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Los alemanes del Este se
rebelan contra el
desempleo y los salarios
bajos
Noticia publicada en la
página 11 de la edición de
9/17/2005 de El Periódico
Dieciséis años después de
la reunificación, los
alemanes del Este se
vuelven contra el
desempleo, las diferencias
salariales con los del
Oeste y la depresión
económica.
La
flecha verde para girar a
la derecha cuando los
semáforos están en rojo es
lo único que la Alemania
unificada ha aprovechado
de la engullida República
Democrática Alemana (RDA).
A punto de cumplirse 16
años de la desaparición
del muro, los cerca de 17
millones de habitantes de
la parte oriental del país
se "sienten marginados
y sin perspectivas",
según sostiene la
socióloga Tatjana Boehm.
Los datos les dan motivos
para ello: la cifra del
paro occidental se dobla
en el Este, 18,2%, la más
alta de los países de la
Unión Europea. Los
paisajes en flor
prometidos por el
excanciller Helmut Kohl
son aún páramos, más
llamativos todavía al
convivir con el estado de
la abundancia de la zona
occidental.
"Necesitamos mejores
infraestructuras,
escuelas, apoyo a las
pequeñas empresas, ayuda
de los bancos a la
iniciativa privada".
Quien reclama todo esto es
Thomas Kralinski, diputado
del SPD en el Parlamento
regional de Brandemburgo,
aunque la cita bien podía
ser un eslógan compartido
por partidos y electores
de los nuevos estados, aún
en proceso de fuga. Entre
dos y cuatro millones de
personas han abandonado el
Este desde la unificación,
muchos jóvenes y
profesionales
cualificados.
Cambio de población
La población envejece y
"no hay futuro para ella",
indica Kralinski, en su
despacho de Potsdam, en el
Parlamento del land
de Brandemburgo. El cielo
de la ciudad, en la que el
presidente Truman recibió,
en julio de 1945, la
confirmación del
lanzamiento de la primera
bomba atómica sobre Japón,
está hoy cargado. Como lo
están los ossis, la
forma peyorativa con que
los alemanes occidentales
llaman a los orientales
desde ya hace 16 años.
Marcel Bähler es uno de
los que se levantó en 1989
contra el régimen
comunista --"era un
crítico dentro del
entonces único partido
comunista" (SED),
según se define ahora-- y
el año pasado volvió a
hacerlo contra el Gobierno
de Gerhard Schröder en las
famosas manifestaciones
del lunes contra las
reformas económicas.
Jubilado en una pequeña
casa de campo en Seeluw,
cerca de la frontera con
Polonia, este ingeniero
hidráulico recuerda como,
en 1989, "todo cayó
como un castillo de
naipes". Habla también
de "colonización"
occidental, comparando lo
sucedido tras la caída del
muro con la colonización
francesa de Argelia, donde
trabajó como ingeniero.
Castigo político
Y utiliza este tono de
amargura para explicar
cómo fue apartado del
mundo laboral y sustituido
por un occidental, a pesar
de ser un ingeniero muy
cualificado, porque fue
"miembro del SED, aunque
no tenía ningún cargo".
Sabe que su paga de 1.000
euros subiría a los 2.000
o 3.000 euros si no fuera
un ossi. Igual pasa
con los salarios.
Y no se trata de
Ostalgia, ya que nadie
quiere volver a una
dictadura, aunque de ésta
conservan sin problema
alguno los nombres de las
calles, como es el caso de
la Karl Marx en Potsdam,
donde vive lo más granado
de la ciudad. Sí que tiene
mucho que ver en el
posicionamiento político
de los ciudadanos del Este
la formación recibida de
"hacer algo por los
otros, y la solidaridad
entre generaciones",
como explica Helmut Scholz,
jefe del departamento de
Internacional del PDS, los
excomunistas, que
concurren aliados en el
Oeste con la formación del
disidente socialdemócrata
Oskar Lafontaine.
Ciudadanos de segunda
"El régimen comunista
no los escuchaba, y ahora
son ciudadanos de
segunda", asegura la
escritora Rita Kuczynski.
De ahí la revuelta en
curso. Una revuelta de
importancia, ya que en
esta parte del país vive
una quinta parte del
electorado. Creyeron en
Kohl hasta 1996,
depositaron luego su
confianza en el cambio
prometido por Schröder,
quien logró aquí un mejor
resultado que en el Oeste,
y ahora muchos se aferran
al PDS.
En unos länder en
los que el 40% de los
ingresos netos procede de
las ayudas públicas, el
grito de guerra de los
excomunistas, --"No a
los recortes sociales"--
cala profundo. "El
fracaso del PDS en las
elecciones del 2002 tuvo
como consecuencia que el
Gobierno pudo poner en
marcha una política de
destrucción social hasta
ahora inimaginable sin ser
cuestionada en el
Parlamento. Por eso, es
tan importante en el Este
el regreso del PDS al
Parlamento", considera
Gudrun Prengel, de la
Universidad de Humboldt de
Berlín.
Pero la visión de esta
formación política como
altavoz de los males en el
Este no llega a traducirse
en un claro mandato para
gobernar, ni en la capital
ni en los llamados nuevos
estados, donde los
socialdemócratas de
Schröder aún se mantienen
como la primera fuerza. La
unificación ha costado, de
momento, 1,2 billones de
euros. ¿Quién pagará la
siguiente factura y cómo
lo hará? Del Este, una
tema sensible que divide a
la población, los partidos
hablan bajito ahora.
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