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06
de Noviembre 2006
Argentina
fuera del ranking de las mejores universidades del
mundo
El ingreso per cápita
argentino no se condice con la calidad educativa.
China e India, con menos nivel económico, tienen
universidades en el ranking del London Times. Los
expertos critican que el presupuesto nacional no
premie la calidad educativa.
Ninguna universidad argentina -ni estatal ni
privada- aparece en el listado de las mejores
clasificadas del mundo, un ranking que cada año
elabora el suplemento educativo del London Times de
Londres. No es de extrañar, porque en ese listado
hay muy malas calificaciones a las universidades de
América latina, salvo para la Autónoma de México
(UAM), que aparece número 74, escalando 21 puestos
en relación a un año atrás. La de San Pablo, Brasil,
salió de la nómina.
Las consultoras de personal aseguran que en
Argentina, salvo excepciones, las empresas no toman
como clave la universidad de egreso de su futuro
empleo, un ítem que es altamente valorado en el
resto del mundo. Un relevamiento privado realizado
un año atrás concluye que la Universidad de Buenos
Aires (UBA) es la primera más recordada
espontáneamente por las consultoras de selección de
personal de todo el país. La de Córdoba aparece,
pero más rezagada en el orden general y mejor
posicionada en Derecho.
Mario Tejeiro, especialista en Educación del Centro
de Estudios Públicos, señala a LA MAÑANA que para
mejorar la calidad educativa es necesario crear un
sistema de exámenes nacionales “hecho en serio, con
obligatoriedad para todos los alumnos y con
consecuencias para la promoción y graduación. No hay
otra manera de restituir los incentivos para el
esfuerzo académico, que han sido destruidos por un
populismo educativo que pulverizó la exigencia
escolar con tal de evitar la deserción”.
El director del ranking del London Times, Martin
Ince, no se mostró sorprendido por la ausencia de
universidades latinoamericanas. Explicó que el 40
por ciento de la calificación depende de la
reputación que tienen las instituciones en medios
académicos, “y no se ve mucha investigación saliendo
de las universidades latinoamericanas”.
Incluso la UNAM obtiene la peor clasificación
posible (cero) en trabajos de investigación
aparecidos en publicaciones académicas
internacionales. En paralelo a la publicación del
London Times circula la elaborada por la Universidad
de Shanghai, también encabezado por Harvard, que
incluye a sólo tres universidades de América latina.
Allí sí está la UBA en la categoría 151-200. En el
mismo nivel reviste la de México y la de San Pablo.
La tres universidades latinoamericanas están muy por
debajo de las universidades de China (la Universidad
de Beijing es la número 15 del mundo en la lista del
London Times) Singapur, India, Corea del Sur y
varios otros países.
Un dato a tener en cuenta es que China, con un
ingreso per cápita de 1,943 dólares al año, tiene 10
veces más universidades entre las mejores 200 del
mundo del London Times que México, que tiene un
ingreso per cápita de 7,593 dólares. India, con un
ingreso per cápita de sólo 769 dólares al año, tiene
tres universidades en el ranking, mientras que
Brasil y Argentina -con un ingreso per cápita de más
de 5.100 dólares cada una- no tienen ninguna.
Los expertos aseguran que no es una cuestión de
cuánto dinero gastan los países en educación
universitaria, sino de cómo lo gastan. El eje,
sostienen, son los incentivos a las instituciones
para mejorar, lo que en Latinoamérica no existe. Las
remesas presupuestarias no premian la mejora de la
calidad.
Los encargados de buscar personal en la Argentina
sostienen que, en los profesionales con título de
postgrado, la universidad de procedencia tiene más
importancia en los jóvenes profesionales y mandos
medios que en los directivos y gerentes.
Tejeiro sostiene que la izquierda critica a Filmus
por haber adherido al “modelo mercantilista
globalizador, que sujeta la educación a las
necesidades del mercado’. Para ellos educar al
pueblo para competir servirá sólo a los intereses
capitalistas. Reprueban toda ‘injerencia del
mercado’ en la determinación de la política
educativa, como si la educación no tuviera que
servirle al ciudadano para resolver su futuro
económico, además de formarlo para la vida en
sociedad”.
La Mañana (Córdoba)
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