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Cultura y aprendizaje
por Lic. Daniel
Scheinson Lic. en
Publicidad. Doctor en
marketing por la
Interamerican University
of Humanistic Studies
(Florida, EE.UU.)
Actualmente es Director de
Comunicación de OSDE. Este
capítulo fue publicado en
su libro Comunicación
Estratégica. Ediciones
Macchi 5ta Ed.
En toda empresa hay
vigente un patrón de
comportamientos, formas
tradicionales en las que
sus integrantes piensan,
actúan y aprenden; una
óptica determinada desde
la cual es interpretada la
realidad y, en
consecuencia, se
desarrolla la
cotidianeidad.
A esta amalgama de pautas
de conductas, valores
compartidos, ideas,
símbolos y formas
normativas, se las
denomina "cultura
corporativa".
La cultura corporativa es
un elemento activo y
movilizador de la empresa,
que se instala a través de
procesos de interacción,
imitación o aprendizaje.
La dinámica cultural no es
estable, está en continuo
movimiento, el cual surge
de la antítesis de las
fuerzas que la aceptan y
de aquellas que la
rechazan. No obstante
esto, no ha de
considerarse a la cultura
corporativa como algo
frágil, ya que es una
dinámica que se realimenta
a sí misma, legítimamente
y reforzándose.
Las creencias y valores
que son tomados como
válidos en la empresa,
establecen un marco de
referencia compartido que
opera indicando cuál es el
modo de pensar esperado,
estableciendo asimismo, a
qué y a quien se ha de ser
leal, y orientando la
forma en que han de ser
realizadas las cosas.
En una empresa, las normas
son el modo para
explicitar las reglas de
juego que son permitidas.
Cuando estas normas son
coherentes con las
creencias y valores
compartidos, gradualmente
se van arraigando en las
personas, de modo tal que
los sistemas compulsivos
externos dejan de ser
necesarios. Se desarrolla
así una atmósfera de
presión entre los miembros
de la empresa, la cual
mantiene vigente las
creencias y valores y
desestimula cualquier
acción contra ellos.
Cuanto más sólida es una
cultura corporativa, menos
necesarios se hacen los
organigramas y los
manuales de normas y
procedimientos.
Por el contrario, cuando
una empresa no tiene una
cultura sólida, tampoco
tiene una idea sólida de
lo que ella es y
representa. Al no poseer
creencias ni valores, la
única seguridad de las
personas reside en la
posición que ocupan en el
organigrama, lo que torna
a la organización
monolítica, y poco o nada
flexible.
La cultura corporativa
establece formas de
interacción, liderazgos y
preferencias dentro de la
empresa; y estos modelos
surgen de un intercambio
recíproco entre la empresa
y su entorno.
en rasgos generales
podríamos clasificar las
culturas según sean
fuertes o débiles, y en si
son de cierre o de
apertura.
→
Culturas fuertes o débiles:
respecto al grado de
intensidad con el que se
manifiestan las creencias
y valores y el grado de
cohesión cultural que
existe entre los
implicados. Importa la
coexistencia o no de
subculturas y las
compatibilidades entre
éstas.
→
Culturas de cierre o
apertura:
respecto al grado de
sensibilidad que posee
acerca de los cambios que
se suceden en su entorno,
y la actitud que adopta al
respecto.
De esto podemos construir
una matriz que, a partir
de dos ejes
(fuertes-débiles y
cierre-apertura) define
cuatro cuadrantes
correspondientes a cuatro
tipo de culturas
genéricas.
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Autoclausura |
Activo -
Adaptativas |
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Cierre |
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Apertura |
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Vegetativas |
Pasivo -
Adaptativas |
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Débil |
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» Cultura vegetativa:
una empresa con un bajo
grado de conciencia
cultural, ya sea por
divergencias, falta de
cohesión o de un proyecto
corporativo.
Al mismo tiempo, la
empresa se encierra en sí
misma y pierde la
oportunidad de aprender.
Este tipo d empresas, a no
ser que se lo propongan y
efectúen un rápido y
enérgico cambio, están
condenadas a desaparecer
tarde o temprano.
» Cultura de autoclausura:
una empresa que posee un
fuerte proyecto
corporativo que es
compartido por la mayoría;
pero no toma en
consideración a los
cambios que se están
sucediendo en su entorno.
Esta actitud de
ombliguismo, hace correr
el riesgo de tornar en
obsoleta a la estrategia,
y de cometer graves
errores por falta de
sensibilidad a las
circunstancias.
» Cultura de pasivo-adaptativa:
esta empresa posee un
proyecto corporativo
inconsistente y una
cultura débil; cuestión
que deriva de una especial
y excesiva preocupación
por la plasticidad,
esto es la adaptación a
los requerimientos del
entorno. Su principal
objetivo pasa por la
adaptación, tanto que por
esto, es capaz de perder
de vista sus propósitos,
en pos de lograr dominar
la flexibilidad.
La plasticidad no es una
cualidad negativa, siempre
y cuando se la maneje con
prudencia y mesura, y no
como un fin en sí mismo.
Los sucesivos cambios y la
inestabilidad de los
propósitos debilitan a la
cultura y hacen imposible
la existencia de un
verdadero proyecto
corporativo.
» Cultura de activo-adaptativa:
esta empresa posee un alto
sentido de proyecto
corporativo y una fuerte
conciencia de lo que
está sucediendo "allá
afuera" en su entorno.
La empresa toma lo
necesario del entorno para
aprender y lograr
optimizar su actuación y
su proyecto.
Este modelo de cultura es
el que debe aspirar
alcanzar cualquier empresa
que se proponga subsistir
o progresar.
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