|
Capacitación
comercial. Un
nuevo
paradigma en
Capacitación
por
Lic. Edurdo
Osz
Consultor.
Instructor en
Capacitación
info@eosz.com.ar
“¿¡Para
Capacitación!? No hay
plata para Capacitación”.
Esta frase lamentablemente
todavía se escucha cierta
asiduidad en algunas
empresas, y hasta cierto
punto es lógico. Si la
persona que debe tomar las
decisiones que afectan
directamente sobre el
presupuesto de la compañía
no ve claramente el valor
de la Capacitación y el
impacto que ésta tenga en
el “core business” de la
compañía, es muy lógico
que piense que ésta es un
gasto y no una inversión.
Si bien todos los que
estamos en Capacitación
nos hemos esforzado
durante los últimos años
en insuflarle valor a
nuestra actividad, la
propuesta es infringirle a
la Capacitación un giro de
180° reposicionándola
dentro de las compañías,
otorgándole un nuevo
protagonismo y una mayor
exposición asumiendo los
beneficios y los riesgos
que esto trae aparejado.
Aparece así el concepto de
Capacitación Comercial.
Este concepto refleja el
hecho de que la
Capacitación busca
convertirse así en una
herramienta en la cual se
pueda sustentar la
estrategia comercial de la
compañía, una vía de
soporte para el desarrollo
de negocios, con lo cual,
cualquier monto de dinero
aplicado a este tipo de
Capacitación será visto
como una inversión con un
retorno mensurable,
ajustado en el tiempo y
por sobre todas las cosas
mucho más “interesante” a
los ojos de quién maneja
los números de la
compañía.
La Capacitación Comercial
(en adelante CC) tiene
profundas diferencias
frente a la Capacitación
Tradicional (en adelante
CT) y como tal tiene
realidades que le son
propias. Básicamente
podríamos decir que la CC
se apoya en las
necesidades de las
empresas de actualizar
conocimientos referidos a
sus productos o servicios
en sus diversos targets
-públicos objetivos-
mixtos o externos,
(Distribuidores /
Revendedores / Socios
estratégicos / ONG’s /
Comunidad / Clientes, etc),
y es aquí en donde
encontramos la primera
gran diferencia respecto
de la CT. La CC está
dirigida al personal que
no constituye el staff
propio de la empresa, pero
que sí tienen un fuerte
impacto en la cadena de
comercialización y por
ende en los resultados
económicos y financieros
de la empresa, mientras
que, como todos sabemos la
CT tiene como público
objetivo al personal
interno de la compañía.
A grandes
rasgos podemos agrupar a
los diversos públicos de
una compañía en 3 grandes
grupos:
Público
interno:
Staff permanente y
temporario, personal
contratado, etc.
Público
mixto:
Distribuidores,
revendedores, socios
estratégicos, y todo aquel
personal que pertenezca a
otra empresa
distinta de la nuestra
pero que tenga directa
injerencia en la venta,
distribución o aceptación
de nuestro producto o
servicio.
Público
externo:
Clientes, usuarios, ONG,
comunidad, etc.
Cada
público tiene realidades,
intereses, problemáticas y
potencialidades para
nuestro negocio muy
específicas y diferentes
entre sí. A cada uno de
ellos, por ende, se debe
llegar con una estrategia
de Capacitación bien
diferenciada y
personalizada a fin de
poder optimizar la
inversión realizada.
Hoy en día en varias
empresas empiezan a
convivir 2 sectores de
capacitación bien
diferenciados entre sí.
Por un lado tenemos el
tradicional sector de
Capacitación dependiendo
generalmente de la
Gerencia de Recursos
Humanos y por otro el
sector de Capacitación
Comercial dependiendo de
la Gerencia Comercial, de
Comercialización, de
Ventas, de Promociones,
etc., con lo cual lejos de
competir entre sí, se
complementan para
articular una estrategia
de Capacitación abarcadora
y totalizadora.
