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Calidad de vida es calidad
de trabajo y viceversa
por Rubén Darío De Lisa. Psicólogo egresado de
la Universidad Nacional de
Rosario (UNR)
Presidente de Programa
Andrés Rosario
(www.programaandresros.org.ar)
responsable del área
ámbito laboral y del área
de Reducción de Daños, fue
responsable de las áreas
Reinserción Social y
Tratamientos Ambulatorios,
ha co-coordinado grupos
con chicos en situación de
calle , coordinador de
grupos para hombres
violentos en el ámbito
familiar, responsable del
trabajo en terreno del
proyecto de prevención de
VIH-SIDA en usuarios de
drogas financiado por el
Banco Mundial.
El presente artículo ha
sido elaborado sobre las
conclusiones del Vº
Congreso Internacional de
Prevención y Asistencia de
la Drogadependencia
celebrado en Córdoba
(Argentina) Del 27 al 29
de Octubre de 2005.
Introducción
Si bien el consumo de
alcohol y otras drogas es
una práctica que ha estado
presente en la vida de las
personas durante la mayor
parte de nuestra historia,
es real que en los últimos
años su uso ha ido
adquiriendo dimensiones
preocupantes, con
características de
pandemia y considerable
baja en las edades de
inicio exploratorio.
Es imposible que esta
dinámica social no se
traslade a los escenarios
laborales, por cuanto
estos ámbitos están
conformados por personas
que proyectan en ellos sus
alegrías, sus
preocupaciones y sus
hábitos, contaminando la
realidad laboral.
El consumo de alcohol y/o
drogas por parte de los
trabajadores afecta
absolutamente todas las
instancias de la
organización, del
individuo, de la familia y
de la sociedad.
La promoción del
consumo
El alcohol en particular
es una de las drogas más
antiguas conocidas por el
hombre y, para muchos, la
más empleada. Una de las
características que más
nos iguala a los seres que
habitamos este planeta es
que su uso y abuso no
distingue países (en
desarrollo o
desarrollados), regiones,
razas y culturas. Lo
ingieren cada vez más
personas y crece la
cantidad consumida per
cápita. A su vez,
asistimos a la aparición
en el mercado de mayor
variedad de bebidas
alcohólicas, con aumento
de la promoción de mezclas
cada vez más explosivas.
Celebraciones, comidas,
festejos, ocio, negocios,
trabajo; toda nuestra
sociedad parece estar
impregnada por una cultura
alcohólica que ha pasado a
formar parte de nuestro
folklore.
En algunos bares de
Rosario es cada vez más
promocionado el “after
office”, donde hacen una
parada los trabajadores
luego de cumplidas sus
tareas y previo regreso a
casa. Aproximadamente a
las 19.00 hs acontece el
“happy hour” ( 2x1 de
tragos). En ciertos casos
esta actividad va
modificando costumbres,
por cuanto estos
trabajadores comienzan a
llegar a sus casas más
tarde de lo habitual, y en
ocasiones continúan con
actividades celebrativas
después de haber hecho una
“buena base”, alargando su
día en detrimento de su
descanso reparador.
Algunos números que dan
cuenta de nuestra
realidad:
» Más de un millón de
argentinos consumió
marihuana al menos una vez
en su vida y otros
400.000 cocaína, de
acuerdo con una
investigación del
Instituto Nacional de
Estadística y Censos (INDEC).
» Según la Organización
Internacional del Trabajo
(O.I.T) el 70 % de los
consumidores de alcohol y
otras drogas tienen
trabajo.
» El responsable de la
Oficina de Prevención y
Lucha Contra la
Drogadicción de las
Naciones Unidas para el
Cono Sur, destaca que el
10 % de los trabajadores
se droga, y que este
número se incrementa si
tenemos en cuenta el
consumo de alcohol.
» La Subsecretaría de
Atención a las Adicciones
de la Provincia de Buenos
Aires (SADA) en su informe
publicado en diario
Clarín (23/05/05) destaca
que la droga y el alcohol
son responsables directos
e indirectos del 37 % de
los accidentes de trabajo.
