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Definición y
enfoque de la
ética
empresarial
por Pedro
Francés, Ángel
Borrego y
Carmen Velajos.
en "Códigos
éticos en los
negocios"
Fundación de
Estudios
Financieros.
Ed. Pirámide
2003 Madrid
La ética
empresarial es
una rama de la
ética
aplicada. Se
ocupa del
estudio de las
cuestiones
normativas de
naturaleza
moral que se
plantean en el
mundo de lo
negocios. La
gestión
empresarial,
la
organización
de una
corporación,
las conductas
en el mercado,
las decisiones
comerciales,
etc. La ética
empresarial se
distingue, por
un lado, de
las ciencias
empresariales
o económicas
puramente
descriptivas
(sin
pretensiones
normativas)
tales como la
econometría o
la historia
económica. Por
otro lado, se
diferencia de saberes con
pretensiones
normativas
pero no de
naturaleza
moral, tales
como la
economía
política o la
contabilidad.
Todas las
ciencias con
pretensiones
normativas han
de confrontar
en algún
momento sus
supuestos
normativos con
preguntas como
¿cual es el
fundamento de
la pretensión
normativa de
esta ciencia?
¿en qué
certezas basa
su pretensión
de proponer
criterios
justificados
para la
decisión y la
acción? ¿son
estos
criterios
universalmente
válidos? etc.
La ética
empresarial
como
disciplina
académica
suele abarcar
uno o más de
los siguientes
temas: el
estudio de los
principios
morales
aplicables a
la vida
económica y
empresarial;
el estudio y
crítica de los
valores
efectivamente
dominantes en
el ámbito
económico en
general y en
cada una de
las
organizaciones,
el análisis de
casos reales
que
ejemplifican
la
responsabilidad
de las
organizaciones
y de sus
diversos
constituyentes;
el desarrollo
de cuerpos
normativos
voluntarios o
procedimientos
estandarizados
de gestión
basados en
principios y
valores
éticos; el
seguimiento y
descripción de
la importación
de estos
códigos y
procedimientos
en
organizaciones
concretas, así
como la
observación de
sus efectos en
las propias
organizaciones
y su entorno.
También se
ocupa con
frecuencia la
ética
empresarial
del estudio de
las virtudes
personales que
han de estar
presente en el
mundo de los
negocios. Se
trata de
mostrar que
tales virtudes
forman parte
de la correcta
comprensión de
lo que es una
buena vida
para un
directivo,
para el grupo
de personas
que forman una
organización o
para la
sociedad más
amplia en que
la
organización
misma se
integra.(1)
Aunque las
organizaciones
las componen
personas, y
aunque el
carácter
personal de
los directores
tiene
importancia
decisiva en el
perfil ético
de las
organizaciones,
las
responsabilidades
corporativas
no coinciden
con las
individuales,
los métodos de
decisión
corporativas
difieren de
los
personales,
los principios
y objetivos de
las
organizaciones
están a veces
por encima de
las personas y
los valores
corporativos
no tienen por
que
identificarse
con los
valores
personales de
los miembros
de la
organización.
en definitiva,
la ética
empresarial
tienen
componentes
-los
organizacionales-
que la
distinguen
netamente de
la ética
individual.
Cuando se
habla de
institucionalización
de la ética
empresarial
nos referimos
a los
mecanismos
objetivos
(códigos,
documentos
formales,
programas de
formación,
comités
específicos,
asesorías,
procedimientos
documentados
de decisión,
sistemas de
gestión, etc.)
Mediante lo
que se trata
de hacer
efectivos los
valores o
principios
éticos de una
organización.
la ética
empresarial
es, como hemos
dicho, una
ética de las
organizaciones.
(Mac Lagan,
1998: Lozano,
1999 p-51) y
por ello ha de
adquirir un
nivel de
formalidad
innecesario en
la ética
individual.
Tanto los
fundamentos
como los
valores,
normas o
principios que
una ética
empresarial
pudiera
proponer
estarán
dirigidos a la
organización y
en
consecuencia
han de adoptar
la forma que
tenga sentido
y que sea
eficaz en
términos
organizativos.
Mientras la
ética
individual
apela a la
conciencia o a
la razón de
cada persona,
la ética de
las
organizaciones
ha de apelar
al equivalente
organizativo,
que son
procesos que
determinan las
decisiones y
comportamientos
de las
organizaciones.
La ética
individual y
la ética
organizacional
no pueden
separarse
tajantemente
porque al fin
y al cabo,
quienes
realizan las
tareas en las
organizaciones
son personas
concretas con
su ética
privada y sus
convicciones
personales
sobre que se
debe hacer en
cada momento.
Además,
algunas de
esas personas
pertenecen a
colegios o
sindicatos
profesionales,
que imponen a
sus miembros
normas
deontológicas
estrictas a
las que deben
atenerse en su
trabajo. Casi
todas las
grandes
corporaciones
han entendido
que una
organización
responsable es
algo más que
una suma de
personas
virtuosos y
profesionalmente
íntegras.
