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Benchmarking: cómo
aprender de los mejores
por
Martín Taype
Molina. Graduado en
Ciencias Administrativas
por la Universidad de
Lima, en Perú. Máster en
Administración de Negocios
– MBA, y Especialización
en Dirección de Empresas
en la mencionada casa de
estudios. Experiencia en
publicaciones en temas
gerenciales en el Perú, en
Diarios de Negocios como
“Gestión” y “Síntesis”.
Colaborador en la Sección
Para Superarnos de la
Revista Interna
“Comunicándonos” de la
Superintendencia Nacional
de Administración
Tributaria (SUNAT). martintaype@terra.com.pe
En la actualidad, la
teoría moderna de la
administración nos permite
conocer una nueva visión,
un nuevo papel de la
gerencia, la cual debe
mantener la sinergia en la
organización, con los
trabajadores y los
directivos, proveedores y
clientes, y con personas
de otras organizaciones
donde existan y puedan
haber relaciones y
transacciones.
Bajo este enfoque veamos
el término “benchmarking”,
una palabra cada vez más
difundida que, por su
importancia, tendremos que
agregarla a nuestro
vocabulario. La palabra
“benchmark” puede
traducirse como un punto
de referencia.
Según Michael Spendolini
“benchmarking” es “un
proceso sistemático y
continuo para evaluar los
productos, servicios y
procesos de trabajo de las
organizaciones que son
reconocidas como
representantes de las
mejores prácticas, con el
propósito de realizar
mejoras organizacionales”.
Para la realización de un
proceso de benchmarking
existe una variedad de
metodologías
desarrolladas. Una de
ellas, propuesta por
Robert Boxwell, es la
siguiente:
Determinar en qué
actividades vamos a hacer
benchmarking,
esencialmente en
actividades cuya mejora
vaya a contribuir de modo
significativo a la
competitividad de la
organización.
Determinar los factores
claves por medir.
Identificar las compañías
con prácticas más
avanzadas.
Medir la actuación de las
compañías con prácticas
más avanzadas
Medir nuestra propia
actuación.
Desarrollar un plan para
igualar y superar, ó
mejorar el modelo.
Obtener el compromiso de
la dirección y de los
empleados.
Poner en práctica el plan
y supervisar los
resultados.
Las diferentes
metodologías de
benchmarking son similares
en cuanto a sus pasos
básicos, sin embargo
existe casi consenso en
reconocer los siguientes
tipos de benchmarking:
Benchmarking Interno
Benchmarking Competitivo
Benchmarking Funcional
El benchmarking interno
consiste en identificar
las mejores prácticas en
los diversos
departamentos, unidades
operativas, etc. de
nuestra propia
organización, para luego
poder aplicarlas en otras
áreas de la organización
que tengan actividades
similares.
Este tipo de benchmarking
lo realizan a menudo
organizaciones grandes,
con actividades
ampliamente extendidas,
con locales en diversas
partes de un país ó del
mundo, y es que algunos
procesos de trabajo que
existen en una parte de la
organización pueden ser
más eficientes o eficaces
que los de otras partes de
la organización. Con
frecuencia, el compartir
una significativa cantidad
de información acompaña al
benchmarking interno.
Muchas organizaciones
pueden darse cuenta de los
beneficios inmediatos al
identificar sus mejores
prácticas comerciales
internas y transferir esa
información a otras partes
de la organización.
El benchmarking
competitivo comprende la
identificación de
productos, servicios y
procesos de trabajo de los
competidores directos de
nuestra organización. El
objetivo del benchmarking
competitivo es identificar
información específica
acerca de los productos,
procesos y resultados
comerciales de sus
competidores y compararlos
con los de nuestra
organización.
El benchmarking funcional
comprende la
identificación de
productos, servicios y
procesos de trabajo de
organizaciones que podrían
ser o no competidoras
directas de nuestra
organización. El objetivo
del benchmarking funcional
es identificar las mejores
prácticas de cualquier
tipo de organización que
se haya ganado una
reputación de excelencia
en el área específica que
se está sometiendo a
benchmarking. Se usa la
palabra funcional porque
en este campo el
benchmarking
principalmente comprende
actividades específicas en
un área funcional
determinada, como por
ejemplo manufactura,
marketing, ingeniería,
recursos humanos.
En conclusión, podemos
decir que el propósito
final del proceso es crear
una ventaja competitiva
sostenible en el tiempo;
para ello es necesario
desarrollar la
colaboración, el apoyo
mutuo, de manera que se
pueda innovar, ensayar
nuevas cosas, llegar a ser
excepcionalmente
productivos y eficaces, y
convertirnos en un modelo,
un punto de referencia, un
“benchmark”. |