» En otro informe esta
misma subsecretaría (SADA)
expresa que las tasa más
altas de abuso de alcohol
se sitúan en los grupos
que tienen entre 18 y 25
años de edad. En este
mismo trabajo se hace
particular mención sobre
el grupo de los menores de
18 años donde se refleja
que 3 de cada 10 jóvenes
abusan del alcohol. En
última instancia los dos
grupos observados podría
decirse que constituyen
una nueva generación de
futuros trabajadores, si
es que ya no pertenecen a
la fuerza laboral.
» Según la
Superintendencia de
Riesgos de Trabajo en el
año 2004 se accidentaron
414.559 trabajadores, lo
que representa
aproximadamente 2
accidentados por minuto.
Los accidentes fatales
fueron 718. Hubo 70.514
accidentes más que en 2002
y por las licencias
médicas de estos
trabajadores se perdieron
7.748.171 jornadas de
trabajo. Significa que por
cada 14 trabajadores
asegurados 1 sufrió un
accidente laboral. Se
estima que este número se
duplica cuando tenemos en
cuenta los trabajadores no
asegurados debido a la
mayor precariedad de las
condiciones laborales.
Crisis económico -
laboral
Los grandes cambios
producidos en la economía
Argentina en los años 90
afectaron directamente el
mercado laboral. El Gran
Rosario sufrió esas
modificaciones y
experimentó una de las
tasas de desocupación más
altas del país. La
permanencia de esta
tendencia durante varios
años dejó a la población
expuesta a una situación
de desempleo estructural
con devastadores efectos
de exclusión social.
Esta experiencia produjo
en los trabajadores un
proceso profundamente
desintegrador, ya que está
ligado directamente a la
pérdida de status social,
desvalorización personal,
dificultad para conservar
lo que tanto costó
adquirir a lo largo de la
vida y el sentimiento de
inestabilidad respecto del
futuro de sus hijos.
Estos cambios a su vez
provocaron modificaciones
en las estructuras
familiares, que en muchos
casos transformaron los
roles de varones y
mujeres. Cambios en la
administración del
presupuesto familiar y en
la división del trabajo
hogareño donde el hombre
tuvo que asumir
responsabilidades
domésticas y las mujeres
en muchos casos hacerse
cargo del sostén
económico.
Si bien la desocupación
genera depresión en
hombres y mujeres, en los
varones se potencia, pues
la falta de trabajo pone
en crisis su identidad
masculina por aquel
mandato cultural de ser
proveedor en el hogar como
muestra de su
masculinidad.
La desocupación llegó a su
pico más alto en mayo de
2002, trepando al 24,3 %
en el aglomerado rosarino.
De ese porcentaje, el
grupo más desfavorecido es
el constituido por los
jóvenes de 20 a 28 años
(28,8%).
Producto de esta crisis
las consultas
psiquiátricas aumentaron
casi un 300% en el primer
trimestre del año 2002,
prevaleciendo las crisis
de angustia como
consecuencia del colapso
económico, el desempleo y
la incertidumbre en la
continuidad laboral, según
un informe de la
Asociación de Psiquiatras
Argentinos (APSA).
Nuestra experiencia
Existe un imaginario
social que vincula a los
consumidores de drogas
con: juventud –
marginalidad – delito –
desocupación. Asimismo se
tiene una imagen muy
negativa del consumidor de
drogas ilegales, como
alguien perjudicial para
la sociedad. Sin embargo
esto no tiene base real.
En particular, la idea más
representativa acerca de
una persona alcohólica es
la de aquel vagabundo que
deambula en estado de
ebriedad, sin embargo este
grupo es un porcentaje
ínfimo en relación con la
gran mayoría de
alcohólicos que viven con
sus familias, tienen
trabajo y llevan una vida
“aparentemente normal”.
El correr de los años nos
enseñó que los
drogadependientes no
responden a ningún
estereotipo social: los
hay jóvenes y adultos,
desocupados y ejecutivos,
pobres y con nivel
socioeconómico alto.
Lo que sí pudimos observar
es una característica
común muy particular, que
es la tendencia de estos
individuos a negar la
existencia del problema,
por lo tanto no suelen
buscar ayuda. Lo cual
dificulta la detección
temprana de consumos
problemáticos, y la
prevención de las
consecuencias
perjudiciales.
Generalmente son las
repercusiones laborales
negativas las que llaman
la atención de los
servicios médicos de la
organización, más que la
consulta voluntaria del
propio trabajador.
