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21 de Junio 2006
Concluyó hoy la 95ª
Conferencia de la Organización Internacional del
Trabajo
La
95 Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT
concluyó, tras extensas deliberaciones sobre los
vertiginosos cambios registrados en el mundo del
trabajo, y el compromiso de adoptar una serie de
decisiones relacionadas con la promoción del trabajo
decente en el siglo XXI.
El mayor acuerdo fue la
aprobación, por una gran mayoría, de un convenio y una
recomendación para la promoción de la seguridad y la salud
en el trabajo, a través de una cultura preventiva
implantada por medio de programas nacionales.
Se aprobó también una recomendación para
que los estados miembros adopten, en consulta con los
interlocutores sociales, una definición clara de 'relación
laboral'.
El director general de la OIT, Juan Somavia, dijo que la
Conferencia adoptó “normas para el siglo XXI que son
pertinentes y aplicables para todos los países del mundo
y todas las etapas de desarrollo”, y añadió que se ha
entregado “un sólido mandato para participar plenamente
en el proceso de renovación de nuestro sistema
multilateral, apoyándonos en el reconocimiento de que
gozamos como ‘el organismo del trabajo decente’ “.
Somavia consideró que la discusión de un nuevo informe
de la OIT titulado “Cambios en el mundo del trabajo”
produjo “un gran número de contribuciones pormenorizadas
e interesantes” que ayudan a “darle forma y contenido” a
las acciones que la OIT emprenderá en el futuro.
La Conferencia, que contó con la presencia de unos
cuatro mil representantes de gobiernos, empleadores y
trabajadores, acogió a dos invitados especiales que
hablaron ante la plenaria.
La Presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf,
mencionó que su país necesita con urgencia acciones para
promover la paz y el desarrollo, mientras que el
presidente de Costa Rica, Oscar Arias, pidió medidas
concretas para avanzar hacia una globalización más
justa, y propuso reducir el gasto en la carrera
armamentista.
Según sus datos, en 2004 los países
latinoamericanos gastaron 22.000 millones de dólares en
armas y tropas, 'un monto que ha aumento un 8 por ciento
en términos reales a lo largo de la última década y que ha
crecido alarmantemente en el último año'.
Ello pese a que la región 'nunca ha sido
más democrática y a que prácticamente no ha visto
conflictos militares entre países en el último siglo',
según Arias.
También fue abordado el tema de la persistencia del
trabajo forzoso en Myanmar y los derechos laborales en
otros países. La situación de Myanmar fue descrita como
“de una gravedad sin precedentes” que resulta
“inaceptable para la OIT”.
Se presentaron otras recomendación sobre este mismo
tema, como un paso importante para el desarrollo de una
“cultura preventiva de seguridad y salud” a través de la
generación de programas nacionales en esta área.
Una mayoría de los delegados también votaron por una
recomendación laboral, que propone a los Estados
miembros la formulación y adopción, en consulta con los
interlocutores sociales, de una política nacional que
establezcan la existencia de una relación laboral y
distingan entre una persona empleada y una que trabaja
en forma independiente, que combatan las relaciones de
trabajo disfrazadas y aseguren un conjunto de normas
aplicables a todas las relaciones contractuales.
Uno de los temas más controvertidos fue
el de la persistencia del trabajo forzoso en Myanmar
(Birmania), una situación considerada como 'de una
gravedad sin precedentes' que resulta 'inaceptable para la
OIT'.
Para los miembros de la organización
sólo habrá progresos al respecto cuando haya un compromiso
del Gobierno de Myanmar 'tangible y verificable' respecto
a la liberación de una persona que fue encarcelada tras
haber tenido contactos con la OIT y la anulación del
proceso judicial que se le ha abierto.
Además, se da un ultimátum para que
Myanmar cree un mecanismo creíble capaz de hacerse cargo
de las quejas sobre trabajo forzoso, con las garantías
necesarias para la protección de quienes las presentan,
compromiso que será revisado el próximo noviembre.
La Conferencia también fue escenario de
un acuerdo entre Gobierno, empresarios y trabajadores de
Colombia, que acordaron aceptar una presencia permanente
de la organización internacional ligada a la ONU en el
país, con el fin de ofrecer asistencia técnica en el marco
de un Programa Nacional de Trabajo Decente.
La presencia de la OIT también busca la
promoción y la defensa de los derechos fundamentales en el
trabajo, en particular el derecho a la vida, a la libertad
sindical y de expresión, a la negociación colectiva y a la
libertad de empresa para los empresarios.
Otra resolución acordada fue la relativa
a la eliminación de la exposición de los trabajadores al
asbesto, un mineral de composición similar al amianto,
pero de fibras duras y rígidas, que por inhalación causa
unas 100.000 muertes al año; al tiempo que se debatió
sobre la violencia en el trabajo, que afecta a más de uno
de cada diez empleados.
Igualmente, se acordó hacer lo necesario
para rescatar, en un plazo máximo de diez años, a los
cerca de un millón de niños que trabajan en minas y
canteras de todo el mundo, de los que 400.000 se
encuentran en Latinoamérica.
Asimismo, el Consejo de
gobierno de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) eligió ministro sudafricano de empleo, Membathisi
Mdladlana, presidente de esta institución para el 2006 y
2007.
Mdladlana sustituyó en el cargo al Carlos Tomada (actual
Ministro de Trabajo de Argentina) quien trabajó al
frente del organismo durante el 2005 y 2006.
El presidente de la
Conferencia fue el viceministro del Trabajo y Asuntos
Sociales de la República Checa, Cestmir Sajda. Fueron
elegidos como vicepresidentes Jorge de Regil, delegado
de los empleadores de México, N. M.
Diario de México y Europapress
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