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Chile: trabajando con el enemigo

LosRecursosHumanos.com 1 de abril del 2008 Artículos

SANTIAGO, ago (IPS) – El maltrato laboral es un fenómeno que aumenta en Chile debido a la inestabilidad en el empleo, según la vicepresidenta de la central sindical única del país, María Rozas, quien destacó los esfuerzos de la OIT por promover el trabajo digno en el mundo.
”Han convencido a la gente de que tiene que aguantar en su empleo, independientemente de que sea indigno y con salarios bajos”, denunció en conversación con IPS la profesora Rozas, dirigente de Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
Se impuso como premisa que ”hay que cuidar el trabajo porque es muy escaso, la cesantía ronda por todas partes y eso significa aceptar todas las condiciones laborales que te impongan”, explicó.
Este país sudamericano de 15,3 millones de habitantes, cuya economía creció en la década del 90 a un promedio anual de siete por ciento, vio incrementar también, con características estructurales, la desocupación, que en 2000 llegó a 9,2 por ciento de la población económicamente activa, para apenas bajar a 8,8 por ciento el año pasado.
La OIT (Organización Internacional del Trabajo), que dirige el chileno Juan Somavía, realizará del 24 al 26 de octubre en Düsseldorf, Alemania, un foro en el que 300 expertos debatirán sobre los desafíos del empleo en el siglo XXI, en el marco de una globalización más justa y equitativa que asegure estabilidad laboral.
En la última conferencia anual de la OIT, celebrada desde el 30 de mayo al 16 de junio en Ginebra, se advirtió que hay 1.000 millones de desempleados en el mundo y 530 millones de trabajadores y trabajadoras pobres, 130 millones de los cuales son jóvenes.
La economía global creció cinco por ciento en 2004, pero el empleo aumentó sólo 1,7 por ciento, situación que influye en el incumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por la Organización de las Naciones Unidas para que la pobreza extrema y el hambre, entre otros indicadores, se reduzcan a la mitad respecto de los registros de 1990.
La inestabilidad en el empleo va acompañada del acoso laboral, el ”sicoterror” o el acoso moral, sinónimos para los especialistas del maltrato psicológico que sufre un individuo en el trabajo, con lo cual se afecta la autoestima del agredido para que soporte resignadamente estas prácticas o abandone su puesto.
Deterioro del clima laboral, merma de la calidad y cantidad de trabajo, detrimento de la cohesión y colaboración en los equipos de tareas, aumento del ausentismo y rotación e, incluso, incremento de accidentes, son algunas de las consecuencias del acoso en el empleo.
Un estudio del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea efectuado en 2003 en la región Metropolitana (Santiago) de Chile reveló que 69 por ciento de los trabajadores cree que sus jefes no son respetuosos.
En otra investigación, realizada el año pasado por estatal Instituto de Normalización Previsional (INP), se indica que 69 por ciento de los trabajadores encuestados dijo haber sufrido un tratamiento irrespetuoso y de ellos, 30 por ciento manifestó sentirse acosado psicológicamente.
El aislamiento laboral y social, el traslado a un lugar de trabajo apartado, la negativa a escuchar a la víctima, las burlas y los rumores se consideran estrategias de acoso laboral. La mayor dificultad radica en la complejidad para identificar estos atropellos, que provocan depresión, estrés, soledad y enfermedades sicosomáticas, especialmente de índole gástrico.
Las mujeres, los discapacitados, las minorías sexuales y étnicas y portadores de enfermedades como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida son los blancos preferidos de los acosadores.
La OIT registra en Europa más de 13 millones de trabajadores víctimas de acoso moral, que equivalen a casi ocho por ciento de la población activa. En tanto, la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo realizada en 2000 advirtió que nueve por ciento de los trabajadores de esa región se sentían intimidados en sus empresas.