Históricamente la
detección de casos de
abuso de sustancias dentro
del mundo laboral estuvo
vinculado a las personas
con problemas crónicos con
el alcohol, a las cuales
se les hace embarazoso
ocultar su situación. Las
cosas se mantienen como
están y cuando la persona
con problemas sobrepasa el
límite de aguante del jefe
o supervisor, en el mejor
de los casos se le asignan
tareas en puestos
tranquilos, escondidos, de
menor riesgo y
responsabilidad posibles,
“le hacen un favor”, en
otros casos “cortan por lo
sano” , el despido o el
“retiro voluntario”.
Ninguna de las opciones
resultan de gran ayuda
para un individuo inmerso
en esta problemática.
Durante años nuestra
práctica clínica tuvo la
mirada enfocada en un solo
lado de la escena laboral:
trabajadores con problemas
con el alcohol y otras
drogas que buscaban ayuda
profesional ante una
situación que, en algún
punto, comenzaba a
molestar en su vida
cotidiana.
Por un lado, las personas
que necesitan modalidades
terapéuticas con mayor
contención, esto es,
internación o centros de
día de jornada completa,
son individuos que con
frecuencia están fuera del
sistema productivo. En
determinado momento de sus
tratamientos, el proceso
de reinserción social
comprende, entre otras
cuestiones de la
planificación de sus
proyectos de vida, la
búsqueda de empleo. En
este punto aparece una
gran dificultad que en
ocasiones pone freno al
proceso evolutivo
registrado hasta ese
momento: la inserción
laboral no se logra, tal
vez por la juventud e
inexperiencia laboral, por
falta de formación
educativa, baja
capacitación en oficios o
por provenir de familias
donde no transitó la
cultura del trabajo
(registramos antecedentes
de jóvenes que constituyen
la tercera generación de
la familia que no
atraviesa la experiencia
del trabajo formal), y por
muchas otras razones.
Por otro lado, las
personas que se encuentran
bajo tratamiento en
modalidades ambulatorias,
son individuos que aún
pueden sostener algunas
responsabilidades como por
ejemplo el trabajo. Es
frecuente escuchar que
estas personas durante las
entrevistas de admisión
acusen dos grandes
preocupaciones: su
creciente malestar
subjetivo y su percepción
del riesgo de perder el
trabajo. En este sentido
hay que destacar que,
mayoritariamente, existe
una clara conciencia de
los consultantes sobre las
consecuencias terribles
que conllevaría la pérdida
del empleo, circunstancia
que puede ser visualizada
como catastrófica y
determinante para
complicar más aún sus
vidas. Aquí se puede
acordar que la posibilidad
de perder el trabajo actúa
como buen motivador para
solicitar tratamiento.
Entonces, aquellos que no
están insertos en el
sistema productivo, al
querer incorporarse a éste
encuentran grandes
dificultades, que pueden
derivar en frustración,
desgano y en los peores
casos hasta recaídas. La
gente que sí tiene
trabajo, está preocupada
por no perderlo y de allí
que organiza su vida
laboral en función de una
serie de laberintos
(excusas, subterfugios)
explotando su vena más
actoral para poder
disimular cuando aparece
la disfuncionalidad en su
tarea.
Contrariamente a la
creencia de que las
personas con problemas con
el alcohol y otras drogas
prefieren permanecer en
inactividad podemos
concertar que el trabajo
funciona para ellos como
para el resto de las
personas que no están
inmersas en la
problemática como eje
vertebrador y representa
mucho más que un simple
medio de subsistencia
material. La actividad
laboral organiza las
estructuras sociales, es
una importante fuente de
satisfacción personal,
proporciona status y
prestigio social, ofrece
identidad y brinda
oportunidad para el
desarrollo de
aspiraciones, proyectos,
conocimientos, habilidades
e interacción grupal.
Las funciones positivas
del trabajo son
generadoras de bienestar
psicosocial. Ahora bien,
cuando los trabajadores
hacen uso y abuso de
sustancias psicoactivas
puede ocurrir que el
trabajo comience a ser
disfuncional
psicosocialmente y no
suceda tal adaptación y/o
desarrollo integral del
individuo. También la
dificultad de trabajar o
las condiciones precarias
de trabajo producen
situaciones de riesgo de
inadaptación laboral
primero y social después.
