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Comunicación
Organizacional:
De estructuras
jerárquicas a
modelos planos
de gestión
por Lucila
Zangone.
Estudiante
Ciencias de la
Comunicación.
Facultad de
Ciencias
Sociales.
Universidad de
Buenos Aires (U.B.A.)
luzangone@yahoo.com
La
comunicación
en la
actualidad
parece remitir
a un concepto
central en la
vida de las
organizaciones.
Es un fenómeno
que se da en
toda
organización
cualquiera sea
su tipo o
tamaño, y es,
sin duda, el
proceso social
más
importante, ya
que está
vinculado con
cualquier
forma de
relación
humana, motivo
por el cual es
imposible
imaginar
cualquier
organización
sin
comunicación.
Ambos
conceptos
están
estrechamente
relacionados
en el
funcionamiento
de la empresa,
y con la
búsqueda de
sus
resultados. La
organización
requiere
programas y
dispositivos
de
comunicación
sobre los que
asentar su
coherencia.
Nada puede
resultar más
ineficaz que
una
organización
rígida,
compartimentada
y
obstaculizada
con
procedimientos
anticuados.
Asimismo, la
comunicación
improvisada y
puramente
informal puede
ser motivo de
ineficacia,
desorden,
conflictos
internos y
frustraciones.
La
comunicación
requiere
organización
sin dejar de
lado el
espacio para
lo informal.
No existe ni
una
organización
ni una
comunicación
que sea “la
mejor” en
sentido
absoluto.
Cualquier
elección
organizativa o
de
comunicación
debe ser
revisada
periódicamente.
Según ciertas
corrientes de
la
comunicación
organizacional,
las empresas
que funcionan
mal son
aquellas en
las que cada
uno recibe las
informaciones
necesarias en
el momento en
que ya es
demasiado
tarde para
utilizarlas.
No se trata de
problemas de
papelería,
circuitos o
correo, sino
de
estructuras.
Para que la
comunicación
de una empresa
se presente
como
organizada
debe tener una
clara
finalidad, es
decir estar
vinculada a
objetivos y a
un plan en su
conjunto, debe
ser
multidirecional,
es decir de
arriba hacia
abajo, de
abajo hacia
arriba,
transversal
así como
interna
-externa, etc.
Asimismo, es
fundamental
que esté
instrumentada
y utilice
distintos
soportes,
dispositivos e
indicadores
seleccionados
en función de
los objetivos.
Además debe
ser flexible
para ser capaz
de integrar lo
informal y
crear
estructuras
que lo
favorezcan.
A partir de la
introducción
de las
Tecnologías de
Informática y
Comunicación
(TIC), se han
modificado
muchas de las
pautas de
organización
de las
empresas. Se
han reducido
enormemente
los costos de
comunicación,
lo cual
facilita en
gran medida la
interacción
entre los
empleados.
Las TIC
contribuyen a
la
descentralización
de las tareas
de trabajo, ya
que permiten
la realización
de tareas
desde
cualquier
lugar
diferente a la
oficina, a la
vez que
mejoran la
coordinación
mediante el
establecimiento
de
herramientas
de trabajo en
equipo. La
tecnología
permite así la
aparición de
organizaciones
basadas en
procesos y
enfocadas al
mercado, el
trabajo en
equipo y
estructuras
mucho más
horizontales,
con
responsabilidades
descentralizadas.
Desde hace
algunos años,
se ha empezado
a observar que
las empresas
que presentan
estructuras
planas
obtienen
beneficios
superiores a
las
estructuras
con fuertes
jerarquías. Es
lo que Marisol
Pérez plantea
como “la
paradoja del
poder”: cuanto
más poder
ofrece la
empresa, mayor
poder recibe.
Así, las TIC
han permitido
a las empresas
beneficiarse
generando
aquello que se
conoce como
empowerment,
que consiste
en delegar
poder y
autoridad a
los mandos
inferiores y
conferirles el
sentimiento de
que tienen
plena
responsabilidad
sobre su
propio
trabajo.
Una
organización
como el Centro
Médico
Pueyrredón
puede resultar
un claro
ejemplo de
este nuevo
tipo de
estructura que
se están
planteando
desde hace
algunos años.
En plena
crisis contaba
con seis
empleados para
atender a
seiscientos
afiliados, y
facturaba
32.000 pesos.
