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19 de Diciembre 2005
EE.UU.:
Conservadores atacan empresas que contratan ilegales
LAKE FOREST,
California, EEUU (AP) - La camioneta blanca entra
lentamente en la playa de estacionamiento de una
tienda e inmediatamente la rodea una treintena de
jornaleros hispanos que se ponen a negociar con el
conductor. Segundos después, otra turba se avalancha
sobre el vehículo. Blancos, cincuentones, toman
fotos y hablan de leyes laborales.
"Si contratas trabajadores ilegales, pondremos tu
foto en la internet", advierte Robin Havidston,
administrador de propiedades que se convirtió en
activista migratorio tras asustarse por el número de
latinos en su comunidad.
"Yo contrato legales", dice el conductor en inglés
mal hablado. Más tarde se identifica como iraní.
"Pero esta gente no es legal", replica el
manifestante Gerry Nance, al entregar al conductor
un manojo de formularios. "Tiene que verificar todo
esto para asegurarse".
El conductor menea la cabeza y se va. Los
trabajadores regresan a la pared de la tienda,
frustrados pero con la esperanza de que los
manifestantes se vayan y les permitan ganarse el
jornal del día.
Furiosos por la política del gobierno federal de
cara a la inmigración ilegal, temerosos de que los
indocumentados depriman los escalas salariales,
grupos derechistas que abogan por la reforma
migratoria están ampliando su radio de acción, de la
frontera entre Estados Unidos y México a los lugares
de trabajo en el Sur de California, Texas, Virginia
y hasta ciudades del norte como Chicago.
El
objetivo tiene dos objetivos: impedir que las empresas,
por vergüenza, sigan contratando indocumentados y obligar
al gobierno a aplicar la ley.
"Sabíamos que debíamos atacar en dos frentes para obligar
al gobierno a ocuparse de este problema", dijo Chris
Simcox, un ex maestro de escuela y fundador de los
Minutemen, que iniciaron las patrullas civiles de la
frontera con Arizona el año pasado y ahora se concentran
en los empleadores. El objetivo del grupo, cuyo nombre
proviene de una milicia de la guerra de independencia, es
"filmar, denunciar e incomodar las empresas que violan la
ley".
Estas tácticas enfurecen a los empresarios, que amenazan
con iniciar juicios.
"Son ataques personales, todos falsos", dijo Elías Zepeda,
gerente contable de Strong Terminators, una empresa
exterminadora de insectos de Downey, California denunciada
en wehirealiens.com. "Por eso acudimos a los abogados".
Una decena de empresas denunciadas en esas páginas se
negaron a hacer declaraciones. El dueño de una de ellas
dijo que nunca contrató indocumentados y que se aprestaba
a iniciar juicio por difamación a wehirealiens.com.
Si bien las autoridades de inmigración han tratado de
fortalecer la seguridad en la frontera con miles de
agentes nuevos, es infrecuente que detenga a los ilegales
en sus lugares de trabajo y más aún que aplique multas a
las empresas que los contratan.
En los 90 se detenía en promedio a 200 trabajadores por
semana, cifra que descendió a ocho por semana en 2003, el
último año del cual se dispone de cifras.
Los conservadores alarmados por la inmigración ilegal
comprenden que perseguir a las empresas puede ser más
importante que reforzar la frontera, dijo Mark Krikorian,
director ejecutivo del Centro de Estudios sobre
Inmigración, partidario de reducir la inmigración y de
aplicar la ley con mayor rigor.
"Estos grupos nuevos indican una mayor habilidad para
participar en el debate sobre inmigración", dijo Krikorian.
Los funcionarios de Inmigración y Aduanas reciben las
denuncias telefónicas y las fotos, pero éstas no suelen
ser lo suficientemente verificables para iniciar una
investigación, dijo Bill Riley, jefe de la oficina
encargada de aplicar la ley en los centros laborales.
"Les preguntamos, '¿cómo saben que son ilegales?', dijo
Riley. "Si responden que 'tienen cara de extranjeros',
evidentemente no es suficiente".
Aunque aún no se puede evaluar su impacto, los
manifestantes con cámaras aparentemente han logrado
reducir el número de trabajadores contratados en un día
cualquiera.
Durante las tres horas que duró una protesta reciente
organizada por el grupo Fire Coalition en Lake Forest, una
comunidad 80 kilómetros al sur de Los Ángeles con una gran
población latina, sólo un empleador les hizo caso omiso y
tomó a un jornalero.
Una decena de camionetas de empresas constructoras se
acercaron, para alejarse rápidamente.
"Nadie consigue trabajo cuando vienen ellos", dijo
Fernando Gómez, un jornalero. Los manifestantes "ni
siquiera permiten que los patrones se nos acerquen, pero
nosotros sabemos que sus chicos no van a hacer este
trabajo duro".
Gómez, de 30 años, oriundo de Michoacán, México, dijo que
él y la mayoría de los jornaleros que conoce entraron
ilegalmente a Estados Unidos.
"Pero algún día seremos legales", dijo. "Sólo queremos
trabajar. No vinimos a hacerle mal a nadie".
Los grupos antiinmigración con sus cámaras y
manifestaciones "son un dolor de cabeza", dijo Víctor
Narro, director de un centro de la Universidad de
California en Los Ángeles que defiende los derechos de los
jornaleros. "Pero son parte de la realidad inmigratoria de
hoy".
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