Estrictamente en lo que se
refiere al “momento de la
verdad” en donde se
realiza la actividad de
Capacitación podemos decir
que en este tipo de
encuentros la motivación
tanto de los asistentes
como del coordinador juega
un rol fundamental. Para
lo cual los cursos
presenciales transmiten,
además de la información,
una sensación de
acercamiento y de ser key
partners –socios claves-
dentro de un negocio con
mutuos beneficios para
ambas partes entre la
empresa y sus
representantes,
sucursales, etc. La CC no
excluye a las técnicas de
Capacitación a Distancia
que nos aseguran poder
llegar con información
actualizada en períodos de
tiempo continuados y
sostenidos, con un
sustancial ahorro en la
inversión necesaria para
hacer de la CCl un
programa y no solamente un
“curso de Capacitación de
emergencia”.
Por lo general en una
actividad de Capacitación
se entrecruzan diversas
variables que amplían los
horizontes de ésta mucho
más allá de los temas
específicos que se
aborden. Esta situación se
exacerba en la CC en
donde, si bien los
contenidos a transmitir
son sumamente importantes,
no es menos importante la
sensación de gratificación
que debe quedar en los
asistentes después de la
actividad, lo cual nos
asegura que los asistentes
se aliñen con los
objetivos planteados “a
priori” y con los planes
de desarrollo comercial
implícitos, no olvidemos
que en la CC se manejan
además una serie de
“intangibles” como lo son
la preferencia de marca,
la motivación y el
compromiso constituyéndose
éstos en un capital
altamente valorado y muy
necesario a la hora de
revertir una “sensación
recesiva generalizada”.
La CC se concibe como un
soporte de la gestión
comercial, muchas veces es
el primer paso, la
“cabecera de playa” de una
serie de acciones que se
desarrollarán “a
posteriori” del curso.
Esta situación es un
agregado muy importante al
espíritu de la actividad
ya que la persona
encargada de su
realización no puede
olvidarse jamás de esta
realidad ya que cualquier
accionar mal recibido por
el auditorio puede echar
por tierra el esfuerzo de
la acción y tener
repercusiones altamente
nocivas a los resultados
comerciales de la
compañía. En pocas
palabras un buen curso de
CC puede ser la puerta que
abra futuros negocios a la
compañía, pero así también
un mal curso, entendiendo
por mal curso no solamente
falta de contenido sino
también fallas de forma o
actitud, puede ser un
corte en la relación
comercial, con el
consecuente perjuicio para
la empresa como para la
posición interna de la
actividad dentro de la
compañía.
Este replanteo de la
actividad de Capacitación
en la empresa trae
aparejado un cambio y un
reposicionamiento de todos
sus componentes,
incluyendo no sólo los
tiempos para diseñar y
coordinar las actividades
sino la formación y estilo
de los instructores que
llevarán adelante dichos
“eventos de Capacitación”
como así también los
niveles de medición y
planes de acción futura
sobre los participantes,
los recursos utilizados,
etc. En este tipo de
cursos el impacto visual
que se logre sobre los
asistentes es vital para
crear un clima propicio a
fin de que los contenidos
y mensajes sean bien
recibidos por el
auditorio.
Lejos de vivirlo como una
amenaza la persona de
Capacitación debería ver a
esta “nueva Capacitación”
como una magnífica
oportunidad para
desarrollarse y ampliar
sus horizontes, lo cual,
si bien requiere un
profundo replanteo de las
propias aptitudes,
fortalezas y debilidades
se convierte en el desafío
necesario para superarnos
y convertirnos cada día en
un mejor y mas “empleable”
profesional.
Para cerrar este artículo,
y atento al perfil del
lector de esta nota, que
mejor que plantear una
pregunta para analizar e
intercambiar opiniones,
posturas y creencias en
forma conjunta: ¿Cuál
debería ser el rol de la
Gerencia de Recursos
Humanos en este nuevo
esquema de Capacitación? |