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La mayoría de los jóvenes prefieren estudiar carreras tradicionales

Además existen diversos prejuicios muy arraigados sobre las carreras como ingeniería.

LosRecursosHumanos.com - 14/03/2010

 

 

 

A pesar que el mercado demanda profesionales en áreas técnicas y de negociación, abogacía, contaduría pública y medicina, entre otras, lideran el listado de las preferidas. Especialistas opinan sobre la elección de las carreras tradicionales como respuesta a un viejo prestigio social que hoy es sólo ficticio, la cuestión de la vocación en términos de construcción en la que influyen cuestiones culturales y mandatos familiares, la importancia de los talleres de orientación vocacional y el peso del factor económico. Entre otros datos, un informe de la Unesco reveló que Argentina encabeza el ranking con el 64% de jóvenes que siguen estudios terciarios y universitarios.

En 2009, el 40 % de los ingresantes al Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires eligieron carreras tradicionales como medicina, abogacía, contador público o psicología. En tanto, en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), que no ofrece medicina ni psicología, el ranking fue liderado también por abogacía, aunque los inscriptos en ingeniería en informática ocuparon el segundo lugar, antes que la cantidad de aspirantes a contador público.

En coincidencia con esto, y en relación a los inscriptos de todo el país, la Coordinación de Investigaciones e Información Estadística (CIIE) de la secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de Nación destaca una importante ventaja para las ciencias sociales (con abogacía como la más elegida) y las carreras de salud (con medicina como segunda en el ranking nacional), frente al resto de las opciones. Entre las carreras no tradicionales, la única que concentra muchos aspirantes es informática.

“La elección de las carreras tradicionales tiene que ver con un viejo prestigio social que le asignaba la modernidad a esas profesiones y que se mantiene inconscientemente en los jóvenes de hoy”, explicó la psicopedagoga María Angélica Sandagorda. Este influjo hoy es sólo ficticio, debido a que el mercado está saturado de estos graduados y no hay suficiente demanda. Según el CIIE, el 56,7 por ciento de los ingresantes a universidades privadas de todo el país inicia sus estudios en carreras como medicina, abogacía, economía y administración, mientras que, en las instituciones públicas, esa cifra se eleva al 60 por ciento.

Otro dato es que los alumnos están más dispersos por las nuevas universidades de todo el país y no concentrados en la UBA: el CBC está recibiendo menos inscriptos por año y, entre 2003 y 2008, perdió poco más de 15.500 alumnos y, en 2008, se anotaron 55.479 aspirantes. En cambio, en la UNLaM, el número de ingresantes aumentó cada año. En 2008 se registró un total de 12.273 alumnos nuevos.

El mercado busca técnicos

La capacitación técnica es un factor decisivo a la hora de incorporar personal a las empresas. Esa es la principal conclusión a la que llegan las diferentes consultoras en recursos humanos del país, lo que desnuda que las carreras más elegidas no son las que el mercado más necesita. “Mientras la mayor matriculación se da en derecho, administración y contaduría pública, las empresas requieren personal con habilidades para las ventas, ingenierías y áreas técnicas”, especifica un informe de la consultora en recursos humanos Manpower.

Centro de Ingenieros de La Matanza, el profesional que se necesita


Las diferentes ingenierías que se dictan en las universidades argentinas gozan de la promoción oficial y figuran entre las carreras prioritarias para el Estado. Sin embargo, aunque en algunos casos aumentó el número de inscriptos en los últimos años, aún hay inconvenientes para hacer frente a la demanda de profesionales para esta especialidad.

“En la medida en que haya un crecimiento de la actividad y un sostenimiento como el actual, necesitaremos ingenieros”, subrayó al respecto Jorge Hera, Presidente del centro que agrupa a los ingenieros de La Matanza. Allí, constantemente, se reciben pedidos de profesionales, pero a pesar de contar con una base de alrededor de 2.200 expertos, éstos no consiguen hacer frente a la demanda. Para Hera, la divergencia se debe al momento que está atravesando la economía, porque “en los últimos veinte años no se llevó a cabo una política de Estado y, en consecuencia, hoy no tenemos ingenieros”. La respuesta se encontraría en una proyección “a largo plazo”.

Que Ingeniería es una carrera muy difícil, que no permite estudiar y trabajar al mismo tiempo, que es sólo para hijos de familias adineradas, son algunos de los mitos que envuelven a las ingenierías. “Esta carrera es como cualquier otra, sólo hay que dedicarle tiempo”, especificó el secretario del Centro de Ingenieros matancero, Jorge Castellano.

Por lo anterior, el presidente del Centro recomendó que cada individuo piense en aquello en lo que se siente cómodo y que lo tome como “una filosofía de vida”, ya que la sociedad actual “necesita” ingenieros y si bien la carrera no asegura una salida laboral, la probabilidad de conseguir un buen trabajo es mayor que en otras especialidades.

Un dato alentador: en 2009 cursarán el CBC para ingeniería civil, eléctrica, electrónica, mecánica, industrial, naval, química e informática unos 500 jóvenes más que el año anterior, lo que significa un aumento de alrededor del 10 por ciento; mientras que, en la UNLaM, la inscripción en ingeniería electrónica, industrial e informática subió un cinco por ciento respecto de 2008.

Argentina al tope del ranking

Según un informe de la Unesco, Argentina encabeza el ranking de jóvenes que siguen estudios terciarios y universitarios: el 64 por ciento decide continuar estudiando luego de finalizar la escuela, un porcentaje mayor al de 1999, año en el que alcanzaba un 49 por ciento. El grupo que lidera el país está conformado también por Chile (47 por ciento), Uruguay (46 por ciento), Brasil (25 por ciento) y México (26 por ciento). Por otra parte, al realizar una subdivisión entre géneros se verifica que el 76 por ciento de las mujeres en edad de seguir ese nivel escolar forma parte del sistema educativo argentino, mientras que sólo el 52 por ciento de los hombres estudia. Sin embargo, no todos terminan: se recibe apenas el 20 por ciento de esos inscriptos en ambos sexos.

 

 

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