Sostenemos firmemente que
el trabajar en buenas
condiciones es sinónimo de
ganar calidad de vida.
A modo de conclusión
Resulta casi imposible no
toparse diariamente con
estas dificultades en los
ámbitos laborales, mirar
para otro lado no mejora
la situación, las
políticas persecutorias y
represivas no han surtido
gran efecto. Crisis
económico-laborales,
violentas modificaciones
en las estructuras
familiares, jóvenes
abusadores de alcohol y
otras drogas,
naturalización del consumo
debido al aumento de la
tolerancia social, cultura
tóxica, presión social,
etc. Se juntaron las
peores condiciones que
tienen que ver con la
demanda y las mejores
condiciones de la oferta
de alcohol y drogas.
El problema está instalado
y es necesario intervenir
anticipadamente, es de
vital importancia
sensibilizar y
concientizar a los
responsables de las áreas
de RR.HH, medicina del
trabajo y/o seguridad e
higiene sobre el
invalorable beneficio de
actuar preventivamente,
para luego formar agentes
preventivos. Muchas
empresas nos derivan a la
institución para
tratamiento a sus recursos
humanos cuando éstos ya no
pueden ocultar su
situación. En este punto
lo más probable es que
el proceso adictivo lleve
varios años de evolución,
con todas las dificultades
de un problema cronificado
y la compleja tarea
terapéutica que conlleva.
Difícilmente alguien
pueda pedir ayuda si no
cuenta en su lugar de
trabajo con un programa
adecuado, que le asegure
al trabajador que el
blanqueo de su situación
no será castigado sino
abordado como cualquier
otro problema de salud, y
que el tratamiento de ese
problema será avalado por
la empresa y el gremio.
Se impone el trabajo
conjunto, empresa, gremio
y trabajador para poder
formular políticas
eficaces en materia de
drogas y alcohol,
aprovechando la
inmejorable posibilidad
de realizar tareas de
prevención y promoción de
la salud dentro del ámbito
del trabajo, que se
presenta como un lugar
idóneo para intervenir,
por cuanto existe una
población homogénea,
posibilidad de ejecutar
acciones a largo plazo que
permiten la detección
precoz y seguimiento de
los casos detectados y la
motivación para el
trabajador que constituye
hacer un tratamiento ante
la posibilidad de perder
el empleo.
Sostenemos desde nuestra
labor y en concordancia
con el repertorio de
recomendaciones prácticas
de la O.I.T, que los
problemas con el consumo
de alcohol y otras drogas
se deben considerar como
problemas de salud y en
consecuencia tratarse como
cualquier otro problema de
salud en el trabajo y
estar dentro del alcance
de los servicios de salud.
Los problemas relacionados
con el alcohol y otras
drogas representan una
amenaza para la salud del
trabajador, y por ende, a
la salud de las
organizaciones. Teniendo
en cuenta la salud del
trabajador como valor
fundamental se verán
beneficiadas todas las
partes involucradas: la
empresa, el trabajador, su
familia y la sociedad
toda.
Bibliografía
□ Manual sobre Prevención
de Adicciones en el Ámbito
Laboral- Dr. Ernesto
Eduardo González . CAPLA &
UPCN Bs. As.
□ Epidemiología de la
alcoholización juvenil en
Argentina. Hugo Miguez.
Revista Argentina de
Psiquiatría Vertex. 2003
□ Las consecuencias
sociales de la
desocupación en Argentina.
El desempleo y sus
múltiples modos de
exclusión. María Gabriela
Merlinsky.
□ Instituto de
Estadísticas y Censo.
www.indec.gov.ar
□ Repertorio de
recomendaciones prácticas
de la O.I.T para el
tratamiento de cuestiones
relacionadas con el
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lugar de trabajo. Ginebra,
1996
□ Subsecretaría de
Atención a las Adicciones
de la Provincia de Buenos
Aires
□ La incidencia de las
drogas en el mundo laboral
1996. Fundación de Ayuda
contra la Drogadicción.
España.
□ Orientaciones sobre
intervención sindical en
drogodependencias.
Confederación Sindical de
Comisiones Obreras (CC.OO)
España.
Seminario Intensivo.
Prevención de las
Adicciones para el Ámbito
Laboral. 25/11/04.
Rosario. Programa Andrés
Rosario – CAPLA. |