Muchos
lo han sufrido. Usted tiene apenas una hora para
almorzar y pasa 20 minutos esperando en la fila
kilométrica de un "fast food". Finalmente llega su turno
y le toca un cajero con mala cara, que ni siquiera le da
las buenas tardes, como si usted fuese el culpable de su
evidente amargura. Para colmo, le da la orden incompleta
y se enoja cuando usted le reclama.
O quizás usted ha llevado su carro bajo garantía al
taller, pasa dos semanas sin su vehículo y cuando lo va
a buscar se da cuenta que ni siquiera lo han tocado.
Para ir a la oficina del médico, se
levanta a las 4:00 a.m. y viaja hora y media, ya que
quiere estar temprano para anotarse a la lista. Luego
pasa todo el día en la oficina del galeno y se da cuenta
como descaradamente la secretaria cuela a varios
pacientes "con conexiones" que nunca se apuntaron en la
lista ni tuvieron que madrugar, pero sin embargo,
lograron ser atendidos antes que usted.
Va a la mega cadena de ferretería, pide unos pisos para
su nuevo apartamento, los paga por adelantado luego de
que le tomaron las medidas del área y luego tardan
varias semanas en entregárselos. Una vez llegan a su
casa le dicen que no los pueden instalar porque hay un
problema de desnivel en su apartamento.
Dejan los materiales en su casa, así que usted llama a
la tienda y pasa 57 minutos en el teléfono, en espera,
para hablar con una supervisora, quien al fin y al cabo
ni se inmuta en buscarle una solución a su problema.
Estas son vivencias reales que evidencian la epidemia de
mal servicio al cliente que azota a nuestro país día a
día. Y aunque muchos se quejan a viva voz de la lentitud
y el mal servicio en algunas agencias gubernamentales,
lo cierto es que el sector privado no está exento de
este problema.
Según el gurú de mercadeo internacional Harry Beckwith,
autor del libro "Selling the Invisible" (Vendiendo lo
invisible), parte de la culpa por la continua erosión en
la calidad del servicio al cliente radica en la cultura
occidental.
"En este lado del hemisferio, el servicio es visto
erróneamente como una actividad que no está a la altura
de otras profesiones. Mientras, en Europa y en países
como Inglaterra, por generaciones el servicio se ha
visualizado como algo de honor", sostuvo el consultor,
quien se especializa en el área de servicios.
"Es que (en Puerto Rico) no hay una cultura de
servicio", agregó el economista José Joaquín Villamil,
presidente de Estudios Técnicos. "Y te das cuenta cuando
vienes de otros lugares, desde el momento en que pisas
el aeropuerto".
Villamil señaló que la ineficiencia en el servicio,
tanto a nivel gubernamental como en el sector privado,
aumenta dramáticamente los costos de hacer negocio.
"Pero cuantificar el impacto económico de eso es difícil
de medir. No se puede estimar", señaló.
El economista José Alameda coincidió en que es casi
imposible ponerle una cifra al costo que tiene el mal
servicio. "Pero sí se genera un costo excesivo que es el
costo de la oportunidad", explicó.
Alameda sostuvo que el tiempo de espera que uno invierte
cuando recibe un mal servicio tiene un costo ya sea en
el salario - si es que está fuera de su trabajo haciendo
una diligencia- o inclusive en su tiempo libre. "Aun
cuando la persona está en su tiempo libre y está en una
fila esperando por un servicio, eso tiene un costo que
va atado a la reducción de tu nivel de bienestar",
explicó.
Parte de la razón por la que no se ha resuelto el
problema de servicio en Puerto Rico es sencillamente
porque los líderes de opinión y las personas a cargo de
crear política pública, por lo general, tienen los
medios o las conexiones para conseguir un mejor servicio
que el resto de la población, dijo Villamil.
A resolver el problema
Pero tanto el sector privado como el
público reconoce la problemática y muchos están
reaccionado. Decenas de empresas invierten cifras
millonarias en adiestramientos para sus empleados, con
énfasis en servicio al cliente.
Tome el caso de la cadena de restaurantes Burger King,
que aunque no reveló cifras exactas, dejó ver que la
inversión en adiestramientos sobrepasa los $1.5 millones
anuales para sus cerca de 7,000 empleados en la Isla.
"El adiestramiento es costoso, por lo cual quieres ver
un retorno en la inversión reflejado en la satisfacción
al cliente", sostuvo William Serra, director de
adiestramientos de Caribbean Restaurants, dueña de la
franquicia de Burger King en la Isla.
Entre los esfuerzos que ha realizado la cadena a través
de los años, se incluye una especie de Justas donde los
empleados compiten para demostrar que han aprendido
sobre todas las áreas del negocio, incluyendo servicio
al cliente.
Mientras, Manuel Marrero, director de Recursos Humanos
para la cadena, admite que reclutar empleados,
especialmente en el área metropolitana, es una tarea
difícil.
"Y es que muchas veces las personas tiene un concepto
erróneo de lo que es trabajar en un negocio de comida
rápida. Pero entonces le explicamos la diferencia de
trabajar para Burger King y le hablamos sobre seguro
médico, vacaciones, regalo de Navidad, de cumpleaños y
otros beneficios", explicó Marrero.
Tanto adiestramientos como paquetes de compensación son
factores que influyen en que el personal pueda ofrecer
un buen servicio al cliente. Pero eso no lo es todo.
"El ser humano quiere trabajar donde se le reconoce lo
que está haciendo y sus contribuciones a la compañía"
comentó Shannon Boyle, presidenta de la firma de
consultoría Hewitt Associates. "Primero hay que poner
internamente la 'casa' en orden para que los empleados
estén en un ambiente que propicie el que se dé un buen
servicio", añadió.
Según Boyle, muchas empresas con problemas de servicio
al cliente acuden a su firma - especializada en recursos
humanos- y piensan que van a salir con un programa de
adiestramiento.
"El adiestramiento en gran parte ayuda al síntoma, pero
no corta el problema de raíz".
Una cuestión de fidelidad
Según Boyle, el empleado tiene que
estar orgulloso de ser parte de la compañía. "Eso tiene
una relación directa con el servicio al cliente, porque
si el empleado le es fiel a la compañía y se siente
orgulloso, automáticamente va a tener un mejor
comportamiento".
El consultor Miguel Tejera, conferenciante especializado
en recursos humanos, opinó que para mejorar el servicio
al cliente las empresas tienen que tener como norte el
profesionalizar a su fuerza laboral, al igual que
prevenir y solucionar de inmediato situaciones negativas
que surjan con el cliente.
Mientras, el secretario del DACO, Alejandro García
Padilla, indicó que "es bien sencillo. Lo que tiene que
saber el consumidor y el comerciante es que el
comerciante no le hace un favor al cliente con venderle
un producto o servicio. Es el consumidor quien le hace
el favor al comerciante cuando lo patrocina y es ese
mismo consumidor quien puede irse a otro comerciante
cuando el servicio no es el esperado".
El Nuevo Día