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Coaching: ¿una
palabra nueva para nombrar
viejas prácticas o
verdaderamente algo nuevo?
por Eva Álvarez Acevedo,
Directora de la Escuela
Europea de Coaching.
Publicado en Revista
Capital Humano, Nº187.
Abril de 2005.
"Siempre hay un juego
interior que se está
jugando en tu mente,
independientemente del
juego exterior que estás
jugando. De cómo te
comportes en este juego
interior, dependerá el
éxito o el fracaso de tu
juego exterior."
Tim Gallwey
El coaching, tal
como lo conocemos hoy en
día, procede del ámbito
deportivo. (Tim Gallwey, "The
Inner Game of Tenis",
1974) y tuvo una rápida
expansión al mundo de las
organizaciones durante la
década de los 80.
Actualmente, podemos
encontrar múltiples
definiciones sobre
coaching, seguramente
tantas como escuelas y
orientaciones. Existen,
por ejemplo, definiciones
muy generales y, por
tanto, fáciles de
entender, aunque aportan
poca información: "Es
el proceso que ayuda a una
persona a alcanzar una
meta, guiado por un coach".
La Sociedad Francesa
de Coaching elaboró una
definición que se centra
en las necesidades del
coachee: "Coaching es
el acompañamiento a una
persona a partir de sus
necesidades profesionales,
para el desarrollo de su
potencial y de su saber
hacer".
Muy a menudo,
encontramos definiciones
enfocadas a la consecución
de resultados
extraordinarios, como la
de Jim Selman: "Es la
relación profesional
continuada que ayuda a
obtener resultados
extraordinarios en la
vida, profesión, empresas
o negocios de las
personas".
En la Escuela Europea de
Coaching utilizamos una
que hace referencia al
método: "Coaching es el
arte de hacer preguntas
para ayudar a otras
personas, a través del
aprendizaje, en la
exploración y el
descubrimiento de nuevas
creencias que tienen como
resultado el logro de los
objetivos".
Tim Galeway destaca en
su definición, la
importancia de la
conversación: "El
Coaching es el arte de
crear un ambiente a través
de la conversación y de
una manera de ser, que
facilita el proceso por el
cual una persona se
moviliza de manera exitosa
para alcanzar sus metas
soñadas".
La definición de John
Withmore, por su parte,
establece un matiz
interesante entre enseñar
y aprender: "El
Coaching consiste en
liberar el potencial de
una persona para
incrementar al máximo su
desempeño. Consiste en
ayudarle a aprender en
lugar de enseñarle"
Quizá otra explicación
menos técnica y más
cercana sea la dada por
Talane Miedaner: "El
coaching cubre el vacío
existente entre lo que es
ahora y lo que deseas ser.
Es una relación
profesional con otra
persona que aceptará sólo
lo mejor de ti y te
aconsejará, guiará y
estimulará para que vayas
más allá de las
limitaciones que te
impones a ti mismo y
realices tu pleno
potencial".
Todas estas definiciones
aportan, sin duda, una
mayor y mejor comprensión
del significado de
coaching. De su
lectura, se desprenden
algunas ideas importantes
que nos ayudan a
comprender mejor de qué
estamos hablando:
El coaching es
un proceso que se
desarrolla a lo largo de
un determinado periodo de
tiempo y que tiene lugar
entre dos personas (coach
y coachee).
En dicho proceso, se
suceden una serie de
conversaciones que tienen
la particularidad de ser
planificadas y
confidenciales.
En dichas conversaciones,
el coach utiliza
una metodología basada en
preguntas, que ayudan al
coachee a explorar
sus propias creencias,
valores, fortalezas y
limitaciones.
Fruto de esta exploración,
el coachee es capaz
de tomar determinadas
decisiones y de
comprometerse en un
proceso de cambio y de
aprendizaje.
Con este compromiso
y con el apoyo del
coach, podrá
movilizarse en una
determinada dirección,
desplegando todo su
potencial, hasta conseguir
resultados
extraordinarios.
En este proceso, decimos
que el coach actúa,
fundamentalmente,
desde un rol de
facilitador o
acompañante, pero
también genera roles de
líder, catalizador,
detector de creencias y de
generación de
rapport. Veamos cada
uno de estos roles más
detenidamente, con el fin
de comprender mejor el
método de trabajo.
El rol de facilitador
o acompañante sugiere
que el coach
ayuda a su cliente a
abordar ciertos cambios,
le acompaña durante el
proceso , le apoya, le
estimula, le incita a la
acción y le sostiene en
las dificultades, pero es
el coachee quien
debe realizar el trabajo,
quien aborda el
aprendizaje necesario para
generar un cambio
sustancial en sus
acciones.
La idea de coach
como líder señala la
capacidad de influencia
que el coach ejerce
sobre su coachee.
Esta influencia no se
utiliza para decirle al
coachee lo que tiene
que hacer, pero es
necesaria para que este
sienta la confianza que
necesita para abordar el
proceso d ecambio. El
coach como líder es
capaz de visualizar el
potencial de su coachee
más allá de lo que
este puede y le ayudará
liderando y guiando el
proceso de coaching
hasta el final.
