La influencia del anarquismo en el desarrollo sindical argentino
Cuando ejercían su dominio los dueños de las tierras la inmigración masiva trajo ideales anarquistas que penetraron en la época.
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A fines del siglo XIX, con la llegada al país de la inmigración europea masiva, empezó a crecer en Argentina una corriente anarquista, que luchó y tuvo importancia en la consolidación de un movimiento obrero que pedía reivindicaciones laborales.
Uno de sus grandes teóricos Max Stirner define a grandes rasgos el anarquismo como una doctrina que sostiene que a través de la abolición de la autoridad, los hombres pueden convivir de manera justa, debido a su bondad innata.
Como ocurre con muchas teorías de izquierda que se basan en la utopía, en los hechos el anarquismo no se ajustó a su definición.
No contribuyó en la abolición del Estado, ni mucho menos, pero si colaboró con el surgimiento de los sindicatos.
A partir de 1880 comienza en el país un período que culminará desembocando en una significativa crisis económica y que se caracterizó por la llegada al país de incesantes capitales ingleses, con escaso control por parte de las autoridades locales, garantizando enormes tazas de rentabilidad para los europeos.
La inversión en ferrocarriles, la instalación de fábricas, el naciente modelo agro-exportador, no solo transformó el paisaje sino que necesitó para su desarrollo enorme cantidad de mano de obra.
En los años transcurridos entre 1880 y 1900 se radicaron en el país más de 2 millones de personas, principalmente italianos y españoles.
Las condiciones laborales que ofrecía Argentina a los recién llegados en cuanto a derechos de los trabajadores no eran muy prometedoras.
Los sueldos que se pagaban a fines del siglo XIX eran bajos, la jornada laboral era de un mínimo de 12 horas diarias, que incluía mujeres, varones y menores de edad.
Ya desde 1857 los españoles fundaron en Argentina dos sociedades para garantizar que su gente tenga acceso a la salud y a la educación, enseguida continuaron las italianas.
Algunas de estas sociedades comenzaron a organizarse luego, no en torno a la nacionalidad sino al oficio para poder luchar por mejores condiciones salariales.
Tal vez el primer referente importante anarquista en llegar al país fue el italiano Errico Malatesta en 1885, que en sus apenas 4 años de estadía dejó marcado a fuego su influencia en la creación de movimientos obreros.
Malatesta fue en Argentina el impulsor de sociedades internacionales de carpinteros, ebanistas y anexos.
En 1887 constituyó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, que fue la primera Sociedad del país que usó, interpretando las teorías de izquierda, la huelga como método para reclamar mejoras.
En 1882 obreros socialistas alemanes fundaron un grupo organizado: el Vorwärds que colaboró activamente en la organización de la clase trabajadora.
El 1 de mayo de 1890 diferentes comisiones se unieron para pedir por una reducción de la jornada laboral a 8 horas.
Una década más tarde los socialistas y los anarquistas van a unir sus fuerzas para formar la Federación Obrera Argentina (FOA). No tardarán en separase. Los socialistas quedan agrupados en la Unión General de Trabajadores (UGT) y los anarquistas en la Federación Obrera Regional Argentina (FORA).
La FORA logró consolidarse y conseguir beneficios para los trabajadores. Entre 1904 y 1909 los salarios de los obreros especializados y semi especializados subieron con mayor rapidez que el costo de vida, bajaron su jornada laboral en una a dos horas promedio y se redujo el costo de los alquileres en muchos barrios de Buenos Aires.
Los métodos anarquistas de protesta más importante eran la huelga general revolucionaria y la propaganda de acción, que justificaba los actos individuales que atentaran contra las instituciones, cuando fallaba la acción conjunta.
Así el 13 de noviembre de 1909 un joven judío anarquista, Simón Radowinsky mata al jefe de policía Ramón Falcón responsable de una gran represión obrera en la que murieron y resultaron heridos muchos trabajadores.
El 6 de junio de 1925 el anarquista italiano Severino Di Giovanni sabotea junto a un grupo de compañeros una gala en el teatro Colón a la que asisten el embajador italiano en Buenos Aires y el Presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear.
Las duras persecuciones por parte del Estado nacional al movimiento anarquista van a terminar por debilitarlo.
En 1922 la FORA se disuelve y es reemplazado por la Unión Sindical Argentina (USA) que pocos años mas tarde conformará junto a otras organizaciones la actual Confederación Gremial del Trabajo (CGT).
Bibliografía: Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia (Osvaldo Bayer), La FORA, ideología y trayectoria (Diego Abad de Santillán)
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