Así lo
demuestra la
historia de la
ética
corporativa,
que en EEUU
acumula ya
varias
décadas. (2)
Hay muchas
razones para
plantearse la
necesidad de
una ética de
las
organizaciones
como ámbito de
estudio
específico de
la ética
aplicada. Una
de las más
sobresalientes
es que la
ética
corporativa ha
de hacerse
pública; no
puede quedar
como
habitualmente
sucede en las
convicciones
morales
individuales,
en el "fuero
interno".
Enfrentadas a
sus
responsabilidades,
las
organizaciones
no pueden
albergar
"sentimientos"
morales
(culpabilidad,
vergüenza,
orgullo,
sentido del
deber) como
les sucede a
las personas
que han tenido
alguna
educación
moral. Las
organizaciones
han de
responder a
sus
responsabilidades
con decisiones
colectivas.
Razones
para una ética
de las
organizaciones
Las
razones por
las que una
ética
organizativa
se hace
necesaria han
sido
destacadas por
los estudios
del desarrollo
corporativo en
la era
posindustrrial
y
poscapitalista.
Se trata de
las
circunstancias
que presionan
en las
empresas y que
las abocan a
adoptar
respuestas
globales y
proactivas.
Las grandes
organizaciones
actuales están
sometidas a
demandas
tradicionales
de los que
podemos llamar
'agentes
internos' como
trabajadores y
accionistas se
transforman.
Desde todos
los lugares
(desde fuera y
desde dentro)
se presiona a
las
organizaciones
porque ellas
tienen gran
influencia
sobre las
vidas de mucha
gente y una
gran capacidad
de poder
efectivo en un
mundo
globalizado.
Con frecuencia
las
organizaciones
multinacionales
tienen más
influencia,
capacidad y
poder que los
estados.
Por eso ellas
son el objeto
de las
presiones y
las demandas
de quienes se
sienten de
algún modo
afectados o se
erigen en
portavoces de
los afectados
por sus
actividades o
por las
consecuencias
de las mismas.
Se les
responsabiliza
porque muchas
veces solo
ellas pueden
evitar
determinados
resultados o,
si ya ha
ocurrido,
repararlos. Y
en el caso
particular de
las empresas
con ánimo de
lucro, porque
ellas se
benefician
principalmente
de actividades
cuyas
consecuencias
negativas
pueden sufrir
otros.
El que una
organización
deba
responsabilizarse
de sus actos
no es nuevo.
En todos los
países
desarrollados
hay
legislación
detallada,
civil, penal,
laboral,
administrativa,
mercantil, que
especifica que
responsabilidades
tienen las
personas y las
corporaciones.
En los países
desarrollados
hay además
sistemas
judiciales
suficientemente
fiables que
tratan de
imponer las
responsabilidades
legales cuando
es necesario.
Lo que es
nuevo es la
conciencia
social de que
esa
responsabilidad
corporativa
existe, y que
debe hacerse
efectiva
incluso cuando
la ley no
alcanza a
imponerla. por
ejemplo cuando
atañe a hechos
realizados
fuera de las
fronteras del
país de
nacionalidad
de la
corporación,
cuando ninguna
ley protege el
bien afectado
o cuando el
procedimiento
de reparación
judicial es
tan lento que
resulta
inútil. en
estos casos, y
en muchos
toros, agentes
externos e
internos
presionan
directamente a
la
organización,
en la medida
que pueden
para que se
responsabilicen
de sus
acciones, al
margen de si
tienen o
no una
obligación
legal de
hacerlo. Esas
presiones, que
de algún modo
suponen el
reconocimiento
de la
impotencia del
Estado frente
a las
organizaciones,
pueden
conducir,
cuando se
acumulan, a lo
que podemos
llamar
"bancarrota
moral" de esas
mismas
organizaciones.
En cierto
momento, una
organización
que haya
descuidado sus
responsabilidades
puede
encontrarse
ante una
bancarrota de
este tipo, y
que conduce a
una bancarrota
contable y que
acaba por
erosionar
la confianza
de los
consumidores,
los gobiernos,
y los mercados
financieros.
Las
organizaciones
con una sólida
cultura ética
se
caracterizan
por anticipar
esas demandas
asumiendo sus
responsabilidades
antes que sean
planteadas
como quejas, o
antes que se
produzca el
daño. Esto es
lo que podemos
llamar una
actitud
proactiva,
para
distinguirla
de la actitud
reactiva que
se basa en
responder a
las demandas
una vez que
han sido
formuladas.
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Notas
(1) El famoso
libro de Tom
Morris 'Si
Aristóteles
dirigiera
general Motors'
(Madrid,
Planeta, 1997)
ejemplifica
este tipo de
literatura.
(2) las
declaraciones
de principios
corporativas
existen en
algunas
empresas
nortemericanas
desde los
albores del
SXX. Adams
Tashcian y
Stone (2001)
nos recuerdan
que la
declaración de
valores de la
cadena de
grandes
almacenes JC
Pennay de
1913, y el
código ético
corporativo de
Johnson &
Johnson de
1940. Sin
embargo, la
"autoconciencia"
de la ética
empresarial
como un
elemento de la
gestión y su
presencia como
disciplina en
las escuelas
de negocios,
no es anterior
a los años 50
y 60
(Lozano, 1999
p.38) viviendo
su mayor
expansión en
los 80. |