus propios términos.
Criterio |