Tomamos el término
catalizador de
la física para ilustrar la
función del coach
como acelerador de
procesos, alguien
que favorece que el cambio
se produzca de manera
especialmente acelerada.
Este es un elemento
fundamental del
coaching y seguramente
la causa de su éxito, ya
que obtenemos cambios y
mejoras muy significativas
en períodos muy cortos de
tiempo.
El coach,
como detector de
creencias, debe tener la
habilidad necesaria para
explorar, escuchar,
observar y descubrir las
creencias, los juicios y
los valores que limitan
y/o que impulsan a su
coachee y la
capacidad de mostrar
adecuadamente el fruto de
sus observaciones, para
que sea el coachee
quien tome sus propias
decisiones.
Finalmente, decimos que el
coach ayuda a su
coachee en la
medida en que es capaz de
generar un ambiente de
máxima confianza, en el
cual el coachee
sabe que puede expresarse
sin ningún temor. La
generación de un buen
rapport es un elemento
esencial en todo proceso
de coaching.
Dado que el
coaching es una
disciplina muy reciente y
poco implantada en las
empresas españolas, se la
confunde a menudo con una
nueva moda del
management, un nuevo
tipo de consultoria
o , en definitiva, una
nueva manera de nombrar
viejas técnicas, en
resumen, más de lo mismo.
Sin embargo, en esta
ocasión no estamos ante un
nuevo término que encubre
viejas prácticas y, desde
luego, no puede ejercerse
de manera intuitiva o sin
una profunda preparación.
No basta, -como,
desgraciadamente, nos
encontramos en ocasiones-
con leerse unos cuantos
libros, hacer algún
cursillo acelerado,
aplicar viejas técnicas
adaptándolas un poco o
aportar una dilatada
experiencia en
consultoría.
El coach no
es un asesor, no aconseja
ni le dice a su coachee
lo que tiene que hacer, no
le da indicaciones o
soluciones a sus
problemas, como haría el
consultor o el
especialista en
determinadas materias. En
coaching pensamos
que el coachee es
capaz de encontrar las
mejores respuestas acerca
de lo que necesita, lo que
le interesa o lo que le
motiva suficientemente. El
coach plantea
preguntas para que su
cliente reflexione, revise
sus creencias e
identifique "qué le está
faltando" para alcanzar
sus metas, encontrando sus
propias respuestas y
tomando sus propias
decisiones. Las preguntas
del coach
constituyen el impulso que
ayuda a su cliente a
cuestionarse su forma de
actuar hasta ese momento,
a observar la realidad
desde una óptica más
amplia, desde nuevos
puntos de vista, como si
se tratara de un nuevo
observador. Con este
trabajo, el coachee se
plantea nuevas
posibilidades, define
metas ambiciosas y
estimulantes, se
compromete profundamente
con su deseo de cambio y
decide qué acciones tomar
para llevarlo a cabo.
El coaching
realizado bajo estas
premisas no solo funciona,
sino que se consolida como
el mejor aliado para
recorrer el camino del
crecimiento profesional y
personal. En definitiva,
se trata de la fórmula más
eficaz para ayudar a las
personas y a las
organizaciones a alcanzar
resultados
extraordinarios. Pero
ejercerlo con
profesionalidad y con
eficacia requiere un
entrenamiento específico y
mucha práctica y exige que
quien ejerce de coach
considere como pilares de
esta disciplina las
siguientes premisas:
-Nadie está en posesión de
la verdad: nuestra
percepción de la realidad,
no es forzosamente la
única ni la verdadera, "El
mundo que hemos creado es
producto de nuestra forma
de pensar" (Einstein).
Partiendo de la premisa de
que nuestra forma de ver e
interpretar el mundo,
determina o condiciona las
acciones que llevamos a
cabo, la función
primordial del coach
es ayudar a su cliente a
observar la realidad desde
diferentes prismas, a
buscar nuevas opciones que
abran nuevas posibilidades
y generen nuevas
estrategias.
-Las personas no hacen las
cosas mal adrede: no saben
que las hacen mal o
simplemente desconocen
cómo hacerlas mejor. El
coaching facilita el
descubrimiento de nuestras
actitudes ineficaces, de
nuestros puntos ciegos, de
nuestra falta de
auto-confianza o de
compromiso, y nos anima a
trabajar nuestras áreas de
mejora para crecer y
desarrollarnos. Por
añadidura, el pensar que
los demás no actúan mal de
manera intencionada, nos
ayuda a entablar
relaciones interpersonales
más sólidas, que en el
ámbito profesional generan
mejores resultados.
-Las personas pueden
cambiar: todo el mundo
tiene la capacidad de
modificar su actitud y sus
comportamientos, siempre
que se den una serie de
circunstancias, que se
generan en el entorno del
coaching.
-Todo individuo lleva
dentro un talento que
espera ser revelado: en
coaching decimos que
el ser humano está
completo y no le falta
nada y utilizamos la
metáfora de la bellota
para ilustrar la idea de
que, en su interior, se
encuentra todo lo
necesario para
transformarse en una gran
encina. Esta capacidad de
crecimiento se basa en
procesos de aprendizaje
que pretenden no tanto la
transmisión tradicional de
conocimientos, como la
capacidad para liberar el
mayor potencial de las
personas.
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