Suecia, Finlandia, Noruega y Francia tienen legislaciones para prevenir y castigar el maltrato laboral. Pero en América Latina sólo Argentina cuenta con una norma que faculta a un trabajador maltratado a emprender acciones judiciales como testigo de su propio caso, más allá de la simple denuncia.
En Chile, las diputadas Adriana Muñoz y Ximena Vidal, del Partido Por la Democracia, integrante de la gobernante coalición de centroizquierda, presentaron en 2003 una iniciativa parlamentaria para incluir en el Código del Trabajo prácticas que constituyen acoso laboral y sus respectivas sanciones, un proyecto que aún se encuentra en trámite.
Muñoz dijo a IPS que su propuesta pretende ”instalar en la legislación una sanción a las conductas que provoquen un acoso laboral o maltrato de hecho, como no hablar al trabajador, no darle tareas, no proveerle de escritorio, entre otros ataques. Situaciones que llevan al afectado a renunciar a su empleo con la pérdida de todos los derechos laborales”.
Las penalidades se aplicarán al responsable, sea ”el socio mayoritario, dueños o gerentes de la empresa”, añadió la diputada.
Aseguró que Chile cuenta con una buena legislación laboral. Ejemplos de ello son la rebaja de la semana laboral de 48 a 45 horas, los derechos de maternidad y la ampliación del permiso postnatal para los padres.
Empero, hay oposición del sector empresarial ante los avances en la protección del trabajador, advirtió. ”Desgraciadamente, la ley se hace pero no se cumple. Podemos crear una ley espectacular pero inmediatamente aparecen los mecanismos para desregularla y no aplicarla por parte de algunos empleadores”, aclaró Muñoz.
Se desconocen estadísticas de maltrato laboral, debido a que es una situación originada ”muy intangiblemente, soterrada, oculta en la sutileza del anonimato de las relaciones cotidianas entre las personas. Puede ser verbal, gesticular, de hechos o actitudes que, muchas veces, no pueden consignarse como un maltrato físico, por lo que es muy difícil cuantificarlo”, sostuvo.
El acoso sexual es otro tipo de maltrato que se tipificó en el Código del Trabajo en marzo, después de 15 años de trámite legislativo.
Desde entonces, la Dirección del Trabajo ha recibido alrededor de 70 denuncias por acoso sexual, tanto a nivel jerárquico, de jefes a subordinados, como horizontalmente, entre compañeros.
Según Rozas, ”una vez hecha la ley, siempre los empresarios buscan los mecanismos o argucias para burlarla”. Por ello, propone la igualdad entre derechos sociales y civiles.
”Los derechos laborales están considerados como derechos sociales, por lo tanto no tienen el mismo castigo ni el mismo rigor que tienen los derechos civiles”, explicó la dirigente sindical a IPS.
Según cifras de la CUT, el empresariado mantiene en Chile cuotas impagas de aportes para la jubilación por un total de 400 millones de dólares.
”El dinero para la previsión lo toma el empresario del propio sueldo del trabajador y lo invierte en otras cosas sin siquiera preguntarle al dueño del dinero. Civilmente eso es un robo y se paga con cárcel, pero como es un derecho social se asume como deuda, en circunstancias que ningún trabajador ha prestado esa plata a su empleador”, precisó Rozas.
Para la diputada Muñoz, el concepto de trabajo digno planteado por la OIT alude a una cultura del respeto.
”En Chile tenemos la eterna tensión entre más cupos de empleo a cualquier precio o construir pocos empleos pero dignos. Si la economía crece también debe aumentar la generación de empleos, no sólo en cantidad sino en calidad. Un empleo decente y justo que respete la legislación laboral vigente”, apuntó.
Rozas destacó el papel de Somavía en establecer y socializar el principio del trabajo digno, el cual significa ”horarios de trabajo adecuados, sin horas extras que no sean las correspondientes y pagadas, salarios decentes, derecho a sindicato, a negociación colectiva, a la no discriminación por edad, sexo, raza o religión, condiciones sociales dignas y relaciones laborales humanas”, enfatizó.

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