Hoy, los
números son
otros. Con 165
empleados,
factura 22
millones y
presta
servicio a
veinte mil
socios. Sin
pases mágicos
de por medio,
el crecimiento
llegó de la
mano de un
plan de
desarrollo
intenso, y de
la
reestructuración
de la empresa
hacia un
modelo de
organización
plana.
La compañía
que surgió en
1956, había
sido adquirida
por un
empresario que
realizó
fuertes
inversiones y
abrió varias
sucursales.
Cuando este
empresario
comenzó a
notar ciertos
indicios de
que la empresa
se estaba
tornando
burocrática y
que valores
como la
atención
personalizada
se veían
amenazados,
decidió poner
en marcha un
programa para
generar una
estructura
plana.
Reorganizamos
la empresa en
cinco unidades
de negocio,
con un alto
grado de
autonomía, que
incorporan
todas las
funciones de
la cadena de
valor de la
gestión de la
compañía: las
ventas, la
atención al
socio, la
gestión de los
prestadores,
cobranzas,
etc. Cada
unidad maneja
su equipo de
gente,
explica Peter
Koster, asesor
de presidencia
de la
compañía.
El planteo de
Koster es que
a diferencia
de las
compañías que
trabajan con
fuertes
estructuras
jerárquicas,
donde el
trabajador se
limita a
recibir
ordenes y
ejecutarlas,
en este nuevo
modelo de
estructura
plana la clave
es la
comunicación:
“Cada unidad
de negocios
desarrolla sus
propios
objetivos en
función del
plan
estratégico de
la empresa. Lo
importante es
que los
empleados
lleguen a
estos
objetivos.
Como lo hacen
es su
problema. Se
pasa de la
obediencia
hacia un
modelo donde
el trabajo se
realiza con
libertad,
creatividad, y
mucha
responsabilidad,
dice Koster.
Este tipo de
procedimientos
apunta a
achatar la
piradme
tradicional,
dejarla con
pocos niveles,
con una fuerte
delegación a
los recursos
humanos para
atender a lo
que se suele
llamar “el
momento de la
verdad”, que
es el contacto
directo del
personal con
el cliente. La
idea es
terminar con
los
compartimientos
estancos,
integrar los
sectores,
facilitar la
comunicación y
dar mayor
eficacia y
eficiencia a
la
organización.
Es importante
destacar que
si bien los
cambios hacia
estructuras
planas han
demostrado
resultados
positivos en
el clima
interno y en
el negocio, no
fueron tantas
las empresas
que lograron
achatar sus
pirámides, ya
que para
implementar
este tipo de
modelo de
estructuras
planas se
requiere de un
fuerte cambio
cultural, por
parte de todos
los actores
involucrados.
Asimismo, es
necesario que
la dirección
se involucre,
delegue
responsabilidades
y esté
dispuesta a
compartir
información.
Se trata de
todo un
concepto, una
filosofía, de
una nueva
forma de
administrar la
empresa, donde
se integran
todos los
recursos:
capital,
manufactura,
producción,
ventas,
mercadotecnia,
tecnología,
equipo y a su
gente,
haciendo uso
de una
comunicación
eficiente para
lograr los
objetivos de
la
organización.
Esta
herramienta
reemplaza la
vieja
jerarquía por
equipos
auto-dirigidos
donde la
información se
comparte con
todos. Los
empleados
tienen la
oportunidad y
responsabilidad
de dar lo
mejor de si.
Es necesario
que los
empleados
sientan que se
les tiene
confianza, y
que se los
reconoce por
sus ideas. Las
personas, en
este tipo de
modelo,
necesitan ser
escuchadas,
tener la
posibilidad de
poder resolver
los problemas
que surgen en
equipos y
sentir que los
controles que
recaen sobre
ellos son
flexibles.
La tendencia
en el ámbito
de la
comunicación
dentro de las
organizaciones
comienza a
delimitarse.
Acercarse
al cliente,
retenerlo,
romper con la
burocracia,
mejorar la
calidad del
servicio, y
lograr mayor
flexibilidad
ante un
mercado
cambiante son
algunas de las
razones por
las que las
empresas
aplanan sus
estructuras.
Las relaciones
jerárquicas
son
reemplazadas
por el trabajo
en equipo. Los
jefes, por
lideres: la
comunicación
bidireccional,
por la
multidireccionalidad,
y el
compromiso
hacia el área
se redirige
hacia toda la
organización.
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